Bolívar se luce en Sevilla en una buena tarde de La Palmosilla

La lluvia, protagonista una vez más en la Feria de Abril, condicionó buena parte de la corrida

BARQUERITO SEVILLA.

Nunca se había jugado en la feria de Abril una corrida de La Palmosilla. En el estreno, tres toros cinqueños, que se abrieron en lotes distintos. El primero, el de más romana, fue uno de esos tres. Toro con plaza, negro muy lustroso, levantado, pero más frágil que cualquiera de los otros. Se abrió de manos antes y después de picado, esperó tanto en banderillas que hasta el gran Carretero hubo de clavar de sobaquillo y solo un palo, se dolió y claudicó. Se había pedido la devolución sin éxito y no dejaron a Luis Bolívar insistir.

La corrida trajo, en efecto, un toro de buena nota. El cuarto. El destino se disculpa: para compensar a Bolívar. Poderoso Bolívar con la mano diestra, remates de pecho muy bien tirados, templados naturales, un final de frente y a pies juntos. Buen trabajo. El toro rodó sin puntilla.

Los dos toros del lote de Joselito Adame fueron correosos y, como todos los toros celosos, bastante pegajosos. Descarado el segundo de corrida, de nervioso brío; de muy aparatosa culata el quinto, que fue del terceto de cinqueños. El uno, algo descompuesto después de haber abierto Adame faena por impasibles estatuarios -cinco en ristra- cosidos con el del desdén y el de pecho. El otro, que estuvo a punto de descabalgar al piquero -ataque al caballo con el pecho y no los riñones-, adelantó por las dos manos y pesó mucho en los medios, donde Adame se aventuró a torear o a sostener el duelo sin perder la cara.

La lluvia, que durante la mañana y la sobremesa cayó en Sevilla a jarros, solo fue un chispeo suave a principio de corrida, pero reapareció recia cuando Joselito trabajaba con ese quinto tan pegajoso. De esa habilidad privativa de Joselito hubo muestras en la primera de sus dos faenas: la manera de perder pasos al ponerse por la mano izquierda, por ejemplo, o su afán sin duelo para intentar entenderse con el punteo del toro o con sus embestidas rebotadas y revoltosas. En los medios y sin red fue también esa primera faena, que arrancó de un apasionado paisano un clamoroso viva a Aguascalientes. Joselito tuvo el detalle de recibir con la espada el toro casi en los medios, pero pinchó. En el segundo intento, por derecho, cobró una estocada tendida, tocó descabellar, el trasteo se había ido de tiempo y justo cuando doblaba el toro sonó un segundo aviso.

Sobre la corrida toda estuvo flotando la sombra de Pablo Aguado y sus dos soberbias faenas de solo la víspera. En función de ellas se midió inevitablemente a Bolívar, a Adame y, sobre todo, a Rafael Serna, que, igual que Aguado, tomó la alternativa en Sevilla el pasado septiembre y toreaba solo la segunda corrida de su carrera, marcada por dos serios percances. Serna llegó por momentos a componerse con un tercero muy frágil, colín, pero de notable cuajo, y en una tanda con la izquierda se dejó casi ir. Los cites en uve fueron el recurso insuficiente cuando el toro adelantó por las dos manos. El sexto fue el coco de la corrida. Escupido del caballo, huido, querencia de chiqueros, adonde huyó no una sino hasta cuatro veces, pero sin parase en ellos. Lidiado de cualquier manera y bajo un diluvio, distraído y violento, un saco de problemas, el aire correoso de los dos toros de Adame, pero multiplicado por dos. Para general sorpresa Serna brindó al público.

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