El Brujo: «Me subió la tensión por una inspección de Hacienda, ser un corrupto debe ser un sinvivir»

El Brujo jace parada en Málaga por tercera vez en menos de un año. / Salvador Salas

El "orador ambulante" debuta hoy en el Teatro Romano de Málaga con 'El asno de oro'

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Cuando llega al hotel de Málaga parece que nunca se fue. "No salgo de aquí", cuenta que le dijo entre risas al recepcionista. Por tercera vez en menos de un año, Rafael Álvarez 'El Brujo' hace una parada en la ciudad, pero cada una de ellas es totalmente diferente. Esta vez le trae a Málaga su debut en el Teatro Romano, un escenario histórico para un texto clásico: 'El asno de oro', la precursora de la novela picaresca, de Lucio Apuleyo, "un orador ambulante, como yo". El Brujo ofrecerá su versión de esta obra, que ya inspiró a Kafka, Shakespeare y Cervantes, desde hoy y hasta el sábado (22.00 horas, entre 20 y 25 euros).

Antes de subirse a esas piedras milenarias, El Brujo habló sobre la obra en el patio del Museo de Málaga, en una rueda de prensa que por momentos parecían escenas de su obra. Irónico, divertido y hablador, el actor prefería sentarse en un banco a charlar de forma distendida con la prensa que colocarse frente al atril instalado para la presentación. "Demasiado institucional", decía entre dientes. Pero el protocolo manda y El Brujo tomó su lugar junto a la delegada de Cultura de la Junta, Monsalud Bautista. Con su sentido del humor habitual y su habilidad oradora, transformó la convocatoria en una reflexión filosófica que hizo público en el museo.

'El asno de oro' relata con ironía las peripecias de un hombre noble que se convierte en burro por sus ansias de tener más. En este caso, quería más potencia sexual para conquistar a una mujer. Experimentando con productos y sustancias, se equivoca y acaba dentro de la piel de un asno. En su camino hasta encontrar la forma de volver a su ser, el animal ofrece un retrato de la sociedad romana del siglo I d.c. "Lo que tenemos aquí de corrupción es Finlandia comparado con el Imperio Romano", asegura. Apuleyo aporta una "reflexión interesante" sobre este mal: "que no nos extrañe que la sociedad se corrompa cuando los valores son la podredumbre y no la virtud".

El Brujo se trajo hasta nuestros días esa realidad y mantuvo que robar a las instituciones "puede ser una oportunidad a corto plazo, pero es la causa del deterioreo ético y material, es la causa de la ruina". Todos, o casi todos, acaban en la cárcel y "les veo unas caras de estrés, que deben de estar pasándolo fatal". Ser corrupto, dice, "debe ser un sinvivir" que a él no le compensaría "ni por todo el oro del mundo": "Una vez estuve 15 días sin dormir por un pleito y me subió la tensión por una Inspección de Hacienda".

En su versión, El Brujo insinúa más que hacer referencias directas a la situación actual. No quiere quedarse en la anécdota del 'caso tal o cual', sino que se hace eco de la reflexión filosófica de Apuleyo que va "a la raíz de la condición humana que lleva hasta ese extremo", y en eso no importan "la izquerdas o derechas, el centro, el norte o el sur". En cualquier caso, recuerda que los grandes filósofos no son nada moralistas, "llegan a un grado de comprensión de la condicion humana que no condenan a nadie". Por eso él, releyendo a los clásicos, puede llegar incluso entender a algún cargo público: "Está sometido a una presión y una tentación mayor que el pringao", indica.

Los filósofos no condenan, pero sí dan lecciones. En 'El asno de oro', el protagonista perderá la apariencia de burro si se alimenta con rosas, según le plantea la diosa Isis. Es decir, "si el ser humano se alimenta de la belleza, dejará de ser un animal". Tomen nota.

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