El bello Frankenstein de ‘Litoral’

‘La lección de música’, de René Magritte/Sur
‘La lección de música’, de René Magritte / Sur

La revista rinde culto al cuerpo creando su propia criatura a partir de la poesía y el arte

Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

El laboratorio del Doctor Frankenstein ha vuelto a cobrar vida en las páginas de ‘Litoral’. El último número de la revista rinde culto al cuerpo y para ello ha creado su particular monstruo. Aunque se trata más bien de una criatura bella, con múltiples caras, torsos desnudos y el inconfundible aroma a papel de la revista. «Hemos construido un Frankenstein o moderno Prometeo, un cuerpo, exquisito, sostenido por el arte y la poesía», explica el propio director de la publicación, Lorenzo Saval, que junto a Antonio Lafarque ha dado vida a su propia quimera con la complicidad de autores presentes y pasados.

Antonio Muñoz Molina, Aurora Luque y Esteve Riambau reflexionan sobre la desnudez, la belleza clásica y el cine en el nuevo número

Desde el humor quevediano de «Érase un hombre a una nariz pegado» a los pechos que matan de Luis Alberto de Cuenca, ‘Litoral’ revisa de arriba abajo la representación del cuerpo en los versos. Como los que susurran a la oreja de Pablo Neruda, los que pronuncian la bella boca de Jorge Guillén o atrapa la mano imposible de Federico García Lorca. Piezas de este Frankenstein compuesto por centenares de poemas y de obras artísticas que repasan de los pies a la cabeza la representación del cuerpo humano a través de las artes.

Litoral: el cuerpo

Número:
264.
Editorial:
Revista Litoral. 272 páginas. España. 2017.
Precio:
30 euros.

Lorenzo Saval explica que este nuevo número está íntimamente relacionado con otras entregas previas de ‘Litoral’, como es el caso de ‘Ciencia y poesía. Vasos comunicantes’, que sostenía que «la vida es sólo una mezcla de química y estupor», y ‘La Locura’, en el que «la genialidad y el delirio se daban la mano». «Nos faltaba ‘El Cuerpo’, el pilar central de este escenario, ese instrumento del alma como lo llamaba Aristóteles», explica Saval en la introducción de la última entrega en el que la desnudez tiene gran protagonismo.

‘Walking torso’, de Andy Warhol (izquierda)
‘Walking torso’, de Andy Warhol (izquierda) / Sur

Precisamente de ella comienza hablando el escritor Antonio Muñoz Molina, que confiesa en su artículo que pertenece a una generación y a una época en la que «el cuerpo desnudo estaba proscrito en la fotografía y en el cine, pero ni siquiera el mucho más tolerado del arte nos era accesible». Una memoria que el novelista andaluz contrasta con la situación actual en la que «vivimos rodeados de imágenes de cuerpos en todos los grados posibles de exposición», aunque pese a esa sobreabundancia sostiene que, al menos los de su generación, siguen (vi)viendo el erotismo de Klimt o el desnudo de una estrofa de Leonard Cohen «como un viaje al mundo exterior y la libertad».

La poeta Aurora Luque acude a los clásicos griegos para retratar los cánones del cuerpo y la belleza. Una mirada en la que destaca a su predecesora en los versos Safo de Lesbos, ya que «nadie como ella describió las transformaciones, los transtornos y la agonía del cuerpo enamorado». Por su parte, la jefa de Conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza, Paloma Alarcó, repasa la representación del cuerpo en el arte del siglo XX; el crítico de cine Esteve Riambau viaja por la anatomía a través de la ciencia ficción de la gran pantalla y, finalmente, la artista y profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Málaga Blanca Montalvo pone el epílogo a este número tan corporal apelando al cambio, a la «mutabilidad» de la carne. «Aunque esto lo haga perecedero», admite con humana mortalidad.

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