Aristófanes a la andaluza

Representación de 'Lysístrata' en el Teatro Cervantes. :: daniel pérez/
Representación de 'Lysístrata' en el Teatro Cervantes. :: daniel pérez

La compañía Las niñas de Cádiz estrena en el Echegaray su versión de Lysístrata y el Festival de Teatro se apunta otro lleno

TXEMA MARTÍN MÁLAGA.

Corría cierta expectación en los alrededores del teatro Echegaray por contemplar el primer estreno no malagueño que se celebra en la presente edición del Festival de Teatro de Málaga, y eso que hoy sábado vuelve a ponerse en escena. También teníamos curiosidad por calibrar el resultado de pasar por el pasapuré de las chirigotas y el humor andaluz este portentoso texto de Aristófanes que es uno de los más divertidos, feministas y dolorosamente vigentes de lo clásico. Las niñas de Cádiz son cuatro actrices: Ana López Segovia, Alejandra López, Teresa Quintero y Rocío Segovia y, con dramaturgia de las dos primeras, lanzan a escena una relectura desacomplejada, con equilibrio y con unos fogonazos de humor que coquetean durante toda la función con el trazo grueso y con la ordinariez, pero que se alza con su objetivo de hacer reír a la gente y, lo que es más difícil, sin ningún atisbo de traición al mítico texto original.

Esta versión respeta también el verso y añade muchas secciones cantadas con muy buenas voces, todo hay que decirlo, y que junto a la introducción y a la primera mitad del espectáculo fueron las protagonistas indiscutibles de los mejores momentos de esta función. En esta lectura Atenas es Cádiz. Esparta es Sevilla, lo cual también deja lugar a otras aportaciones que sólo podemos entender en Andalucía como «vete a la feria de Esparta, a ver si te dejan entrar» entre otros lances de pugna sevillista que además culminan con un final felicísimo. Hay un escudo hecho con Barbies que no puedes dejar de mirar y otras morcillas igual de agudas; la secuencia del orgasmo «que te empodera y te alegra el día» y la clase magistral de masturbación femenina esquiva la ordinariez con picaresca y resulta hilarante. No se puede decir lo mismo de otro tramo en la segunda mitad que se hace demasiado largo y un poco soez, y en la que dos personajes aparecen con dos sombreros en forma de glande y donde todo, salvando ese ingenioso 'reguetón' chirigotero, parecía sacado de una vulgar despedida de soltera y no de un espectáculo que pretende hacerle cosquillas a la historia y a nuestra inteligencia.

Dura solo un momento, tampoco importa demasiado. Primero, porque el propio texto de Aristófanes también puede llegar a resultar 'heavy', y segundo porque en esta obra la situación se corrige pronto para dar cabida a un tramo final que vuelve a la altura del principio. Puede que le falte una catarsis o que le sobren quince minutos, es verdad que habrá que limar algunas asperezas propias de un estreno, pero si se sientan delante y apagan los móviles van a disfrutar de la función, seguro.

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