Bicoca

Antonio Garrido
ANTONIO GARRIDO

El periodista del informativo de 24 horas narra que la selección portuguesa ha vencido a la de Nueva Zelanda de manera contundente pero que el partido no ha sido exactamente una bicoca. Muchos lectores habrán entendido que la victoria no fue todo lo fácil que la palabra significa: algo que se consigue sin apenas esfuerzo; quizás, haya alguno que no conozca el origen del término y de su sentido.

Damos un salto en el tiempo y nos trasladamos a un pueblecito muy cercano a las murallas de Milán. Hoy no existe, es un barrio de la gran ciudad, queda el nombre, el barrio de Bicocca. Corre el año 1522 y España y Francia están en guerra, como casi siempre,

El emperador Carlos I de España, el César Carlos, se ha aliado con el papado con el fin de conquistar el Milanesado y, claro está, la capital de la región. Enfrente, con mayores efectivos, están los franceses, aliados con Venecia. La procedencia de las tropas era variopinta y no faltaban los mercenarios; ambos ejércitos; destacaban los suizos, la temible infantería helvética, muy quejosa porque le debían varias pagas. Servían a Francia.

Colonna era el general que mandaba a los españoles, por unificar, ya que había también alemanes e italianos. Los dos contendientes se prepararon para la acción. Colonna se situó en una colina no demasiado elevada y esperó. Los mercenarios suizos, convencidos de su superioridad numérica y técnica, exigieron atacar de inmediato y así se hizo. En orden perfecto avanzaron las líneas de piqueros. Empezaron a subir la loma y aminoraron la velocidad. Colonna, con una gran frialdad, siguió esperando. Cuando los tuvo a tiro ordenó una descarga cerrada de los arcabuceros. La masacre entre los suizos fue importante.

Este momento fue clave para la evolución de las tácticas militares. La pólvora se impuso al acero y ya nada sería lo mismo. No faltaron los tratados sobre la inmoralidad del uso de la artillería, que impedía el cuerpo a cuerpo, el combate entre caballeros en plan de igualdad. ¡Si los tratadistas conocieran las guerras de hoy se hubieran horrorizado! ¿Dónde están el honor y la caballerosidad?

Los suizos se retiraron. En el ejército del emperador solo hubo una baja. Un soldado murió por la coz de una mula, bien poco tributo a Marte y, desde luego, nada heroico. De ahí viene la palabra y el significado.

Vuelvo al fútbol para destacar que en el lenguaje deportivo se ha refugiado el léxico bélico con todo su poder de impresionar al receptor; aunque la política se va acercando a gran velocidad y aquello de las buenas formas parlamentarias va camino de quedar en el pasado.

No dudo de la buena voluntad de las personas que quieren que el idioma sea un remanso de paz, un lugar idílico, ¡pobrecitas mías! El lenguaje es el mundo y contiene las pasiones, los sentimientos extremos, la bondad, la tolerancia, la mala leche, el odio. Todo lo anterior es esencia del sistema y palabras y estructuras como: ataque, defensa, contraataque, victoria, derrota, táctica envolvente, fuerza, adversarios, dominio de la pelota, retirada, escuadra, soldados, disputa, lucha; e incluso, léxico específico, por ejemplo, el dedicado a la pelota que se convierte en bala, misil, obús, son una realidad de imágenes bélicas.

Otros ejemplos nos llevan al enfrentamiento entre dos jugadores, que puede llegar a las manos, a la defensa que quedó derrotada, a aquel partido que fue una batalla campal, el capitán que llevó al equipo a la victoria, a la derrota humillante, a los héroes de la liga, y así podría seguir. Hay quien plantea que se suprima esa manera de hablar. ¿Qué de dictadores salen en cada esquina! ¡Qué de ingenuos! ¡Qué ignorantes! A Vladimir Nabokov le preguntaron en una entrevista la prelación de las cosas que le desagradaban. La primera que dijo fue la estupidez y no le faltó razón. El idioma puede ser manipulado pero solo en una parte y por decreto no se puede obligar a que Ronaldo le diga a Messi: Por favor, dele usted primero; a lo que Lionel respondería: De ninguna manera, usted primero y si quiere le digo al portero que se quite.

Para acabar por hoy, lo haré con una pincelada de lenguaje político, mina eterna de placeres lingüísticos. Hace unas semanas una diputada, da igual que hubiera sido un diputado, afirmó reiteradamente desde la tribuna de oradores: Las familias monomarentales...., ante la extrañeza de algunos que le indicaron que la palabra es monoparental en su uso genérico, con mal gesto y casi en jarras, espetó que la RAE no puede mandar en el idioma. ¡Pobre cuitada! La que no puede mandar es ella, que no por gritar y parecer ¿moderna? lo es. Se habrá ido a su casa muy orgullosa para seguir disfrutando de su demagógica ignorancia. Le pongo un castigo. Señora, busque en la RAE la palabra ignara y aplíquesela.

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