Del califa expansivo al emperador belicoso. Abderramán III e Hirohito

Del califa expansivo al emperador belicoso. Abderramán III e Hirohito
Albas y Ocasos

Tal día como hoy nacía Abderramán III, que ya alandalusamente heredado se puso el califato por montera, y moría Hirohito, a quien al finar le endosaron el nombre póstumo de Showa, que significa Paz Ilustrada

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Abderramán III, que ya alandalusamente heredado se puso el califato por montera, y moría Hirohito, a quien al finar le endosaron el nombre póstumo de Showa, que significa Paz Ilustrada.

Abderramán III. De 7-1-891 a 15-11-961

El siete de enero del año 891 nacía en la ciudad de Córdoba, que por aquellas fechas era aún Qurduba, Abd Al-Rahman el tercero, cuyo nombre sería después cristinianizado fonéticamente como Abderramán. La primera infancia de Abd Al-Rahman transcurrió en el harén de su abuelo, de profesión emir cordobés, y rodeado el sucesor alandaluseño por las esposas y concubinas del patriarca, además de por una notable cantidad de servidores, esclavas, amas de cría, comadronas y eunucos, y de una tía irascible que fue hermana uterina del asesino de su padre, la cual le suministraba al infante unas somantas de palos que duraron hasta que murió el abuelo y Abderramán se puso el califato por montera y envió la tia pegona a contar dátiles al oasis más lejano mientras él proclamaba su intención de recuperar el prestigio perdido por los anteriores califas omeyas y se ponía manos a la obra: ahora convierto Córdoba en la ciudad más esplendorosa de la Europa occidental y fundo en ella setenta bibliotecas y una universidad; a continuación voy y conquisto el estrecho de Gibraltar hasta llegar a Ceuta, Melilla y Tánger y de ahí me marcho a someter a los almerienses que andan desnortados, a los sevillanos que me quieren bloquear el Guadalquivir, a los zamoranos que se me han desbandado y a los tarraconenses que se me independizan sin referéndum ni nada; después voy y me construyo sobre un espolón de Sierra Morena la ciudad palatina de Medina Azahara donde introduzco el cultivo de la sandía y las naranjas para los calores sureños y de las berenjenas para cenarlas con miel en las terrazas de mi alcázar … Y todo para que tras mi muerte abderramaniana se me empiecen a fragmentar los reinos de taifas y el califato quede definitivamente abolido y lleguen los cristianos de levante levantando territorios hasta que sólo quede el solitario reino nazarí de Granada que aguanta hasta 1492, fecha en que es católicamente reconquistado por la católica Isabel y su cónyuge Fernando el homónimo. Tanto monta monta tanto, Isabel como Fernando...

Hirohito. De 29-4-1901 a 7-1-1989

Mil noventa y ocho años después del nacimiento cordobés de Abderramán, moría en Tokio el emperador Hirohito, a quien al finar le endosaron el nombre póstumo de Showa, transitando de este modo de la nominativa Benevolencia Abundante a la Paz Ilustrada, sayonara baby que diría Terminator. Nacido en el tokiota palacio de Aoyama, Hirohito fue, según requería la tradición japonesa, separado de sus padres cuando era aún un nipón del tamaño de un pinypon, y educado por preceptores adoctrinados para enseñarle cuanto debe saber un heredero del imperio del sol naciente y que puso en práctica a partir de 1926, cuando su padre Yoshihito fue miocardado por un infarto agudo que lo descoronó de mala manera en menos que se tarda en decir chichi que, no me sean mal pensados, en el idioma del sol naciente significa “padre”. Ya sentado en el llamado Trono del Crisantemo sólo reservado a los soberanos del cielo que por aquellas latitudes llaman Tenno, Hirohito estrenó anticipadamente su sobrenombre de Paz Ilustrada entrando sarcásticamente a saco en la guerra, la Segunda Mundial para más señas, y mandó a sus kamikazes, niponamente conocidos como vientos libres, a surcar los cielos del Pacífico para inmolarse contra los objetivos voladores enemigos y, a pesar de la prohibición de la Sociedad de Naciones, sus armas químicas a gasear un poco a los chinos que se resistían tenazmente a ser invadidos Manchuria abajo. Después de que los atómicos Little Boy y Fat Man le dejaran Hiroshima y Nagasaki como los mismísmimos chorros del uranio, Hirohito fue enjuiciado como criminal de guerra mientras sus militares se iban suicidando que daba gloria o miedo verlos, dependiendo de la perspectiva patriótica, y aunque no llegó a los tribunales fue oficialmente conminado a renunciar a su estado divino y, ya vulgarmente humanizado, a convertir la soberanía imperial en monarquía constitucional, tras lo cual se dedicó a la biología marina hasta que un cáncer de páncreas le dejó el órgano abdominal como un sashimi caducado y de paso entronizó a Akihito, cuyo significado nominativo es el de “persona distinguida”. Distinguidamente, arigatô.

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