QUÉ BIEN, RAMÓN

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Nada más difícil que hablar con distancia crítica de la obra de un amigo, enjuiciar lo que sabes le ha costado sueños y desvelos. Y nada más deshonesto para quien opina que no advertir de este hecho: conozco a Ramón Salazar desde hace casi un cuarto de siglo. Él en su aspecto sigue casi igualito a aquel joven que tras sus pinitos teatrales en Alhaurín de la Torre deslumbró con su corto 'Hongos' y llegó al Festival de Berlín con 'Piedras', ese primer largo que todavía conserva legión de seguidores que repiten aquel mítico 'Qué bien Lisboa, Javier'.

Ese espíritu juvenil le permite ahora a Salazar rodar sin miedo con adolescentes la nueva serie que prepara Netflix, llamada 'Élite'. Pero los años no pasan en balde. Qué mal, Ramón: o ganamos peso o perdemos pelo o todo a la vez. Aunque en tu caso sólo ha mutado, ah, tu manera de dirigir. Y ha ganado peso gracias a perder aquel pelaje juvenil de querer contarlo todo. Siempre tuviste olfato para poner la cámara en su sitio, para dirigir a actrices, para cuidar el detalle. Y ahora has aprendido que los silencios son igual de elocuentes; has dejado las cabriolas de '20 centímetros' y has apostado por el buceo sentimental seco, ya abierto en canal en '10.000 noches en ninguna parte', quizá tu obra más personal.

Estos días tus conocidos hemos estado expectantes por tu regreso a la Berlinale con 'La enfermedad del domingo'. La nueva película de Salazar ha sido para 'Variety' una de las diez sorpresas de este año en Berlín, toma ya. Así que este fin de semana tu pandilla malagueña ha convertido las puertas del cine casi en las del Materno: con mensajes cruzados para ver qué cara tenía el niño, o sea el filme. Y ya te digo que nos encanta cómo les sacas las túrdigas interpretativas a Bárbara Lennie y a Susi Sánchez, esa hija y esa madre enfrentadas en un paisaje frío que las descongela hasta acabar en un lago de dolor. Has refinado tu estilo y aunque casi no te reconozcamos, sabemos que ahí sigue intacto ese talento que nos es tan familiar, ahora adaptado al tiempo y a la madurez. Ole tú.

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