Antonio de la Torre: «La revolución pendiente es la sentimental»

Antonio de la Torre rueda con Sorogoyen y estrena en agosto lo último de Pablo Berger. /Francis Silva
Antonio de la Torre rueda con Sorogoyen y estrena en agosto lo último de Pablo Berger. / Francis Silva

El intérprete malagueño estrena el próximo 4 de agosto la comedia ‘Abracadabra’, en la que el director Pablo Berger lo desdobla en dos personajes opuestos

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

Anda soportando la canícula madrileña. Otro verano más. Esta vez con el rodaje de ‘El reino’, la nueva película de Rodrigo Sorogoyen. Con el que repite. Película y calores. Hace un par de años, Antonio de la Torre (Málaga, 1968) filmó con el cineasta en plena temporada estival ‘Que dios nos perdone’, un filme que encadenó con la grabación de ‘Tarde para ira’, que le supuso una nominación al Goya. Precisamente comenzamos hablando de galardones. El de su paisano Antonio Banderas, Premio Nacional de Cine 2017. «¿Sabes lo que me ha sorprendido? Que pensaba que ya lo tenía... no me creía que no se lo hubieran dado todavía», asegura el intérprete, que el próximo 4 de agosto vuelve a la cartelera con la comedia de Pablo Berger ‘Abracadabra’. En la cinta no hace uno, sino dos papeles, y confiesa que trabajar con Maribel Verdú es como hacerlo con la Messi de la interpretación.

¿Qué es ‘Abracadabra’?

–Empiezas por lo más difícil.

Es que eso de «comedia hipnótica» suena novedoso.

–Cuesta explicarla, pero yo diría que es una mezcla entre ‘Qué he hecho yo para merecer esto’ y ‘La maldición del Escorpión de Jade’. Fusiona un mundo surrealista y esperpéntico muy español, pero al mismo tiempo Pablo Berger da un salto mortal y entra en un mundo más metafísico sobre la esencia de la persona, lo que queremos, la liberación de la mujer... La película va de eso, de como el personaje de Carmen se encuentra a sí misma a través de los distintos maridos que va conociendo.

«Maribel Verdú es como Messi. Es capaz de salir del banquillo y te hace una maravilla»

Esos maridos son realidad el mismo actor: usted. ¿Cómo lo contamos sin hacer mucho espoiler?

–Tengo dos personajes en uno. Carlos es un cani de Madrid Sur, un obrero, machista, futbolero y poco atento con su familia. Y el otro Carlos es lo contrario, literalmente. He tenido que sacar las dos caras.

Tiene facilidad para la comedia, pero en este personaje viaja de un extremo a extremo. ¿Temía pasarse de vueltas o quedarse corto?

–Esta pregunta me la hice cuando leí el guión y afronté el papel. He intentado hacerlo creíble y dar ese tono de personaje surrealista casi hiperbólico que estaba en el guión.

Su Carlos mantiene un duelo con la Verdú. ¿Mucha Verdú?

–Nunca habíamos sido marido y mujer y tenemos muy buena química. Maribel es un animal; le digo que es como Messi. Es una actriz talentosa, intuitiva, poderosa y carnal, que es capaz de salir del banquillo habiéndose fumado un cigarro un minuto antes y te hace una maravilla. La película tiene además personajes más pequeños, como el de José Mota, que está que te cagas. Su trabajo es un paso adelante en su carrera.

Por cierto, Mota hipnotiza a su personaje. ¿Alguna vez le han hipnotizado de verdad?

–Sí. En la preproducción vino Jorge Astyaro –mentalista–, se propuso hipnotizarme y lo hizo. Como actor, me parecía interesante la experiencia.

«Vivimos en la crispación por la situación política. Me alegro de que en el cine sepamos reírnos»

¿Y se acordaba del trance?

