Borja Cobeaga se ríe de los verdugos y no de las víctimas en la película 'Fe de etarras'

OSKAR BELATEGUI SAN SEBASTIÁN.

Por fin se puede hablar de 'Fe de etarras' y no de su cartel. Borja Cobeaga estrena hoy viernes en el Zinemaldia una comedia que osa dar protagonismo a un comando de ETA. Ambientada durante el Mundial de 2010, el nuevo filme de los autores de '8 apellidos vascos' se estrenará el 12 de octubre, Día de la Hispanidad, en Netflix, que por algo ha puesto la pasta. He aquí la crítica de una cinta mediante las respuestas a varias preguntas.

Inevitablemente el espectador acaba por sentir empatía por los cuatro protagonistas. Sin embargo, los actores, a excepción de Julián López, encarnan sus personajes sin concesiones a la caricatura. Javier Cámara es el líder veterano del comando, torturado por dos cuestiones: su origen riojano y un hecho del pasado que le condena a ser tachado de cobarde. Gorka Otxoa confiere dureza a un terrorista que arde en deseos de pasar a la acción para acallar al sector de la banda proclive al diálogo. Miren Ibarguren es su pareja, seria y cortante como buena vasca, aunque irá sufriendo una mutación que le debilita durante su enclaustramiento. En cuanto a Julián López, no tiene la culpa de que abra la boca y se tronche de risa el patio de butacas. A él le tocan los gags más divertidos, por descerebrado, fanático y oriundo de Chinchilla, Albacete. «En ETA no hay ninguna fea, todas están buenas», sostiene el más entusiasta del grupo, que cambia las chapuzas de albañil por el amonal.

Creencias

Los protagonistas de 'Fe de etarras' son torpes en sus acciones y dubitativos en sus creencias. Hablan con proclamas para reafirmar su ideología, pero su discurso les revela como unos auténticos majaderos. No ocurre lo mismo con el personaje de Ramón Barea, respetado jefe del aparato militar, que marca el destino de los protagonistas. Como vascos con label viven obsesionados por la comida, leit motiv de la cinta desde el primer fotograma. Se diserta sobre la pantxineta, las croquetas o el bacalao y hay unas cuantas conversaciones en la mesa. Una frase concentra el espíritu provocador y en tiempo pasado de 'Fe de etarras', provocando una sonrisa helada: «En ETA antes se comía de la hostia».

Borja Cobeaga y Diego San José se ríen de los verdugos, no de las víctimas. No hay ni una brizna de épica en la aventura de este comando que ya en 2010 parece fruto de otro tiempo. Esa desubicación temporal está mostrada a través del piso en el que viven, que con su decoración se diría detenido en los años 70.

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