La Chana: el regreso del mito que venció a la soledad

Jesús Quintero y La Chana, ayer en La Térmica. /Fernando Torres
Jesús Quintero y La Chana, ayer en La Térmica. / Fernando Torres

Jesús Quintero entrevista a la bailaora en la apertura del ciclo ‘Flamenco: tan lejos, tan cerca’ de La Térmica

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

La Chana se olvidó de sus quejíos, de sus tacones y de la furia de sus pies. El lento pero intenso replicar de los años la alejó del mismo duende que un día conquistó al actor Peter Sellers, que la invitó a Hollywood y con quien compartió escena en ‘The Bobo’ (1967). La artista fue una estrella reluciente en los sesenta y parte de los setenta que recorrió el mundo predicando el baile jondo, hasta que la obligaron a retirarse a los 33 años, en lo más alto. En marzo de 2017 se estrenó un documental sobre su vida, dirigido por Lucija Stojevic, una cinta que narra el regreso de La Chana a los escenarios tres décadas después, y que no deja de acumular premios alrededor del mundo. Ayer inauguró la primera sesión del ciclo ‘Flamenco: tan lejos, tan cerca’, en La Térmica.

Tras la proyección del documental, el eterno ‘Loco de la colina’Jesús Quintero se encargó de entrevistar a Antonia Santiago Amador –nombre real de la artista, abuela ‘postiza’ de la bailaora malagueña Rocío Molina–. En las imágenes grabadas por Stojevic, La Chana deja ver que para ella el baile era «un laberinto» en el que los deseos más íntimos luchan por salir y esconderse al mismo tiempo. En este revoltijo residía su magia, que rompió los esquemas del baile flamenco gracias a la constante quiebra de los tiempos y los ritmos. El documental es una alegoría sobre el eterno conflicto entre el cansancio y la pasión, que mezcla los vivos colores de su tranquila vida tras haber abandonado los escenarios con el blanco y negro del pasado en el centro de los focos.

Sobre esta dicotomía y otros derroteros preguntó Quintero, que no tardó en conectar con La Chana –una química que se trasladó de inmediato a los asistentes, que abarrotaron la sala de presentaciones de La Térmica–. «¿Qué aplauso recuerdas con más intensidad?», comenzó el periodista. En su primera respuesta ya se dejó ver la humildad y la naturalidad con la que Antonia vive el arte: «Cuando termino de bailar no escucho nada, me quedo quieta, mirando adentro…». «¿Y cuál ha sido tu mayor fracaso?», continuó Quintero. Ella respondió rápido, sin dudar: «Mi mayor fracaso ha durado 35 años: bajarme de los escenarios en el mejor momento».

«Desde el alma»

En la conversación que mantuvieron La Chana y Quintero, hubo tiempo para tocar todos los palos. «Ay, Jesús, me haces unas preguntas muy comprometedoras…», decía ella. El periodista le pidió que se mojara con respecto a la situación que vive el flamenco, y la artista, «desde la modestia», reivindicó su faceta improvisadora frente al ‘flamenquito’ confeccionado de hoy en día: «Cuando se rompen las paredes del alma sale la verdad, por eso yo antes de bailar me voy a un rincón oscuro en el que no me ve nadie». Explicó que aprendió a bailar escuchando la radio, «viviendo la bulería», sin vídeos ni lecciones, «desde el alma».

A pesar de estar sentada, no pudo evitar taconear al compás de sus historias. Su relato era una bulería, plagada de anécdotas y momentos repletos de alegría y luz. Desde la fe en ‘Cristo todopoderoso’ hasta Camarón y Paco de Lucía, «genios» con los que convivió la bailaora. «¿De qué te ha salvado el arte?”», profundizó Quintero. Ella confesó: «Aunque me he pasado media vida callada, me ha salvado de la soledad». En este punto se decidió a hablar de los males del poder del hombre sobre la mujer, que la apartó de los escenarios: «No sé salir a la calle sola, nunca me dejaron, iba sin llaves y sin carnet de identidad». La Chana abandonó los escenarios porque su pareja le obligó, porque cuando bailaba se sentía «libre», podía ser ella misma, sin más. Ahora, con su regreso, se le ha «rejuvenecido el alma», aunque le duelan las rodillas.

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