Diario Sur

Hugh Grant derrocha flema británica en San Sebastián

El actor inglés Hugh Grant fue ayer la gran estrella en la 64 edición de Zinemaldia. :: Javier Etxezarreta / EFE
El actor inglés Hugh Grant fue ayer la gran estrella en la 64 edición de Zinemaldia. :: Javier Etxezarreta / EFE
  • «Ya no soy un sex symbol, solo una curiosidad», asegura el actor que presenta 'Florence Foster Jenkins', donde brilla junto a Meryl Streep

Ethan Hawke confesó al recoger el Premio Donostia que el cine para él era una religión. Hugh Grant sonríe cuando se le pregunta si en su opinión es también algo místico. «En absoluto. Yo solo intento hacer películas entretenidas que no sean demasiado tontas. Sí, el cine es solo un entretenimiento». Después de la intensidad del intelectual Hawke, el protagonista de 'Cuatro bodas y un funeral' derrochó en San Sebastián flema británica y respuestas cortas para no cansarse demasiado. Cuando se le pregunta si le gusta la ópera contesta con sinceridad que solo los grandes éxitos de arias, «no lo que hay en medio». Y cuenta que hace poco regaló a su padre y a su secretaria jubilada una función de 'Don Giovanni' en el Covent Garden. «Nos aburrimos los tres como monos».

La ópera juega un papel fundamental en el filme que le ha traído a San Sebastián. El actor ha recibido las mejores críticas en muchos años por su papel a las órdenes de Stephen Frears en 'Florence Foster Jenkins', el marido de la peor soprano de la historia, encarnada nada menos que por Meryl Streep. Una sátira bufa que parece ficción pero que se basa en personajes reales y que hace poco vimos en nuestros cines en la cinta francesa 'Madame Marguerite', que contaba la misma historia. La gracia es que esta ricachona que destrozaba a Verdi creía que cantaba como los ángeles, cuando solo movía a la hilaridad general. Su esposo se convirtió en su manager y la mantuvo en el engaño por amor.

«La sinceridad está sobrevalorada», filosofa su protagonista. «Algunas culturas la tienen como la virtud más importante, pero puede llegar a ser aburridísima. Comparto que el marido de Florence no le dijera la verdad porque la quería. Yo mismo no creo mucho en la verdad y procuro mentir todo el rato. Se puede ser falso y mentiroso y seguir siendo auténtico. Odio cuando me dicen '¿te importa que sea honesto?' Sí, me importa».

Grant se parece demasiado en persona a sus personajes. Tiene un aspecto estupendo a sus 56 años, aunque el pelo se le haya vuelto gris. No se quita la sonrisa irónica y pestañea como cuando se enamoraba de Julia Roberts en 'Notting Hill'. Descendiente de un linaje escocés de médicos, militares y exploradores, Hugh John Mungo Grant estudió en colegios exclusivos para chicos y se graduó con honores en Literatura en Oxford. Allí se aficionó al teatro y pronto el cine se fijó en su buena planta y mejor cuna. De aquella primera época en dramas victorianos es 'Remando al viento', de Gonzalo Suárez, que le trajo a San Sebastián en 1987. «No me acuerdo de nada, creo que por entonces estaba demasiado borracho», suelta. «Espera, sí, creo recordar que Gonzalo ganó una Concha de algo».

'Brexit'

¿Dirigirá alguna vez? «Bah, llevo treinta años diciéndolo, pero creo que me he hecho demasiado viejo». ¿Qué opina del 'brexit'? «Prefiero no hablar de ello». Grant parece no tomarse a sí mismo muy en serio, aunque aclara que ese adorable patán que le ha hecho famoso debe más a su país. «Mis personajes no son yo, son más bien una actitud británica frente a la vida. En Francia se han consagrado a la cocina y al sexo, asuntos que para nosotros no son una prioridad. En Reino Unido preferimos hacer bromas y chistes». El hombre que a punto estuvo de arruinar su carrera cuando fue detenido en 1995 mientras una prostituta le practicaba una felación en un coche ya no se tiene por un símbolo sexual. «Creo que las jóvenes me ven más bien como una curiosidad».

Grant reconoce que su encasillamiento en papeles de galán romántico se produjo porque esos eran los mejores guiones que recibía en aquella época. Y reivindica su mérito: «Hacer de villano es más fácil». Con Woody Allen aprendió que «el 98% del éxito es aparecer en el plató». Y con Polanski, que le dirigió en 'Lunas de hiel', entendió por primera vez «el poder del cine, lo diferente que es a la televisión». «A veces me dicen que hoy las mejores historias están en la pequeña pantalla. Pero no me apetece hacer series porque sigo siendo fiel a esa idea mágica y romántica del cine, todavía creo en el glamour del cine». Tampoco le ponía salir en la tercera entrega de 'Bridget Jones', recién estrenada. «Trabajamos en el guion pero mi personaje no funcionaba. Les dije que lo hiciera otro actor».

Nunca le veremos en el teatro. «Lo dejé porque me reía cuando se reían los espectadores, no lo puedo evitar». Grant se resta importancia, pero en 'Florence Foster Jenkins' compite con la enorme Meryl Streep y sale victorioso. Incluso suena su nombre para la que sería su primera nominación al Oscar. Admite que, por una vez, se tomó el papel en serio. «Nunca lo hago, pero investigué sobre el personajes y leí sus diarios en Nueva York. Durante toda su vida fue un mal actor que escribía cartas pidiendo trabajo, eso me dio la clave». Stephen Frears, como Allen, apenas le daba indicaciones en el rodaje. Y Meryl Streep le intimidaba.