De una ciencia ‘picassiana’

Una de las fotografías de Picasso que se exhiben en la muestra. /
Una de las fotografías de Picasso que se exhiben en la muestra.
Crítica de Arte

Además de situar la importancia de Josep Palau i Fabre para el conocimiento de la biografía de Picasso, esta muestra permite reflexionar sobre el estudio de la vida y obra de Picasso

JUAN FRANCISCO RUEDA

Se celebra este año el centenario del nacimiento del poeta Josep Palau i Fabre (Barcelona, 1917-2008), uno de los pocos investigadores y ensayistas ‘picassianos’ que, dado su afán por documentar y arrojar luz sobre la vida y relaciones de Picasso, puede recibir el título de «biógrafo». Ciertamente, Palau hizo girar su vida sobre el estudio de la vida y obra del artista malagueño, siendo de los primeros en atender a periodos muy concretos, que respondían a cortas estancias en lugares que han pasado a ser trascendentales, así como su sagaz meticulosidad investigadora le permitió localizar documentos y enclaves de muy distinta naturaleza y repercusión para el estudio de Picasso. Desde principios de los sesenta, Palau inicia un proceso de investigación que le llevará a firmar casi una veintena de estudios y ensayos sobre la obra de Picasso, sus relaciones con algunos autores concretos, así como con algunos de los contextos en los que vivió, especialmente el catalán. De hecho, en la exposición se echa en falta una sección bibliográfica que evidenciara la prolífica labor de Palau, de modo que pudiera acompañar, como resultado ensayístico y editorial, a las numerosas fotografías, anotaciones y distintos materiales documentales que acreditan el sistemático trabajo del catalán en pos del malagueño y que son el grueso de esta exposición. En cualquier caso, en cada grupo de imágenes que conforman la exposición, se introduce una cita relevante de alguno de sus libros. Sus palabras se ven acompañadas por una sucinta observación que viene a contextualizarlas y a advertir aspectos fundamentales y relevantes de la labor del investigador respecto a ese periodo.

‘Palau mira a Picasso’

La exposición:
70 fotografías, a excepción de varias de ellas, en blanco y negro; varios libros de Picasso con dedicatorias y dibujos para Palau i Fabre; dibujos de éste; 2 cuadernos de notas; decenas de tickets, billetes y planos de sus viajes; documentos y correspondencia, tanto mecanografiados como a mano, que muestran la relación entre Palau y el círculo de Picasso (Jacqueline, Sabartés, Pallarés); materiales que revelan el proceso de autenticación de obras ‘picassianas’; objetos personales de Palau y Picasso, como la agenda o la cámara del primero; entrevista sonora inédita con Kahnweiler; documental sobre Picasso en Cataluña con guión, dirección y locución del propio Palau; y un epílogo de obras de 7 artistas (Fontcuberta, Gordillo, Tàpies) que toman una de las fotos más icónicas de las realizadas por Palau a Picasso.
Comisario:
Víctor Fernández.
Lugar:
Sala de exposiciones de la Fundación Picasso. Plaza de la Merced, 13, Málaga.
Fecha:
Hasta el 8 de octubre Horario: De lunes a domingo, de 9.30 a 20 h.

