Enrique García: «En Málaga tenemos más ganas de hacer cine que cabeza para estrenar»

El director Enrique García, con los carteles de su nueva película, 'Resort Paraíso'./Ñito Salas
El director Enrique García, con los carteles de su nueva película, 'Resort Paraíso'. / Ñito Salas

El cineasta malagueño llega a la cartelera con su segunda película 'Resort Paraíso', un 'thriller' independiente rodado sin subvenciones

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Con esa sonrisa que lleva en la cara, cualquiera pensaría que Enrique García (Málaga 1971) es un director de comedias. Pero no se dejen engañar por las apariencias. El cineasta es más de 'thrillers', terror y casquería, elementos que se ha permitido incluir en su segundo largometraje, 'Resort Paraíso', que llegó ayer a la cartelera, después de un preestreno el día antes en el Albéniz y una celebración en un sitio que también suena a cine, El Ambigú de la Coracha. El filme narra la historia de una pareja rota que se refugia en un hotel cerrado durante el invierno, donde vivirán una pesadilla. Esa misma que espera hacer pasar a los espectadores. Tal vez por eso sonríe tanto. Es una risa perversa y cinéfila.

Usted se cayó de pequeño en la marmita del cine de acción. ¿Por qué su primera película fue un drama?

– Yo fui el primer sorprendido. '321 días en Michigan' fue fruto del cortometraje más atípico de mi carrera, '3 razones', que me vino del cielo... o del infierno. Era una historia de presidiarios y encontré un guion con una humanidad cinematográfica que había visto en cintas como 'Solas'. Me identifique con la historia y fue el anzuelo para que un productor viera allí un largometraje. El drama no era mi género, pero me defendí.

O sea, que en 'Resort...' vamos a reconocer al director Enrique García.

–Sí. En los cortos siempre he jugado con los géneros y he hecho películas de cine negro, de James Bond, un 'hitchcock'... En el caso de 'Resort' y el hotel donde se rodó, el Sol Timor de Torremolinos, es precioso verlo lleno de gente, pero es desolador contemplarlo vacío. Es como un paraíso muerto y congelado, que estimula la imaginación y no para cosas buenas.

Rodar esa historia en la Costa del Sol tiene su toque malévolo.

–Ja, ja. De todas formas, en la película no dejamos claro que sea Torremolinos ya que borramos todos los alrededores y creamos una selva tropical alrededor para dejar el hotel incomunicado y aumentar la sensación de aislamiento de los personajes.

Donde se ponga un buen chorro de sangre que se quite...

–...La demagogia. Habíamos hecho un cartel para la película muy noruego y 'noir', pero el primer sitio al que se ha vendido la cinta ha sido Japón y, curiosamente, querían un cartel con la chica gritando y la cara llena de sangre. Hay una cultura cinéfila de la sangre y en 'Resort Paraíso' también jugamos al final al cine de terror.

«La Ley del Cine en Andalucía repartirá nuevas cartas, pero lo que cuenta es tener iniciativa»

¿Ha hecho una película 'made in Málaga', pero el primer sitio que se ha comercializado es el país nipón?

–La película tiene toques de 'Calma total', 'Perros de paja' o 'El cabo del miedo', pero a la vez tiene un sabor malagueño con ese reparto que agrupa a Rafa Castillo Romero, Virginia Demorata y Héctor Medina, con el director de fotografía José Antonio Crespillo o la música de Pablo Trujillo. Todo el equipo ha dado el 200%. Somos un producto malagueño y el escenario, el hotel Sol Timor, se portó genial con nosotros y no habría sido posible sin ellos, pero la factura del filme es universal.

¿Cómo se puede hacer cine desde Málaga sin morir en el intento?

–Con paciencia, con fe, con perseverancia y siendo muy persistente. He tenido la suerte de rodearme de un equipo que me ha apoyado en todo.

Su segunda película y su segundo estreno. ¿Llegar a los cines es la gran cuenta pendiente de las producciones que se ruedan en Málaga?

–Es nuestro gran problema. Tenemos más ganas de hacer cine, que cabeza para estrenar. Estamos locos por rodar y encontrar el dinero para filmar, pero esa es la mitad del camino. Necesitamos el mercado y hay que tener padrinos, que normalmente es una tele o una distribuidora. Nuestra asignatura pendiente es entrar en esa dinámica industrial. En el caso de 'Michigan' y 'Resort' son películas muy independientes, pero por fortuna hemos tenido el apoyo de Canal Sur que ha sido fundamental.

