Álex de la Iglesia: «No contrataría a Kevin Spacey, no estoy loco»

El director de cine Alex de la Iglesia, en su oficina. / A. Ferreras

Estrena este viernes 'Perfectos desconocidos', una sátira sobre la fidelidad en la pareja y la dependencia del móvil

OSKAR BELATEGUIMadrid

Una cena de amigos y un reto: colocar los móviles a la vista y leer todos los mensajes que vayan llegando. En ‘Perfectos desconocidos’, Álex de la Iglesia firma el primer ‘remake’ de su carrera y convierte una comedia italiana de infidelidades en algo más complejo y terrorífico. El director bilbaíno lleva a su terreno un encargo de Telecinco para hablar de cómo toda nuestra vida está en nuestros móviles y de cómo es mejor que las parejas tengan sus secretos. El filme llega a los cines este viernes dispuesto a durar en cartelera hasta mucho más allá de las navidades.

– Si le pido que me enseñe su último whatsapp...

– Sin problema. ¿Dónde tengo el móvil? En serio, en las relaciones de pareja no conviene compartir todo. Hay que tener secretos, ese es el mensaje de la peli. Lo maravilloso de nuestra época es que la información es compartida por todo el mundo, todos tenemos acceso a todos. De pronto tenemos una conciencia colectiva, como la de Asimov. Yo puedo contactar con cualquiera y saber lo que piensa. Y puedo conocer el pasado, el presente y hasta el futuro de cualquiera si manejo con habilidad las redes sociales. Eso genera mucho spam, información errónea, complicaciones... No hemos sido entrenados en este terrible y maravilloso juguete.

– ¿Se considera un adicto al móvil?

– Sí. No puedo vivir sin él, soy como los personajes de la película. El móvil ha cambiado mi vida. Tengo contacto directo con mis hijas cuando están con su madre. Comparto fotos, información, viajes, libros... Pero alguien nos tiene que enseñar a manejarlo.

– Es una estratagema de guion, pero en la vida real muchas infidelidades se descubren gracias al móvil.

– Yo te puedo contar dos divorcios en mi círculo cercano. Hace un mes un amigo mío dejó la clave del móvil sin cerrar. La intimidad es necesaria, porque estamos regalando nuestra identidad a la gente.

– ¿Usted no husmea en el móvil de su pareja?

– No. Los dos podemos hacerlo pero no lo hacemos. Se llama respeto. Antes se llamaba educación. Hoy hay un exceso de información y no damos abasto. Hay una gente dedicada profesionalmente a filtrar la información y educar en lo que es verdad. Se llaman periodistas. Necesitamos gente que nos enseñe a manejar este monstruo.

– ‘Perfectos desconocidos’ es su tercera película de encargo tras ‘Los crímenes de Oxford’ y el documental sobre Messi. ¿Tiene el sello Álex de la Iglesia?

– Lamentablemente es imposible que no sea Álex de la Iglesia al cien por cien. Yo lucho constantemente contra esa obsesión por la autoría que no comparto. Intento ser diferente en todas mis películas. Por desgracia, me veo obligado a hacer cosas porque me gustan así. Cocinando echo mucha sal y todo es muy picante. Y me lo cargo. Del cordero me como la piel. Lo mismo me pasa en las películas, soy un tipo muy exagerado e histriónico. Me gusta todo al límite.

– ¿Y si recibe el encargo de rodar un comedia romántica?

– Me encantaría. Como espectador disfruto con una buena comedia romántica, con la mantita y palomitas. Una buena de Sandra Bullock. Pero hay que ser muy listo para hacerla, hay que saber engañar muy bien.

– De ‘Perfectos desconocidos’ se deduce que la fidelidad no existe.

– ¿La fidelidad es hacer las cosas bien? Entonces te aseguro que ninguno somos fieles. A mí me gusta la gente que se equivoca. Hay un personaje en la película que es infiel y después se da cuenta de que se ha equivocado. Se aburría y se ha encontrado con un tipo deleznable-simpático, que son los más peligrosos. Tropieza y cae con él. Y después se da cuenta de que su marido es un buen tipo y que le quiere. ¿Por qué no puedes dar marcha atrás?

– La infidelidad no se suele perdonar...

– Te lo impide ese pasado cristiano y el tema del honor, el «me ha engañado». En el plano sexual parece que no puedes perdonar, pero en otros sí. A mí me gustaría tener esa capacidad de perdonar, pero soy muy cafre.

– Vivimos tiempos de corrección política.

– Corrección talibán. Confundimos ficción con realidad. En las películas se plantean conflictos para generar una reacción en el público, pero últimamente parece que tenemos que prohibir a Dickens porque pega a los niños. Si decimos que no estamos de acuerdo con el comportamiento de un personaje nos estamos saltando un registro, porque a los personajes no se les odia.

