La Catedral de Málaga se reencuentra con Iribarren

El público llenó la Catedral para disfrutar del concierto. /Ñito Salas
El público llenó la Catedral para disfrutar del concierto. / Ñito Salas

Cientos de personas acuden al gran concierto de Navidad, unade las principales citas del año

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Sonaban las campanadas para marcar las siete y media de la tarde. Una hilera de personas unía la plaza del Obispo con la Puerta de las Cadenas de la Catedral. El atardecer precedía uno de los encuentros que marcan el inminente arranque de las fiestas en la ciudad: el concierto de Navidad en el interior de la iglesia mayor. Este año, el protagonista de la velada fue uno de los maestros de capilla más prolíficos que han pasado por el templo, Juan Francés de Iribarren. Para conmemorar los 250 años de su muerte, los villancicos que sonaron fueron rescatados del archivo catedralicio por Antonio del Pino, organista de la Catedral y director de la Capilla de Música Maestro Iribarren. Esta formación fue la encargada de hacer sonar anoche el interior del ancestral edificio.

Juan Francés de Iribarren, maestro de capilla en el siglo XVIII, protagoniza el evento por el 250 aniversario de su muerte

El programa estuvo compuesto por las obras más populares y festivas de Iribarren, caracterizado por su intelectualidad a la hora de componer. Los asistentes presenciaron un evento en el que no sólo pudieron escuchar la faceta menos conocida del compositor: todas las obras fueron interpretadas por primera vez desde que se archivaron en el siglo XVIII, dando lugar a un reencuentro único e irrepetible.

La Capilla de Música Maestro Iribarren contó con las voces de los solistas Cristina Bayón, Lourdes Martín, Jorge E. García (contratenor) y del tenor Luis Pacetti. Además, una veintena de músicos de voz e intérpretes de instrumentos antiguos cerraron el círculo, haciendo sonar la Catedral sin la ayuda de los órganos gemelos. Antonio del Pino dirigió a los músicos a través de un programa cargado de festividad barroca en el que el hilo conductor del concierto fueron las historias narradas por una voz blanca, que ponía en contexto los villancicos: «¡Cantemos pastores, una pastorerita!».

Tono costumbrista

‘Un pastor muy jacarero’, compuesta en 1760, fue la pieza con la que arrancó el encuentro. Ya en la introducción se apreciaba el inusual tono cómico y costumbrista con el que Iribarren quiso animar a los feligreses de la época a que visitaran el tempo en los días de Navidad. «Muy buenos días a todos, les ha dado su venida y Nochebuena tendrá quien tuvo tan buenos días». No sólo las letras marcaron el tono festivo de la música: el ritmo barroco de las piezas, algunas muy próximas el fandango como ‘Vaya, vaya jacarilla’, escrita en el 1759, hizo que muchos de los asistentes movieran los pies al compás de la pandereta pese a lo sobrio del entorno.

Concierto de Navidad con obras de Iribarren.
Concierto de Navidad con obras de Iribarren. / Ñito Salas

El toque pausado (y cómico) lo puso ‘Un zagalillo’, villancico creado en 1755. A lo largo de la canción, la solista y el resto del coro jugaron entre preguntas y respuestas, emulando una conversación entre un «chiquillo» que se ha vuelto loco en el portal y en los alrededores clama «y yo con ellos, conmigo y mi contento, dije al Niño polido que vi atento». El villancico que dio nombre al concierto, ‘Desde Málaga esta noche’, fue el antepenúltimo en sonar. Esta pieza recorre los barrios de la ciudad y la forma de vida de sus calles tal y como era en 1757. «Del barrio de Capuchinos vengo buscando unas peras, para ese barrio el echarlas a la buena barba es fuerza». Barrio Alto, el Perchel, la Victoria y la Trinidad compusieron una de las piezas más aplaudidas por lo peculiar de la letra y la estructura.

El concierto de Navidad en la Catedral siempre despierta un gran interés en la ciudad. Ayer, un año más, se agotó el aforo. Desde la nave central hasta las laterales; los bancos estaban llenos y algunos asistentes ocupaban los márgenes en pie. Los más rezagados siguieron a los músicos desde la pantalla. Nadie quería perderse la oportunidad de revivir por primera vez los villancicos de Iribarren.

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