NO BAJARÁN

FRANCISCO GRIÑÁN

El Gobierno tiene los mejores guionistas. Ni a los escritores de películas se les hubiera ocurrido una escena más retorcida que la protagonizada el pasado jueves por el secretario de Estado de Cultura, Fernando Benzo, y el ministerio de Hacienda. Una comedia de poli bueno-poli malo con el primero anunciando que se bajaría el IVA al cine del 21 al 10%, a lo que Cristóbal Montoro no tardaba en negar la mayor y alimentar un poco más su leyenda de azote del cine español. Ante lo cual, el Ministerio de Cultura se apresuró a rebatir a su secretario de Estado y matizar que lo de la reducción del impuesto era un «deseo» para 2018. Como esos que se lanzan en Nochevieja para el Año Nuevo. De este vodevil, se pueden sacar un par de conclusiones. El ministro de Cultura in péctore sigue siendo el señor Montoro y, al menos, una parte del Gobierno reconoce el error del pasado verano tras dejar a las salas de cine fuera de la bajada del IVA a los espectáculos.

Así las cosas, no se divisa rebaja en las entradas de cine, que es la gran reivindicación de los espectadores. Aunque esperar que una futura reducción del IVA suponga que las localidades cuesten más barato sería ingenuo. Los exhibidores llevan repitiendo todos estos años -desde 2012- que ellos asumieron el incremento del IVA sin subir las entradas. Es decir que cuando el bocado de Hacienda sea menor, ellos no reducirán las tarifas. Un error porque, cuanto más barato, más gente va al cine. Y esto no es una opinión, sino una realidad. En Málaga tenemos el dudoso récord de pagar las entradas más caras de Andalucía, mientras que en Sevilla van muchos más espectadores a las salas -133.000 más- porque cada butaca cuesta medio euro menos.

Hasta 8,80 euros cobran algunos cines por un estreno, pero si miramos la cuenta entre espectadores y recaudación, resulta que los malagueños no son tontos, como dice el eslogan, ya que pagan de media 5,75 euros por ver una película. Un precio que conseguimos a base de promociones, días del espectador, tarjetas de fidelidad y otros trucos. No estaría mal que, en lugar de tanto descuento, redujeran esos precios falsos que tanto espantan a muchos espectadores y anunciaran las películas a 5,75 euros y punto. Muchas salas se llenarían. Y el futuro de los cines no se vería tan fundido a negro.

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