Ardales, hogar de exploradores

Miguel Such, investigador malagueño, guió al francés Henri Breuil, uno de los primeros científicos en recorrer la cavidad./SUR
Miguel Such, investigador malagueño, guió al francés Henri Breuil, uno de los primeros científicos en recorrer la cavidad. / SUR

Los estudios de la cueva publicados en la prestigiosa revista 'Science' son el resultado de tres siglos de conservación, análisis y arqueología

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

A finales de febrero, la Cueva Prehistórica de Ardales ocupó portadas y titulares en España y Europa. El enclave formó parte de un estudio sobre el arte rupestre de la Península Ibérica cuyas conclusiones dejaron claro el valor de este lugar de la provincia de Málaga. Las paredes de la cavidad cuentan con las expresiones artísticas del ser humano más antiguas registradas hasta la fecha, realizadas hace más de 65.500 años –20.000 años antes de lo que se considera el inicio del arte–. Estos resultados suponen un giro en el debate científico sobre el origen de la raza humana, pero además son el reflejo del valor de la conservación y el estudio de los espacios históricos y su relación con las sociedades que conviven en el entorno. Este viaje arqueológico empezó hace casi trescientos años y tiene como protagonistas algunos de los nombres propios más singulares de las distintas épocas de la sociedad malagueña.

Como muchos de los hallazgos más trascendentales de la historia, la Cueva de Ardales emergió de la tierra por casualidad. «Fue descubierta en 1821 como consecuencia de un terremoto que colapsó el tapón de escombros que obstruía la boca de acceso», señala el responsable de patrimonio del Ayuntamiento de Ardales y uno de los principales investigadores del paraje, Pedro Cantalejo. El historiador explica que en aquél entonces los primeros exploradores creyeron que se trataba de una «mina de piedras preciosas».

Estos primeros descubridores fueron Sebastián de Miñano, Francisco María Tubino y Pascual Madoz. En sus reseñas, según ha documentado Cantalejo, estos ilustrados «describen el descubrimiento, la propia cavidad desde parámetros precientíficos y reflexionan sobre varios restos de cráneos y mandíbulas petrificadas, sin llegar a admitir, salvo en el caso de Tubino, su relación con la Edad de Piedra». En aquél entonces la sociedad científica se negaba a aceptar que el ser humano pudiera fosilizarse por su «procedencia divina».

Equipo que descubrió la galería superior en 1981.
Equipo que descubrió la galería superior en 1981. / SUR

Tras la primera impresión, convencidos de que las formaciones minerales brillantes eran piedras y cristales preciosos, aprovecharon la cercanía de los balnearios de Ardales y Carratraca para mostrar la cavidad a cambio de dos reales. Durante este periodo la población se relaciona con la cueva desde una perspectiva meramente turística. De hecho, entre 1850 y 1852, Trinidad Grund, principal benefactora de Málaga en el siglo XIX, adquirió los terrenos para explotarlos como un complemento al balneario de Carratraca.

Pasó el tiempo y la cueva recibió una visita que cambió la forma en la que fue concebida desde entonces. El prehistoriador francés y sacerdote Henri Breuil, acompañado por el investigador malagueño Miguel Such, encuentra en una galería empinada nunca antes analizada una serie de pinturas y grabados que publica en 1921 en la revista francesa L'Anthropologie. Ya en 1925, el arqueólogo Hugo Obermaier incluye el arte rupestre de Ardales en la segunda edición del famoso manual 'El Hombre Fósil' lo que coloca el eje prehistórico malagueño –constituido por las cuevas paleolíticas de La Pileta (Benaoján), El Higuerón (Rincón de la Victoria) y la propia de Ardales–, dentro del inventario europeo, pero fuera del gran ámbito territorial Franco-Cantábrico.

Vela y Molina vuelven a la cueva años después.
Vela y Molina vuelven a la cueva años después. / Fernando Torres

Durante el franquismo, varios historiadores de renombre visitan la cueva pero las publicaciones no alcanzan demasiado prestigio. Breuil vuelve a hablar de Ardales en su compendio publicado en sus últimos años de vida profesional. De nuevo, los esfuerzos se centran en la cornisa Cantábrica con Altamira al frente de la investigación, y la Cueva –conocida durante muchos años como Doña Trinidad por su antigua 'propietaria'–, empezó a quedarse atrás en la investigación internacional.