Censura interior

– ¿Ha tenido en cuenta esa corrección política a la hora de repartir estopa entre hombres y mujeres en la película?

– La tengo presente. Hay una censura más peligrosa que la real, que es exterior. Ahora existe una censura interior, tienes un tío dentro de la cabeza que te dice que tengas cuidado. «No lo pongas, que vas a tener problemas...».

– Tenemos más herramientas que nunca para ser libres y nos censuramos.

– Porque consideramos todas las opiniones iguales. Y no es así. Con Twitter deberíamos hacer como con el correo electrónico: no leer el spam.

– Pero entonces, si no queremos molestar todas las películas serían...

– Iguales. Una obra maestra como ‘Grupo salvaje’ hoy no se podría ni rodar. Por la incorrección moral, política... Por todo. ¿Qué sentido tiene borrar a Kevin Spacey de una película? Él puede ser un miserable, pero no su trabajo. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra? Es obvio que debemos perseguir ese tipo de comportamientos y meterlos en la cárcel. Pero no mezclemos una cosa con otra. A todos nos gustan las aventuras de Tintín. Y Hergé era filonazi. ¿Vamos a destruir todos los Tintines por eso? Y no hablemos de Heidegger...

– ¿Usted contrataría a Kevin Spacey para una película suya?

– No borran a Kevin Spacey porque piensen que es una persona amoral, sino porque es un problema para la taquilla. Yo no le contrataría. No puedes. Bueno, puedes volverte loco y hacer el esfuerzo, pero sabes que te generas un problema. Hacer cine o tener una opinión acerca de las cosas es generarte un problema. Hay gente que vive esquivando cualquier tipo de responsabilidad, pero hay un momento en que tienes que opinar.

– Usted como personaje público tiene un plus de responsabilidad.

– Sí, por eso intento no hablar de lo que no sé. Pero si me preguntas por Kevin Spacey, sé que la solución no está en borrarle de películas. Y en este ambiente, olvídate de la ironía y del humor. Nada ya es gracioso, todo es susceptible de ofensa. Por eso nos va mal, porque no hay distancia para discutir una cosa. Todo el mundo está en primera línea de batalla, no puedes confrontar una idea con tranquilidad. La ficción existe precisamente para discutir en un entorno inocente un problema grave. El humor es un arma y un escudo, que te sirve para frenar el horror de la vida real.

– ¿Hay acoso sexual en el cine español?

– Ha habido gente que se ha quejado, Belén Rueda y otras muchas. Y otros. El acoso y el abuso surgen donde hay un centro de poder potente. No tenemos un Harvey Weinstein, gente con mucho poder que mueva mucho dinero. Supongo que lo mismo ocurrirá en el mundo de la moda, la empresa, los medios de comunicación...

– Telecinco le encarga películas. ¿Han quedado lejos los tiempos en los que hipotecaba su casa?

– No creas. Lo que hago lo invierto en la siguiente película. La próxima me está costando. También intento hacer una serie curiosa...

– ¿Para Netflix?

– En eso estoy.

Un juego más peligroso que la ouija con personajes cercanos

Todos los personajes de ‘Perfectos desconocidos’ son dolorosamente cercanos, cretinos pero próximos y perfectamente identificables si miramos a nuestro alrededor. Un espejo de actitudes que pasan por el machismo, el descubrimiento de la verdadera sexualidad, los prejuicios o la maternidad mal entendida. Suena demasiado serio para una comedia divertidísima, que pese a transcurrir casi en su totalidad en el comedor de un piso burgués en la plaza madrileña de Alonso Martínez no desfallece ni un solo segundo. Ha tenido que ser en su primer remake cuando Álex de la Iglesia solucione un problema que aqueja alguna de sus películas, que se embarullan y precipitan al vacío en su final.

Siete amigos, tres de ellos parejas. Pertenecen a distintos estratos sociales pero les une un pasado. Y en una cena a la que ninguno parece tener muchas ganas de ir deciden jugar a un juego más peligroso que la ouija. Colocarán todos sus móviles en el centro de la mesa y leerán en alto cada mensaje que llegue y contestarán todas las llamadas con el altavoz. La cosa va mucho más allá de descubrir infidelidades. Se pondrá a prueba su amistad y el amor que se profesan matrimonios hundidos en la rutina y novios que después de todo no están tan enamorados. Un eclipse de luna introduce un elemento fantástico en lo que, en manos de otro director, podría ser un mecánico vodevil.

Todos los actores de este enredo destinado a auparse como una de las películas españolas más vistas del año están eminentes. Pero de entre todos ellos destacan Eduard Fernández, capaz de quebrar la comedia hacia el drama con un par de gestos, y un soberbio Ernesto Alterio, que confiere a su personaje un maquiavélico patetismo. ‘Perfectos desconocidos’, como resume su director, concluye que para que una pareja siga junta lo mejor es que mantenga sus secretos a buen recaudo.

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