Cien coronas

Cien coronas
Sr. García .
Cruce de Vías

La inquietud que provoca el misterioso enigma del futuro ocupa cada vez más importancia en la vida cotidiana

JOSÉ ANTONIO GARRIGA VELA y SR. GARCÍA .

Cristina vive en Bruselas pero estuvo pasando unos días en Estocolmo. Se acordó de mí al ver un billete de cien coronas suecas con la imagen de Greta Garbo, lo guardó y el otro día vino a Málaga y me lo dio. Cien coronas que nunca cambiaré por nada. Últimamente existen grandes coleccionistas de billetes de curso legal, los tienen repetidos, millones del mismo billete. No saben qué hacer con ellos. El único que yo tengo guardado lo puse bajo la pantalla del ordenador. Cuando no se me ocurre ninguna idea, la miro a los ojos y siempre descubro algo que no había visto antes. Ayer por la mañana lucía el sol y recordé a mi madre cuando posaba para las fotos y decía: «Sácame como a Greta Garbo». En diciembre de 2007 fui a Estocolmo a visitar a la actriz sueca en el Cementerio del Bosque. La encontré sola en lo alto del pequeño montículo cubierto de flores. Por un momento pensé que sería agradable quedarme a su lado y descansar.

No quiero pensar en estas cosas, pero la inquietud que provoca el misterioso enigma del futuro ocupa cada vez más importancia en la vida cotidiana y se acrecienta al llegar el mes de diciembre. Hace algunos años decidí pasar los cumpleaños en el extranjero, lo más lejos posible, como si al ausentarme consiguiera engañar el paso del tiempo. Sin embargo, en algún instante del viaje, da igual donde me encontrara, cualquier detalle evocaba la fecha y me congratulaba por la suerte de celebrar el aniversario en Jaipur, Ushuaia, Alejandría, Katmandú o la ciudad inmortal de Saigón. Después regresaba a casa con las fuerzas renovadas. El hecho de cumplir años significaba un renacimiento. Ahora he decidido marcharme no sólo el día del aniversario sino también en Navidad y así evitar la nostalgia, entretener el pensamiento y despistar la memoria.

Me gustaría quitarme de en medio más a menudo. Partir, morir un poco e inmediatamente renacer. La enorme fortuna de decir adiós y regresar. Estoy convencido de que los viajes ralentizan el tiempo. Cuando uno vuelve al lugar de partida apenas ha sucedido nada durante la ausencia. Los conocidos se extrañan al vernos porque creían que aún permanecíamos en el extranjero. ¿Ya ha pasado tanto tiempo desde que te fuiste?, preguntan sorprendidos. Necesito huir de los días calcados que pasan veloces sin que nos demos cuenta. Me gustaría detenerme en lo alto del montículo verde rodeado de flores y contemplar la quietud de la vida. Greta Garbo me mira sin decir nada. Un simple billete de cien coronas es el precio que cuesta este asombroso viaje de ida y vuelta.

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