Beatriz González, entre el humor y el dolor

Beatriz González, entre el humor y el dolor

El Reina Sofía acoge la primera gran muestra europea de la influyente y desconocida precursora del pop | Reúne casi 160 obras de la 'maestra' del arte colombiano que «narra lo que la historia no puede contar»

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Entre el humor y el dolor bascula la sugestiva obra de la colombiana Beatriz González (Bucaramanga, 1938). La 'maestra' del arte colombiano fue una precursora del pop antes de que se acuñara el término y ella supiera nada de Warhol y compañía. Nunca antes había expuesto en Europa esta 'gran dama' del arte latino, cuya obra recala hasta septiembre en el Palacio de Velázquez del Parque del Retiro. Es la primera gran monográfica de una potente y singular creadora que «narra lo que la historia no puede contar», según Manuel Borja-Villel. El director del Reina Sofía la tiene por «una artista fundamental» que sitúa entre «las más relevantes e influyentes del arte contemporáneo».

«El mundo es para ella un archivo que le permite narrar como metáforas lo que no está escrito, lo que la historia no puede contar, y escribir con sus obras lo que no está dicho», dice Borja-Villel de una artista «de íntima dimensión pictórica» que «entre la ironía, el humor y el dolor, se mueve en los intersticios de sus imágenes».

Ficha:

Qué:
Beatriz González
Dónde:
Palacio de Velázquez. Parque del Retiro. Madrid. www.museoreinasofia.es
Cuándo:
del 22 de marzo al 2 de septiembre de 2018.
Cuánto:
Entrada gratuita.

Su primera gran retrospectiva europea marca un hito en el reconocimiento de una creadora «no suficientemente conocida aquí», pero respetada y reconocida en Latinoamérica desde los 60 y consagrada internacionalmente en los noventa. Dividida en seis espacios, la muestra reúna casi 160 obras entre pinturas, dibujos, láminas, esculturas e instalaciones, realizadas entre 1965 y 2017. Con préstamos de museos y colecciones de todo el mundo, reconstruye la evolución del arte en Latinoamérica a través de una creadora «que ocupa un lugar único» según María Inés Rodríguez, comisaria de la muestra.

Ha renunciado al orden cronológico para relatar medio siglo de un trabajo «inspirado en los medios de masas» y en el que «inserta un dialogo entre las narrativas populares y la pintura formal» apropiándose y transformando obras de arte universal -de 'La Gioconda' y 'Última cena' de Leonardo a 'Almuerzo en la hierba' de Manet- en una obras que superan la convención del lienzo y el marco y se sirven de cómodas, mesas, camas, bandejas y toda suerte de utensilios como soporte.

Sonrisa helada

Colorida y lúdica en sus primeras etapas, su obra será luego espejo del dolor que asoló Colombia bajo la dictadura del narco y el terror. Activa y más que lúcida con 80 años, explicó González cómo el azar condujo sus primeros pasos y cómo «los objetos y los materiales me iban encontrando para conformar un inventario de curiosidades».

Un hecho crucial que cambió la historia y la política de Colombia, el incendio del Palacio de Justicia de Bogotá que dejó en 1985 un reguero de muerte, cambió su obra y le heló la sonrisa. «Volví a la tradición y contemplé la desolación de un país que sufría», dice. «No hay familia colombiana que no haya sufrido un tragedia y quise expresarlo», precisa González.

Convertida en una incisiva cronista de la cruel historia de una Colombia en la que la guerra y la violencia era parte de la vida cotidiana, «su trabajo no buscaba denunciar la violencia y la injusticia, sino hacer perceptible el dolor que éstas generan en la sociedad», resume la comisaria. Lo hace buscando una simplicidad formal que culmina en las estilizadas siluetas de las lápidas de 'Auras anónimas' (2009), la intervención que realizó en los columbarios del Cementerio Central de Bogotá junto a Doris Salcedo.Por una de esas carambolas del destino, expone González a escasos metros de su discípula Salcedo, la otra gran dama el arte colombiano, con quien comparte ese afán por expresar el dolor de su pueblo y cuya obra está en el cercano Palacio de Cristal.

«Nunca me tuve por un arista pop; soy anterior a Warhol y entonces sólo nos llegaba el expresionismo abstracto. Pero admito que muchas de mis obras están muy cerca de esa tendencia y que la empatía con el pop es innegable», dice González.

Su arte jocoso dejó paso a otro serio y dolorido «que quizá pese más en mi obra». «Si ponemos humor y dolor en un balanza, pesaría más el dolor», reconoce González, que se admira de su propia evolución. «Tengo cabeza, manos y sensibilidad», dice para aclarar que seguirá en la brecha mientras las fuerzas la respalden. Lo asegura ante el impresionante 'Telón de la móvil y cambiante naturaleza', una pieza de 1973 de siete por doce metros en la que revisa el 'Almuerzo en la hierba' de Manet y sobre la que pivota la muestra.

El Reina Sofía ha organizado la muestra junto al CAPC de Budeos, el museo de arte contemporáneo de la villa francesa donde se vio el otoño pasado, y el Instituto KW para el arte contemporáneo de Berlín, donde la exposición viajará tras su clausura en Madrid.

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