¿Qué papel ha jugado el Festival de Málaga en esta incipiente industria malagueña?

–Ha sido un faro en la niebla. Hace 20 años apenas se hablaba de cine en Málaga, más allá de Antonio Banderas o las tres películas de Chiquito. El certamen ha crecido y siempre nos han cuidado con la videocreación local que ha servido de escaparate, pero también creo que no nos han regalado nada. Mi generación ha hecho mucho cine y ha trabajado de forma seria.

«Mi próxima película es una mezcla entre Lorca y Tarantino»

¿Qué el Festival de Málaga se abra al cine latino les quita sitio?

–No, aumenta el escaparate. La endogamia no la llevo bien. Prefiero que mi película se vea en Málaga, Madrid y Buenos Aires.

En Andalucía se ultima la Ley del Cine. ¿Cómo les va a afectar?

–Desconozco los términos. Lo único que sé es que cuando deje de rodar, ningún productor me va a llamar para que haga una película. Y ahora hay muchísima competencia. ¿Cuánto tiempo hace que Benito Zambrano no dirige una película? La Ley del Cine repartirá nuevas cartas, pero lo que cuenta es tener iniciativa y saber que llevas una jugada buena para enfrentarte a un proyecto durante tres años que es lo que se tarda en escribir, buscar el dinero, rodar y estrenar.

«Patalear siempre»

'Resort Paraíso' se hizo sin subvenciones, como los largos locales 'Maniac Tales' y 'El intercambio'. ¿Los productores malagueños tienen que patalear para que se les apoye?

–Hay que patalear siempre. También hay que tener en cuenta que Málaga no ha funcionado unida hasta la llegada de Procinema –la asociación de productores malagueños–. Siempre hemos sido una bala al aire. Con mi próxima película, 'La mancha negra', hemos tenido suerte en las ayudas de la Junta de Andalucía. No me sale mucho quejarme, porque, si no se logra la subvención, me busco las vueltas para sacarlo de otra forma. Depender solo de las ayudas es una lotería.

¿Cómo va ese proyecto?

–Tenemos un gran cartel con Hugo Silva, Concha Velasco, Cristina Castaño, Fran Perea, Cuca Escribano... En este caso si no tuviéramos las ayudas sería muy complicada que con solo financiación privada pudiéramos llevarla adelante con ese plantel.

Las ayudas al cine no tienen buena prensa. ¿Son ustedes unos subvencionados?

–El cine es el negocio menos subvencionado, pero somos el descalificativo fácil del que no sabe como funciona la economía. Hay ayudas para autónomos, agrícolas y todo tipo de empresas. Vernos sobre una alfombra roja cuando hay que promocionar una película puede parecer que vivimos en un chalé con piscina. Pero no es el caso y yo hago mis cuentas para llegar a fin de mes y, a veces, me faltan diez euros. He intentando hablar con gente que tiene esa idea en la cabeza y explicárselo, pero al final desistí.

Y ahora que se debate sobre el acento andaluz en pantalla tras la serie 'La peste'. ¿Cuál fue su postura?

–Lo hablamos antes de rodar 'Resort' con los actores y les di libertad. Rafa se fue al castellano neutro, Héctor, al de 'Valladolid' para huir del personaje de '321 días en Michigan', y Virginia se planteó hacerlo en andaluz. Hay que estar orgullosos del acento. Y mi próxima película, 'La mancha negra', es un retrato de un pueblo de Andalucía y le voy a pedir a Hugo Silva que también hable en andaluz.

Esa nueva película tiene pinta de crimen de Puerto Urraco...

–Va a ser una mezcla de Lorca y Tarantino, entre 'La casa de Bernarda Alba' y 'Reservoir Dogs'. Son personajes encerrados que van de negro y arrastran ese tono de opresión y de culpa que castiga a una familia como en la obra de Lorca. Y de la cinta de Tarantino, tengo unos diamantes. Yo digo que es un 'velatorio para la ira' porque todo sucede cuando aparecen los cuatro hijos de una fallecida que se reparten su herencia en 1971.

¿Y ese año?

–Es el que nací yo. Y se rodó 'Diamantes para la eternidad'.

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