La exposición se articula en numerosos capítulos que obedecen a los lugares esenciales de la biografía de Picasso (Málaga, A Coruña, Barcelona, Madrid, Horta de Ebro, París, Schoorl, Gósol, Roma, etc.). Lugares que fueron cruciales para desarrollos o variaciones estilísticas muy concretas. Son una suerte de pequeñas ‘cápsulas’, consistentes en fotografías tomadas por Palau en pos de documentar los espacios que moró el artista, los emplazamientos que llevó a sus obras y todas las relaciones que estableció en esas distintas coordenadas de la ‘geografía picassiana’. En algunas de ellas se observan pormenores que parecen obedecer a la búsqueda de los referentes pintados, como ocurre con las barcas de Cadaqués o el caserío de Horta de Ebro, definitivo pórtico del cubismo en 1909. Esa suerte de ‘cartografía’ que genera Palau nos lleva a precisar cómo la obra de Picasso posee un fuerte débito con los lugares. No nos referimos exclusivamente a que llevara a sus telas espacios reconocibles, sino que muchas de las condiciones de vida o tradiciones artísticas locales pueden influir en él. Ocurre en Schoorl, la localidad holandesa en la que en 1905 pasa una temporada y que vendrá a ser el punto de inflexión entre el estilizado grafismo de las épocas azul y rosa y la monumentalidad y rigor de las formas que llegarían a partir de su postrera estancia en Gósol (1906). La volumetría y la rotundidad de los cuerpos que nacen en este breve lapso en el norte de Europa hace difícil que no se piense en maestros de este entorno, como Rubens. Ocurriría lo mismo con la estancia italiana de Picasso, en pleno retorno al orden o periodo neoclásico del artista o, por señalar un último ejemplo, al ver el caserío de Horta no podemos evitar recordar el episodio en el que Picasso muestra fotografías de esta localidad a Gertrude Stein, quien concluye, a la luz de las imágenes, que el cubismo era una cuestión española. Tal vez, algunas de estas ‘cápsulas’ de conocimiento se podrían haber visto reforzadas con la incorporación de alguna pieza de los vastos fondos de la Fundación Picasso, de modo que viniera a hacer patente ese vínculo entre espacio (circunstancias y condiciones de vida) y obra. De hecho, se intuye en el enfoque de Palau cierta aceptación del determinismo, de cómo esas ‘geografías picassianas’ pueden determinar su obra. A ello se le une cómo el catalán se revela como un firme ‘connoiseur’; esto es, un conocedor, lo que le permite incluso localizar piezas sin documentar, para lo cual, como podemos ver en la exposición con una vista de Málaga que el artista realiza en 1888, se auxilia de su relación con Picasso para autentificar.

Todo el material que se expone debe ser entendido como el «trabajo de campo» de un investigador o de un científico. De hecho, en varias vitrinas se muestran los documentos que originan sus ‘expediciones’ en pos del rastro de Picasso. No sólo mapas, guías o planes de trabajo en distintas ciudades y regiones, también algunos de sus cuadernos de notas que dedicaba a cada una de esas estancias.

La exposición ha de servir no sólo para calibrar la labor de Palau, sino que, desde el ejemplo de este investigador, ha de permitirnos la reflexión acerca del estudio de ‘lo picassiano’, un campo cada vez más paradójicamente inabarcable. En este sentido, parece oportuno que la Fundación Picasso, que nació como centro de documentación, albergue una exposición acerca de la investigación y los relatos sobre Picasso. La obra de éste, en un alto porcentaje, es una suma de registros y capas de información de muy distinta naturaleza que se unen de un modo intrincado. El artista encubrió temas en otros, sintetizando asuntos biográficos con registros culturales tanto cultos como populares. Personajes mitológicos, por ejemplo, que atesoran una historia conocida por todos, pasan a convertirse en parte de sus imágenes en personificaciones de su entorno que introducen vivencias y episodios biográficos. Su universo está cargado de alegorías y metáforas, de imágenes que remiten a otros asuntos distintos de los que se materializan. Como si esa dificultad para distinguir esas capas no fuera poco, en ocasiones también nacen como respuesta no sólo a su momento personal, también al histórico, al que comparte con sus congéneres. La obra ‘picassiana’ pasa a ser una jungla de símbolos. Una jungla que paradójicamente parece un jardín, regular y con cierto orden, pero profundizar en sus entrañas, ir más allá del primer ‘parterre’ cuidado exigiría desbrozar. Para ello, requerimos de un conocimiento de ‘lo picassiano’ que permita saber distinguir e intentar señalar a cuántos registros responde cada uno de los símbolos que campan en su universo. La riqueza, complejidad y densidad de su vida y obra requieren, por tanto, de numerosos puntos de vista y materiales, aunque la incorporación de lo biográfico deba eludir la hagiografía.

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