Diario Sur

Disney, escuela para el terror

El diseñador Raúl García Sanz, en su estudio de ficción en California (EE UU). :: r. c.
El diseñador Raúl García Sanz, en su estudio de ficción en California (EE UU). :: r. c.
  • Raúl García Sanz, que triunfó dando vida al genio de 'Aladdín', lanza su propio estudio de ficción, ligado al 'thriller'

  • El primer diseñador español en llegar a la meca de la ficción se pasa ahora a los dibujos de miedo

madrid. Al sur de California hay una casa que guarda en su interior grandes tesoros. El primer dibujo animado de la historia, tiras de viñetas de periódicos, borradores de los creadores de Pluto, Pongo, Ariel o Hércules y vitrinas llenas de figuras, tazas, relojes y coleccionables de todas las películas de animación imaginables. Llaman la atención dos sillas con orejas y patas de Mickey Mouse que descansan en el salón.

Por el pasillo que conecta esta habitación con el resto de la vivienda, camina Raúl García Sanz, el dueño de la casa y primer animador español en Disney. Se resiste a desentonar con la estética de su hogar luciendo una camisa negra con imágenes de la película de 'Rompe Ralph'. Se dirige a su estudio, custodiado por el picaporte que condujo a Alicia al País de las Maravillas. Allí se encuentra todo su equipo de trabajo, desde los clásicos papeles y lápices hasta una pantalla gráfica y un bolígrafo digital.

Ferviente admirador de Walt Disney, desde muy temprana edad sintió el deseo de dedicarse a la animación. «Siempre creí que al igual que hay abogados o médicos, debía haber en algún sitio en el mundo alguien cuya profesión fuera la de hacer dibujos animados», dice con nostalgia. Uno de los obstáculos que encontró fue que en su época la industria de la animación en España era inexistente, pero eso no le impidió encontrar su primer trabajo como dibujante en la serie de televisión 'Los Picapiedra' a los dieciocho años.

Tras ocho años de trabajo en España, dio a conocer su talento en Europa. Pasó por París o Dublín, terminando en Londres, donde contribuyó en el experimento de combinar acción en vivo y animación que resultó en la película de 'Quién engañó a Roger Rabbit'. Ésta le abrió las puertas a EE UU y a Disney, haciendo su sueño realidad. Le contrataron para animar personajes en tres películas -'La Bella y la Bestia', 'Aladdín' y 'El Rey León'-, pero al final se acabó quedando 10 años. Cuando se le pregunta cómo se sintió en aquel momento su sonrisa se vuelve inmensa. Sin embargo, también le supuso un fuerte 'shock' emocional. «Para mí era una responsabilidad gigantesca. Primero, cumplir mi sueño de infancia, segundo, estar en Disney; y tercero, mantener un nivel como representante de mi país», explica.

Fue el diseño del genio de Aladdín lo que le colocó en el mapa de la animación. Fue una satisfacción a nivel personal y moral que no olvida. «El genio era un personaje muy agradecido por el público. Nunca pensamos que fuese a ser tan popular, pero es curioso que después de los 90 minutos, de lo que más se acuerda la gente es del genio», indica.

Tras 10 años formándose y creciendo como artista Raúl decidió dejar Disney y trabajar de forma independiente. Fue durante la transición de la animación en 2D a 3D. «Cambiar el gran estudio por la producción independiente de presupuestos limitados fue arriesgado, quise apostar por contar mis propias historias», añade.

Una apuesta 'horrible'

Su afán por enriquecer el mundo de la animación le ha llevado a explorar una nueva técnica poco utilizada en este campo, el terror. «Hollywood ha acostumbrado a la audiencia a consumir animación como sinónimo de película infantil o familiar», dice el artista. 'Extraordinary Tales' -basado en los cuentos de Edgar Allan Poe- es su primer trabajo. «Toda la animación de 3D es prácticamente igual ahora mismo», observa el director, «por eso quería hacer algo diferente».

Este largometraje es una combinación de estilos de animación poco convencionales que se ha creado en Luxemburgo, Bélgica y España. La buena acogida que ha tenido entre el público internacional no deja de sorprenderle. «La película gusta, las críticas han sido excelentes y donde quiera que se proyecta, las entradas se agotan», comenta.

Sin embargo, trabajar de autónomo no es un camino de rosas. Además de la creación del filme, encontrar la financiación, dar difusión y hacer publicidad es la parte más complicada. «Nunca tuve la maquinaria ni los recursos para hacer saber al público general que la película existe», señala. Además, la cinta se está convirtiendo en una película de culto, con proyecciones en museos y pases en universidades.

Ahora tiene entre manos dos proyectos. Uno basado en un libro de la escritora alemana Cornelia Funker, y otro llamado 'Bitten', ambos vinculados con la animación de terror. Raúl se muestra feliz porque ha conseguido todo lo que se ha propuesto. Por muchas dificultades que encuentre, comenta entre risas una de sus frases por excelencia: «¡Que no cunda el pánico... Es solo una película de animación!».