Chandler y Clift: De 'El sueño eterno' a' Un lugar en el sol'

Raymond Chandler
Albas y Ocasos

Tal día como hoy nacía Raymond Chandler, creador a su vez del detective y antihéroe americano Philip Marlowe, y moría Montgomery Clift después pergeñar el suicidio más largo de Hollywood

TERESA LEZCANOMálaga

Chicago, veintitrés de julio de 1888. Nace Raymond Thornton Chandler y con cada uno de sus latidos empieza a gestarse la futura identidad de Philip Marlowe. El primero, después de abandonar su puesto en el Almirantazgo británico por serias desavenencias con el militarismo real, y de ser despedido de su cargo de vicepresidente del Dabney Oil Syndicate por alcoholismo manifiesto, absentismo en fase de disparo y escandalosas aventuras con un elevado tanto por ciento de las secretarias de la compañía, se encontró compuesto y sin empleo en medio de la Gran Depresión consecutiva a la caída de la Bolsa de 1929, y se puso a escribir en pulps, que eran populares revistas de ficción criminal impresas en papel barato. Philip Marlowe nacería poco después, inspirado en el paradigma del detective americano creado por Dashiell Hammett, aunque el impresionismo cortante de Hammett deriva en Chandler hacia una ironía cínica y mordaz que convierte a Marlowe en uno de los primeros antihéroes de la literatura americana y se extiende desde El Sueño Eterno hasta El Largo Adiós, en una ciudad de Los Ángeles tan brillante en su exterior como vacía en su interior, mientras el autor se sumerge en una depresión californiana y alcohólica derivada en dos intentos de suicidio, y su personaje le acompaña bebiendo a su vez como una esponja marina y conjugando su epitafio: “Cuando acaben conmigo en un callejón oscuro, si es que sucede, como le puede ocurrir a cualquiera en mi oficio, y a otras muchas personas en cualquier oficio, o en ninguno, en los días que corren, nadie tendrá la sensación de que a su vida le falta de pronto el suelo”. En la lápida que comparten puede leerse una cita de El Sueño Eterno: “Los muertos son más pesados que los corazones rotos”. Pues eso.

Montgomery Clift

Setenta y ocho años después del nacimiento chicagoense de Chandler, moría en Nueva York Montgomery Clift, una década exacta tras el accidente de coche que, durante el rodaje de “El árbol de la vida”, empotró su bólido contra un poste de teléfono y desfiguró su rostro contra el salpicadero del automóvil cuando salía de una fiesta en la mansión malibuense de Elizabeth Taylor, coprotagonista de la película y una de sus mejores amigas desde que rodaron juntos “Un lugar en el sol”; ubicaciones ambas, la mansión y el sol, desde las que emprendió camino hacia la madrugada brumosa y enroscada de las colinas de Bel Air. Elizabeth, avisada por un testigo presencial del accidente, llegó al lugar del siniestro a tiempo para salvarle la vida a Clift, extrayéndole dos dientes voladores que se le habían clavado a traición en la garganta y le estaban ahogando la belleza melancólica y la no menos melancólica laringe, aunque no pudo evitar la espiral de autodestrucción, ya incipiente antes del empotramiento telefónico aunque acelerada a partir de la consiguiente cirugía facial de plástica reconstrucción hasta pergeñar el que fue considerado como el suicidio más largo de Hollywood: el lunes desayuno un batido de bourbon y seconal, el martes me preparo un lunch a base de ginebra y Doriden, el miércoles almuerzo una tortilla de Nembutal y ron añejo, el jueves meriendo una ensalada de Luminal y scotch, el viernes ceno un batido de ansiolíticos, el sábado me preparo una cena de antipsicóticos con whisky a gogó, y el domingo ayuno en los brazos siempre acogedores del abismo que me viene reclamando con progresiva insistencia hasta infartarme el miocardio de drogas y oscuridad, mientras le regalo a mi amiga Elizabeth, engarzados en oro, los dientes que tal vez debió dejar clavados en mi garganta para no dilatar diez años mi muerte anunciada. La última película de Monty, la hustoniana “Vidas Rebeldes”, fue asimismo la última en la que participaron Clark Gable, quien ya había vivido y actuado lo suyo y se unió a la posteridad con cincuenta y nueve años y tan cardíacamente atacado como Clift, y Marilyn Monroe, barbitúricamente sobredosificada a los treinta y seis y glorificada en proporción ascendente en la escala del mito. Hollywood´s things.

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