Diario Sur

El cine pasa por la máquina de la verdad

El director Enrique García y el productor Habacuc Rodríguez, junto a espectador que se somete al análisis neuronal mientras ve ‘Resort Paraiso’ .
El director Enrique García y el productor Habacuc Rodríguez, junto a espectador que se somete al análisis neuronal mientras ve ‘Resort Paraiso’ . / Salvador Salas
  • El ‘thriller’ ‘Resort Paraiso’ se somete a una experiencia pionera de neuromárketing aplicado a la gran pantalla

  • La película de Enrique García prueba la atención y la respuesta emocional de los espectadores con una técnica novedosapara perfilar el montaje final de la película

Un jovencísimo Steven Spielberg se comía las uñas cuando la productora Universal organizó los primeros pases de prueba de ‘Tiburón’  con un grupo elegido de espectadores. Se temía lo peor y que la compañía le diera un bocado a sus expectativas. Pero se equivocó. El resultado fue inesperado, el público salió entusiasmado y la película se lanzó masivamente como el primer ‘blockbuster’ de la historia. Cuatro décadas después estas sesiones de evaluación previa son habituales en la industria cinematográfica, aunque tienen los días contados. Al menos, tal y como los conocemos. Eso de sentarse en una sala de cine para ver una película y dar después una opinión se queda antigua. A partir de ahora, los espectadores llevarán además un ‘casco’ con sensores para medir las emociones y unas gafas para detectar el movimiento de los ojos por la pantalla. Eso han hecho esta semana una veintena de voluntarios con la nueva película del malagueño Enrique García, el ‘thriller’ ‘Resort Paraíso’, con la que han sufrido y disfrutado. Una aplicación pionera de neuromárketing a la gran pantalla que, en realidad, se trata de una evolución del mismo sistema que popularizó el periodista Julián Lago en el televisivo programa ‘La máquina de la verdad’.

«Ahora ya no se puede intelectualizar una respuesta a la hora de ver una película porque este sistema mide la atención y la emoción de los espectadores al recoger toda la información que se experimenta por debajo del umbral de la conciencia», explica Gabriel Carrascosa, director de Fusión Comunicación & Estrategia, que añade que es la primera vez en España que se aplica a un largometraje este sistema de medición de respuesta neuronal. «Sólo se han hecho aquí experiencias con series de televisión», explica el experto que destaca la utilidad de este procedimiento ya que ofrece datos fiables de lo que siente el publico fotograma a fotograma. De hecho, en Hollywood hace ya años que las productoras utilizan el neuromárketing para evaluar películas.

‘Resort Paraíso’ tiene como protagonistas a una pareja en crisis que se refugia en un hotel cerrado durante el invierno, mientras intentan recomponer sus vidas y pasar inadvertidos para los guardias de seguridad. «No vamos a hacer spoiler de la película, pero tenemos una escena especialmente fuerte –no lo dice pero se refiere a ‘gore’– que estamos evaluando si mantenerla», explica el productor Habacuc Rodríguez, que no solo quiere testar la respuesta del público, sino tomar también alguna decisión sobre el montaje final y la distribución en función de los resultados.

Estar en alerta

El neuromárketing aplicado a la película ‘Resort Paraíso’ mezcla un sistema alemán de análisis ocular –‘eye traking’– con un método norteamericano de respuesta emocional que sustituye el tradicional ‘casco’ por un minimalista arco que rodea la cabeza e incluye 14 sensores. «Desde el punto de vista emocional hay dos películas en ‘Resort Paraíso’ ya que en la primera parte del filme los espectadores muestran una mayor atención a largo plazo lo que responde a una implicación intelectual, mientras que en la segunda cambia a atención a corto plazo cuando se desata la acción», avanza con los resultados en la mano Gabriel Carrascosa.

Le escucha con atención el propio director del filme, Enrique García, que sonríe antes de afirmar que esta reacción «responde a mi planteamiento de guión, con una tensión psicológica en el arranque y una segunda parte eloquecida que es una montaña rusa». Carrascosa le informa que, cada vez que aparece en pantalla el villano Saúl –al que da vida Héctor Medina–, hay una respuesta inmediata de «alerta» de los espectadores. «Como director, es emocionante ver que la gente reacciona a los resortes que querías activar», afirma un convencido Enrique García que, cuando termina de ver el filme un espectador, no puede resistir acercarse y preguntarle: «¿Te atreverías a quedarte a dormir en el hotel de la película?». No hacen falta las gafas inteligentes para ver que se le abren de par en par unas pupilas que anticipan un rotundo «no».