Diario Sur

Un siglo de cine con Kirk Douglas

 Douglas rechazó una oferta de la Metro para meterse en la piel de un boxeador en una cinta de bajo presupuesto.
Douglas rechazó una oferta de la Metro para meterse en la piel de un boxeador en una cinta de bajo presupuesto.
  • Llegó a lo más alto desde la pobreza absoluta. El último superviviente del Hollywood dorado cumple mañana cien años

Stanley Kubrick, al que Kirk Douglas tenía por «un mierda con talento», solía recordar un episodio acaecido durante la promoción europea de ‘Senderos de gloria’, la epopeya antimilitarista que salió adelante gracias al empeño del actor. Al comunicarle que los franceses habían presionado para que la película no concursara en la Berlinale –su Ejército no salía muy bien parado–, Douglas destrozó un vaso de vino con la mano hasta que la sangre salpicó el mantel. La escena podría pertenecer a cualquiera de sus personajes.Al ladino productor de ‘Cautivos del mal’; al intrépido arponero Ned Land de ‘20.000 leguas de viaje submarino’; al perturbado Van Gogh de ‘El loco del pelo rojo’; al libertador gladiador ‘Espartaco’; al taimado Doc Holliday de ‘Duelo de titanes’; y, por supuesto, al íntegro coronel Dax de ‘Senderos de gloria’.

Kirk Douglas cumple mañana cien años como último superviviente de una era ya finiquitada, en la que la gran pantalla alimentaba los sueños de la gente. «Los dientes más melodramáticos de Hollywood», en afortunada definición de Cabrera Infante, brillaron a lo largo de cinco décadas en más de ochenta películas. Issur Danielowitz Demsky hizo realidad el sueño americano de llegar a lo más alto desde la miseria absoluta. Su ambición y temperamento le convirtieron en una estrella poderosa y temida en un sistema de estudios que doblegó desde su productora, Bryna, bautizada con el nombre de su madre rusa.

«Cien años de edad es ciertamente un hito, pero los hechos son lo que papá ha conseguido en estos cien años», escribe su hijo Michael en la revista ‘Closer Weekly’. «Para mí, su resistencia y su tenacidad son las cualidades que más destacan. Él me enseñó a dar lo mejor en cada cosa que haga». Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones han organizado una fiesta de cumpleaños este viernes con doscientos invitados. Junto al actor estará su segunda esposa,Anne Buiydens, de 97 años, con la que se casó en 1954.

«Tuve la suerte de encontrar mi alma gemela hace 63 años. Nuestro matrimonio maravilloso y nuestras charlas por la noche me han ayudado a sobrevivir a todo», se congratula un mujeriego incorregible, que ha tenido idilios con diosas como Marlene Dietrich («teníamos sexo afectuoso; venía a casa, preparaba sopa, me mimaba», escribe en sus memorias, tituladas ‘El hijo del trapero’); Lauren Bacall («sospecho que experimentaba por mí una especie de enamoramiento de colegiala») y otras como Rita Hayworth, Mia Farrow, Lana Turner, Joan Crawford y Kim Novak. Un derrame cerebral a finales de los 90 le afectó al habla, pero estos días practica con un terapeuta del lenguaje para ofrecer un pequeño discurso en su centenario. «Me salvé de un accidente de helicóptero y de un derrame para hacer más el bien en el mundo antes de irme», sostiene esta fuerza de la naturaleza, que se reconoce en los once libros que ha escrito como un mal marido y un mal padre.

Todos los que han trabajado con Kirk Douglas coinciden en definirle como un hombre incontrolable. Richard Fleischer, que le dirigió en ‘Los vikingos’, señaló que jamás había conocido a un intérprete tan entregado en su labor: «Parecía demasiado bueno para ser verdad». El dueño del hoyuelo más célebre del séptimo arte supo muy pronto que el secreto del éxito pasaba por una dedicación plena y casi obsesiva.

Un Oscar honorífico

Hijo de emigrantes judíos que escaparon de Moscú en 1908 para evitar el reclutamiento del padre en la guerra ruso japonesa, Kirk Douglas nació en 1916 en Amsterdam, Nueva York. Su familia era analfabeta y llegó a EstadosUnidos pensando que las calles estaban adoquinadas de oro. Su padre, un alcohólico que les abandonaría pronto, se hizo trapero porque a los judíos les estaba prohibido trabajar en las fábricas. El pequeño Issur estaba llamado a ingresar en la escuela rabínica, pero trabajó como botones, acomodador, camarero y vigilante para alimentar a sus seis hermanas y su madre. «Tuve una motivación para subir», escribe. «Era tan pobre que no podía llegar más abajo».

Los combates de lucha libre le proporcionaban un dinero con el que pagarse los estudios de Interpretación en la universidad. Su carrera comienza en 1941, cuando sustituye a Richard Widmark en una representación teatral. Se alista en laMarina durante la II Guerra Mundial y regresa herido.Lauren Bacall le recomienda al productor Hal Wallis y aquel joven de físico vigoroso y mirada desafiante aprovecha la oportunidad. «Solo acepté ir a Hollywood porque necesitaba dinero tras el nacimiento de Michael», presume una estrella prototipo del héroe viril al que tampoco le importó dar vida a cínicos villanos. Sabía que los personajes torturados eran más propicios a la sobrecarga expresiva. Tras tres nominaciones al Oscar –recibiría uno honorífico en 1996 tras las candidaturas de ‘El ídolo de barro’ (1949), ‘Cautivos del mal’ (1952) y ‘El loco del pelo rojo’ (1955)–, sus sugerencias a los directores eran ya órdenes.

Ambicioso, temperamental y con fama de tacaño, Douglas fundó a mediados de los 50 una productora para llevar las riendas de su carrera, una práctica entonces insólita porque los actores estaban en nómina de los estudios. Nunca tuvo despacho ni escritorio. «Esas cosas son un obstáculo para la creación», defendía. En Bryna dio trabajo a guionistas represaliados por el senador McCarthy a causa de sus simpatías izquierdistas. El día que marca simbólicamente el fin de las listas negras que provocó la caza de brujas del Comité de Actividades Antiamericanas es el 19 de octubre de 1960, la fecha del estreno de ‘Espartaco’.

Gracias al empeño de su productor y protagonista figuró en los créditos el nombre de su verdadero guionista, Dalton Trumbo, oculto hasta entonces en seudónimos que perpetuaban la hipocresía en la que vivía instalada Hollywood. «En aquel entonces, el enemigo eran los comunistas; ahora, son los terroristas. Los nombres cambian, pero el miedo permanece », escribe el actor en ‘¡Yo soy Espartaco!’, un libro que publicó en 2012 sobre el rodaje de unos de sus filmes más celebrados. El hijo del trapero compartía la ira de un gladiador. «En Roma, la dignidad acorta la vida más que una enfermedad. Los dioses deben reservarte para una gran empresa», se escucha en el filme.

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