BEBÉS DE PLÁSTICO ROSA

SORA SANS

No soporto los anuncios de muñecas. Hay algo en mí que rechaza totalmente todo ese concepto de rosas palo y rosas chicle, estrellas y lazos, en el que una niña de 4 o 5 años cuida de un bebé de juguete ¡que ahora llora de verdad! ¡con lágrimas reales! Como si ser padres fuese cosa de niños, o peor, como si ser padres fuese cosa de niñas -exclusivamente-. A esa edad en la que el cerebro se está formando, en la que los sentidos son esponjas que absorben toda la información del mundo que pueden, en la que podemos enseñar tanto... la naturaleza, la ciencia, la música, el arte. Tanto. El universo entero. Los valores, las habilidades personales que nos marcarán. Tanto. Y aparece una niña de 5 o 6 años cambiando los pañales de su bebé de plástico, paseando a su muñeco calvo en un carrito -siempre rosa- de último modelo, dándole de comer una papilla de plastilina. Recuerdo los juegos de química, los experimentos que me dejaban con la boca abierta y que consiguieron que las Ciencias fuesen mis asignaturas favoritas en la adolescencia. Recuerdo los juguetes de piezas con los con que podías construir un coche, una casa, una noria, un objeto imposible, lo que quisieras, y que hacían volar mi imaginación. Recuerdo los puzles, las bicicletas, los pinceles, las guitarras, el organillo. Y recuerdo a mis muñecas escuchando los conciertos que dábamos mis hermanos y yo. Recuerdo un horno amarillo con el que podías cocinar tartas de manzana de verdad calentadas con una bombilla. A mi hermano amasando y recuerdo que en la caja del horno no aparecían niños, solo una niña, la misma niña del anuncio del bebé. Esa niña no era yo, claro. Y quizás por eso no soporto los anuncios de muñecas, ni los de pistolas y armas con sus colores verde militar y gris radiante. No soporto la poca imaginación que hay que tener para seguir creando ese tipo de juguetes, que ya existían hace 30 años, cuando el mundo, este mundo, era algo diferente. La verdad, es que esperaba más del siglo XXI, algo más que bebés de plástico que ahora lloran lágrimas de verdad.

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