–La hipnosis solo funciona si tú quieres, porque tiene mucho de autosugestión. Pero si no quieres, no hay nada que hacer. Si fuera tan fácil alguien podría hipnotizar a Donald Trump y sacarle los secretos. Aunque él ya los suelta solito.

Ja, ja. Vaya ejemplo.

–Lo que quiero decir es que esto no es que alguien ejerce su poder sobre el tuyo, sino que tú te dejas llevar por el hipnotizador y entras en ese juego. Tiene algo de actuación.

¿Y la película tiene truco?

–Espero que tenga más magia que truco.

Usted es un malaguista confeso, aunque en la película cambia de equipo porque su personaje es un madridista... y de los fanáticos.

–En una de las escenas estoy viendo la tele y echándole la bronca a los jugadores y, aunque en la película se ve el Madrid, yo les dije a los de producción que en mi plano me pusieran el vídeo del partido del Málaga contra el Borussia Dortmund –perdió 3 a 2 y quedó eliminado de la Champions en el último minuto–. Para inspirarme el Málaga, no te quepa duda.

Las cintas españolas más taquilleras del año son ‘Es por tu bien’ y ‘Señor, dame paciencia’. ‘Abracadabra’ también es una comedia. ¿Eso es una garantía?

–Qué va. En el cine y en la vida no hay garantías. Hay películas que creía que iban a ser un éxito y no lo fueron.

¿Como cuales?

–‘Balada triste de Trompeta’ recaudó más de dos millones y medio de euros, pero yo creía que la respuesta iba a ser mayor. Igual me pasó con ‘Gordos’. Y, por contra, ‘AzulOscuroCasiNegro’ pensé que no la iba a ver nadie, pero tuvo una gran repercusión y fue de las grandes películas del año.

Saber vivir y amar

¿Lo del éxito de la comedia es porque sabemos reírnos muy bien de nosotros mismos?

–Nunca lo había pensado. La verdad es que ‘8 apellidos vascos’ acertó con una mirada humorística sobre nosotros mismos. Pero me viene a la cabeza la situación política y me da la sensación de que vivimos en la crispación. Me alegro de que en el cine sepamos reírnos.

¿Vendría bien más humor en nuestras vidas?

–Conozco poca gente que sepa vivir. No sabemos vivir ni amar. Nos falta mucho para avanzar. Me acuerdo de Pepe Mujica, el expresidente de Uruguay, que dice que para alcanzar el verdadero socialismo necesitamos una cultura muy desarrollada ya que es una construcción civilizadora superior. La gran revolución pendiente es la sentimental y la educación en valores. Y el humor es una buena manera de empezar.

Cita a Mujica, al que ha interpretado en ‘Memorias del calabozo’. La cinta está por estrenar, pero parece que le ha dejado huella.

–Hace tiempo que leí a algún actor que decía que la película no es lo que tú haces por ella, sino lo que ella te enseña. Me pareció una frase bonita, pero cada vez más me interesa lo que mi oficio me permite aprender y menos lo que puedo hacer como actor.

¿Y qué le ha enseñado este filme?

–Más allá del argumento de estos tres políticos tupamaros que fueron apresados, es una historia de superación y de cómo el ser humano puede sobreponerse a unas circunstancias límite y sobrevivir a la locura.

Lo de encarnar a un personaje real como José Mujica tiene el añadido de la comparación con el original. ¿Cómo lo ha afrontado?

–Pues no pensándolo mucho, porque entonces no la hubiera hecho. Una de las razones por la que me atreví a meterme en esta aventura es porque el director –Álvaro Brechner– y la productora –Mariela Besuievsky– son uruguayos y cuentan la historia desde un lugar que es el autóctono y en su idioma.

Y ahora repite con el director Rodrigo Sorogoyen después de ‘Que Dios nos perdone’.

–Estamos rodando ‘El reino’, un ‘thriller’. La verdad es que es reconfortante cuando un cineasta repite contigo, porque la sensación es que algo hiciste bien.

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