Canto a la poesía y al humor en Oviedo

Los componentes de Les Luthiers, tras recibir de manos del rey Felipe el Premio Princesa de Asturias 2017 de Comunicación y Humanidades. :: José Luis Cereijido / Efe/
Los componentes de Les Luthiers, tras recibir de manos del rey Felipe el Premio Princesa de Asturias 2017 de Comunicación y Humanidades. :: José Luis Cereijido / Efe

Adam Zagajewski y Les Luthiers reivindican el poder de sus disciplinas para hacer un mundo mejor

DANIEL ROLDÁN

Al niño Adam Zagajewski, España le parecía un lugar exótico, lejano, maravilloso y legendario. Un lugar donde el sol brillaba mucho más que en la Gliwice donde se crió tras ser expulsado de su Lviv natal. Miles de polacos tuvieron que abandonar sus casas en el ahora oeste ucraniano por la redefinición de las fronteras, consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Este «hijo del aire, la menta y el violonchelo», como recordó el Rey, al que el Gobierno polaco le prohibió publicar en 1976, recordó en el teatro Campoamor de Oviedo el valor de la poesía, un proceso que «había empezado antes de Homero y que perdura hasta nuestros días, pasando por Antonio Machado y Zbigniew Herbert», poeta de su misma ciudad. Recordó a Ovidio o Wislawa Szyborska en un mundo en el que solo se quiere hablar de «la comunidad y la política» y poco del alma y de lo espiritual. «Las sociedades se secularizan rápidamente. Los que hoy defienden la religión a veces acuden a técnicas sociopolíticas detestables. La religión con excesiva frecuencia se alía con la extrema derecha», reflexionó.

Ante este panorama, el Princesa de Asturias de las Letras afirmó que no es un momento propicio para la poesía. «No está de moda. Las novelas policíacas, las biografías de tiranos, las películas americanas y las series de televisión británicas están de moda. La política está de moda. La moda está de moda. Las relaciones están de moda, la sustancia no está de moda», enumeró. «Las bicicletas y los patinetes están de moda, los maratones y los medio maratones, la marcha nórdica; no está de moda detenerse en medio de un prado primaveral ni la reflexión. La falta de movimiento es nociva para la salud, nos dicen los médicos. Un momento de reflexión es peligroso para la salud, hay que correr, hay que escapar de uno mismo», añadió el premiado.

El poeta, cuando era niño, pensaba en el país de Don Quijote, de caballeros y de princesas. «Ahora estoy aquí y soy el invitado de una princesa», indicó. Invitado como Les Luthiers, que se acordaron de esa «familia española» formada por José Luis Coll, Miguel Gila, Tricicle, Joan Manuel Serrat, Pepe Caturla o Rafael Estrella cuando recibieron el premio de Comunicación y Humanidades. Marcos Mundstock fue el encargado de poner voz al grupo argentino y a los cómicos. «Vamos a echar de menos esas nominaciones que nos llenaban de incertidumbre, de ansiedad, de frustración. Es que habíamos llegado a encariñarnos con el hecho de ser candidatos», bromeó Mundstock, que recordó a los desaparecidos Gerardo Masana y Daniel Rabinovich.

El grupo está más que nunca agradecido a esa «bendita profesión» que es el humorismo. «Mejora la vida, permite contemplar las cosas de una manera distinta, lúdica, pero sobre todo lúcida, a la cual no llegan otros mecanismos de la razón», explicó Mundstock. «Nuestra mayor satisfacción es habernos ganado con la ayuda de la música, unos raros instrumentos y la exuberancia y las ambigüedades del castellano, un lugar en el humorismo», apuntó el intérprete, encantado como sus compañeros de formar parte de esa lista de argentinos que han ganado un Princesa de Asturias: Raúl Alfosín, Mario Bunge, Daniel Barenboim y Quino. «Nunca podremos agradecerles lo suficiente tantas horas de risas y buen humor reconociendo nuestras carencias, errores y defectos en sus bromas», comentó Felipe VI que destacó que los premios Princesa de Asturias 2017 se han inclinado hacia el «esfuerzo conjunto». Como el de la Unión Europea, la Hispanic Society of America o los All Blacks. «Un ejemplo de diversidad, de fusión de culturas y tradiciones. Un impagable ejemplo, sobre todo para los niños y jóvenes del mundo», señaló el Rey sobre la selección de rugby neozelandesa. Cuatro de sus miembros realizaron la tradicional 'haka' en el escenario para deleite de todos los espectadores.

Ese espíritu de cooperación, recalcó el jefe de Estado, se aprecia en el premio de Investigación Científica y Técnica, que recayó en los doctores Rainer Weiss, Kip S. Thorne y Barry C. Barish. Son las caras visibles de los más de mil investigadores de un centenar de instituciones de 18 países que conforman LIGO, «un ejemplo de cómo un gran proyecto necesita mucha participación». «Sabemos que el fin último de su dedicación, como buenos científicos, es mejorar la vida humana y fortalecer nuestro progreso y nuestro bienestar sobre la Tierra. Nuestro deseo es que sepan que no están solos, que contemplamos su trabajo con admiración y respeto», ensalzó Felipe VI en su discuso. Una ceremonia marcada por los aplausos que recibieron los responsables de la Unión Europea tras sus discursos.

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