Diario Sur

La censura en Málaga que convertía en éxito las malas películas

Pepe Palma, en los años 70, pintando un mural de película
Pepe Palma, en los años 70, pintando un mural de película / SUR
  • El pintor Pepe Palma relata que los reparos eclesiásticos a los desnudos de los carteles del Astoria provocaban colas en las taquillas

Aunque cueste creerlo, algunos propietarios de los cines de Málaga estaban encantados con la censura en tiempos de Franco. Y es que, además de la prohibición oficial que tenían que pasar las películas, las cintas en Málaga también se sometían a otra evaluación más doméstica. Y el caso del cine Astoria, ese vigilante de la moralidad era el párroco de la cercana iglesia de Santiago que no dejaba pasar la ocasión cuando el cartel de los estrenos dejaba ver más de la cuenta.

El autor de aquellos grandes murales era el pintor Pepe Palma que, tras pintar a Barbara Rey o a Claudia Cardinale, tenía que subirse a la escalera para tapar la parte censurada por el sacerdote. En los primeros tiempos eran bikinis, pero después llegaron los desnudos, sobre todo de las actrices. A veces se solucionaba con un oportuno pantalón o camiseta sobre el cuerpo de la protagonista, aunque otras veces no había más remedio que pintar un recuadro oscuro sobre la zona prohibida.

“Recuerdo el primer desnudo frontal en el cine español, que protagonizó María José Cantudo en 'La trastienda' (1975), y como tenía difícil arreglo lo tapamos con un parche negro, lo que provocó unas colas interminables, aunque la película era muy mala”, rememora Palma que desde los años 60 a mediados de los 90 pintó buena parte de los murales de los cines malagueños.

“Los mayores éxitos eran aquellos en los que el cartel lucía un cuadro negro”, explica este pintor de estrellas, que también recuerda retratar con “poca ropa” a Nadiuska en el mural de 'El Chulo' (1974). “La película estuvo varios meses en el Coliseum”, afirma el pintor que recuerda aquellas cintas del destape como un fenómeno social. “Daba igual la calidad de la película, siempre se llenaba y más si tenía censura el cartel”, considera el pintor que, con su relato del párroco de Santiago, recuerda la película 'Cinema paradiso' con aquel cura que censuraba los besos de película en las proyecciones. Todos aquellos trozos mutilados por la moralidad de la época formaban después un montaje emocionante y arrebatador que servía en el filme de declaración de amor al cine. En el caso de Pepe Palma, una exposición de sus carteles también hubieran servido para retratar toda una época, pero desgraciadamente aquellos grandes lienzos no se guardaban, sino que eran lavados y reutilizados para el siguiente estreno.

En bikini

Una de las primeras censuras que recibió Palma fue en los años 60 con un inocente cartel de Claudia Cardinale luciendo bikini en 'No hagan olas' (1967). “Le tuve que pintar unos pantalones para que el cura se quedara tranquilo”, recuerda el autor. Con la llegada de los multicines, aquella demanda glamourosa se extinguió y Pepe Palma se dedicó a su otra pasión: la pintura religiosa y, particularmente, los carteles de Semana Santa. Y sus creaciones no pasaron desapercibidas. “Yo venía del cine y, acostumbrado a aprovechar el espacio, adapté ese concepto intentando que no fuera un retrato de una Virgen o un Cristo, sino que el cartel contara una historia”, explica el artista que, tras el impacto inicial en el mundillo cofrade, impuso su estilo pictórico. De hecho, el cartel oficial de la Semana Santa de 2011 lleva su firma.

Vinculado familiarmente a los imagineros Francisco Palma García y Francisco Palma Burgos, José Palma tomó el camino del pincel y comenzó a pintar estrellas de cine en 1964, con apenas 16 años. Su maestro fue su amigo y colega Francisco Gómez González, que le enseñó los secretos de esta profesión en la que la clave era ser rápido dibujando y espectacular en el acabado.

Todavía tiene fresca en su memoria su primera musa, Shirley MacLaine, en 'Mi dulce geisha'. No lo olvida, porque se dedicó a perfeccionar cada rasgo de la actriz y cada letra del título y del reparto de la película en el mural. “Pero me regañaron, porque me tiré todo el día dibujando el cartel como si se fuera a exponer en el Museo del Prado”, recuerda con una sonrisa el artista.