Una nueva cueva

En el año 1981, la situación dio un giro inesperado. La Sociedad Excursionista de Málaga, con Pedro Cantalejo al frente, comienza a hacer prospecciones geológicas por toda la provincia con el fin de hacer un gran mapa en el que incluir todas las cavidades del territorio a través de la espeleología. Cantalejo recuerda que fue un periodo «muy bueno para el estudio de las cavidades», ya que hubo un gran salto hacia lo científico. «En todo ese trabajo hubo un gran golpe de suerte, y es que durante la creación del plano geológico el equipo hizo una escalada y apareció una cueva nueva». Se trata una la galería superior nunca antes explorada repleta de restos prehistóricos intactos.

Pepe Molina, Antonio Vela (miembros de ese primer equipo de espeleólogos) y Cantalejo visitan la cueva con SUR para recordar aquellos años en los que se sintieron descubridores de algo insólito. «La sensación de pisar por primera vez donde nadie lo ha hecho en miles de años es indescriptible», comentan. Los tres coinciden en que este hallazgo marcó «un antes y un después» en la filosofía de conservación y estudio de la cueva. En 1985, el Ayuntamiento del municipio comienza a promover políticas concretas para mantener la cavidad como un lugar de estudio: se limitan y restringen las visitas para no alterar el espacio y se empieza a colaborar con entidades nacionales y extranjeras para desarrollar análisis como el que se publicó en la revista 'Sience' 37 años después de que se descubriera la cavidad superior.

Equipo de las investigaciones publicadas en 'Science'.
Equipo de las investigaciones publicadas en 'Science'. / SUR
Primer congreso científico para exponer los resultados

Atrasar 20.000 años lo que se consideraba el inicio del arte no ha dejado indiferente a nadie. Los resultados expuestos en la revista 'Science' están contrastados por un equipo multidisciplinar e internacional que ha empleado la técnica del Uranio-Torio para fechar con la máxima precisión cada pincelada analizada. Pese a ello, según relatan fuentes del equipo investigador, entre las felicitaciones y los comentarios positivos llegados de toda Europa han surgido voces que se oponen a la antigüedad de los resultados y al cambio de paradigma que implica la atribución de expresiones culturales al hombre de Neanthertal.

Para dar más información a los que se han interesado y aclarar las dudas de los que cuestionan la autenticidad del proceso, el Ayuntamiento de Ardales ha convocado para el próximo fin de semana unas jornadas sobre el proyecto científico de la cueva. Los responsables explican que la intención es «compartir con los investigadores los avances científicos de un proyecto vivo que está abriendo puertas a un nuevo planteamiento sobre los orígenes de la Cultura».

El evento inicial contemplaba únicamente cien plazas, pero se han agotado rápidamente por lo que se ampliará el cupo para que puedan acudir no solo científicos; también interesados, estudiantes y cualquier apasionado de la historia que quiera saber más.

El sábado día doce tendrá lugar la sesión inaugural, a cargo del catedrático de la Universidad de Cádiz y coordinador del proyecto, José Ramos; y del director del Neanderthal Museum de Alemania, entidad que ha financiado los estudios, Gerd Weniger.

El sábado acudirán diferentes autoridades que contextualizarán el valor del hallazgo en la provincia y la región andaluza. La alcaldesa de Ardales, María del Mar González; el presidente de la Diputación Provincial de Málaga, Elías Bendodo y la delegada de la Consejería de Cultura, Monsalud Bautista, acudirán a la presentación. Ese mismo día, Pedro Cantalejo y otros expertos harán un recorrido por los principales atractivos científicos de la cueva.

Más visitas

Cantalejo, encargado de organizar y guiar las visitas a la cavidad, explica a SUR que desde que se publicaron los resultados de la investigación, ha aumentado «considerablemente» el número de personas interesadas en conocer el paraje. Estudiantes de arqueología o historia, aficionados, curiosos e investigadores quieren ver de cerca las que, hasta ahora, son las expresiones culturales y artísticas más antiguas del ser humano.

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