Apuntes sobre el deseo y la desesperación creativa

Kevin Bacon protagoza la serie ‘I Love Dick’
Kevin Bacon protagoza la serie ‘I Love Dick’ / SUR

Amazon exhibe la serie ‘I Love Dick’, lo nuevo de Jill Solloway sobre las relaciones, el deseo, el feminismo y la identidad a través de la cultura

MIGUEL ÁNGEL OESTE
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En la novela de Francis Scott Fitzgerald ‘Suave es la noche’, hay una frase reveladora que dice algo así como: “Nunca sabes cuánto espacio has ocupado en las vidas de las personas”. Si me acuerdo de esta novela desesperada, compleja y autobiográfica al ver ‘I Love Dick’ es por la obsesión latente en ambas obras, la novela y la serie. Porque, de un modo u otro, pese a las diferencias, se percibe en las dos esa perturbación trágica y romántica, pero también graciosa y melancólica en la rivalidad de una pareja en la búsqueda del arte y la identidad por caminos obsesivos en los que el deseo, las relaciones de poder y las representaciones mutan y se confunden a partir de la porosidad entre la ficción y la realidad.

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La serie de ocho episodios creada por Jill Solloway y Sarah Gubbins para Amazon Studios está basada muy libremente en el libro homónimo de Chris Kraus, que en esta miniserie es interpretada por Kathryn Hann (que suele trabajar con la cineasta). Solloway es conocida por ‘Transparent’, donde ya explora temas presentes en ‘I Love Dick’ como el feminismo desde perspectivas esquinadas. Pero no hay que olvidar que Solloway no es una recién llegada, pues tiene créditos en ‘Anatomía de Grey’ o ‘A dos metros bajo tierra’, además de ser la autora de películas en las que horada los cimientos de una sociedad patriarcal.

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Lo anterior es relevante si se tiene en cuenta que ‘I Love Dick’ pretende zarandear al espectador, sacarlo de su zona de confort a la hora de presentar a esa pareja formada por Sylvère Lotringer (Griffin Dunne) y Chris Kraus. Al primero, quince años mayor que ella, le dan una beca de residencia para continuar su estudio sobre el Holocausto en Marfa (Texas). Chris, una cineasta independiente a la que acaban de rechazar su película en el Festival de Venecia, decide acompañarlo. El cambio de Nueva York a Marfa será más profundo del de pasar de lo urbano a lo rural. La incursión de Dick (Kevin Bacon), un artista, vaquero lacónico, borde y desagradable, en la vida de la pareja será tremenda. Chris se obsesiona con él en un grado hondo y oscuro, al tiempo que le comienza a escribir cartas encendidas

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‘I Love Dick’ tiene un evidente componente de exploración visceral en las relaciones entre hombres y mujeres. De cómo se gesta y construye la violencia, las humillaciones, el inevitable desgaste del tiempo, los reproches, el poder, el sexo, la influencia de terceras personas en la dinámica de la relación. Y también indaga en la creatividad, en la dificultad de la mujer para ser artista, en las debilidades e inseguridades que conlleva, en el feminismo, en la identidad, en el deseo femenino como algo orgánico y no adquirido ni impuesto por el hombre.

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La serie funciona en distintos niveles: en el real, en el de la representación mental, en el de la impostura y el fingimiento, en el creativo, en el social. A través de una puesta en escena inmediata de estética indie que se acerca a texturas cinematográficas, suele acompasar el ritmo de planos medios y cortos y quebrarlo con algún plano general de esa Texas que cuenta más cuando no se cuenta, cuando se esquiva. Sucede lo mismo cuando se introducen diálogos con dobles lecturas. La incursión de fragmentos de imágenes de películas y documentales dirigidos por mujeres serían más eficaces si se contextualizaran. El uso de la música como recurso emocional y temporal no siempre está lograda ya que en ocasiones convierte la narración en aquello que no pretende, es decir, en una propuesta convencional. Los intertítulos en blanco sobre fondo simbólico rojo en los que se vierte los inicios de las cartas dirigidas a Dick se introducen con naturalidad. Tal vez, uno de los elementos más eficaces de este título es que ni quiere aleccionar ni se plantea soltar discursos, lo que favorece que las digresiones y confesiones de Chris Kraus sean o funcionen como lo más parecido a los monólogos de las novelas, recurso que brilla en el capítulo cinco.

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Además del triángulo que conforman Dick, Chris Kraus y Sylvère, hay otros personajes interesantes, aunque no todos ofrecen el potencial que se les intuye. Entre ellos destaca Devon (Roberta Colindrez), una dramaturga lesbiana nacida en Marfa que también se busca mediante las proyecciones en otras personas. Una de las sensaciones que llaman la atención es que si bien el personaje de Dick (desde el laconismo y la distancia) parece crecer, el de Kraus (desde el exceso) se diluye algo a medida que avanza la serie.

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Por lo demás, y al margen de desequilibrios, se agradece el tono ambiguo e incisivo que despliegan las creadoras, capaces de moverse por el patetismo con bastante dignidad, de hundir en la devastación a los personajes y de perturbar con anotaciones ácidas de humor, de descontrolar o acunar la historia de los personajes sin explicitar ni el género ni el plano en el que sucede.

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Estamos ante un serial intenso que te arrastra pese a que no todos los episodios están medidos con la brillantez del episodio quinto, dirigido por la propia Solloway, y, sin duda, el mejor: una suerte de monólogos de los personajes femeninos alrededor del arte, lo creativo y el deseo en relación al personaje de Dick. Si los artistas, al margen de la disciplina, buscan e inspeccionan los límites de la conciencia escarbando en las oscuridades que hay más allá, ‘I Love Dick’ habla de eso y de las frustraciones cuando no se consiguen porque en el proceso la vida está plagada de fronteras adquiridas, aprendidas, sociales que a veces se pasan y otras no.

Novedades: Retratos en serie

Ante la imposibilidad de escribir de todas las series que se estrenan y de las que continúan, repasamos algunas que por un motivo u otro merecen la pena ser visitadas. Luego estará en cada espectador comprobar si es su serie o no. La suerte es que en la actualidad hay tal variedad de propuestas que cualquiera pueda ir probando en función de sus gustos. ‘Legion’, la serie creada por Noah Hawley, es una de esas series de estética cuidada y referencias pop que seduce.

A partir de un personaje de cómic, en concreto, el hijo de Charles Xavier, la serie explora lo que nadie hace en las películas y series del género de superhéroes: el subtexto y lo estructural a partir de lo que sucede o no en la cabeza del personaje y en la hipotética realidad. La tercera temporada de ‘Fargo’, también con Hawley como ‘showrunner’, es la más irregular e inane si se compara con las dos anteriores. Pero tiene momentos, como el episodio tres, y el retrato de los personajes femeninos tanto en su versión mujer fatal con el rostro de Mary Elizabeth Winstead, como con el héroe o detective en el de Carrie Coon, que hace que, más o menos, el viaje sea posible. Pero si hay otras tres propuestas relevantes que no hay que perderse y de las que ya hemos dado cuenta en SUR en series son: ‘The Handmaid’s Tale’, ‘Big Little Lies’ y la tercera temporada de ‘Twin Peaks’. Y esto no es nada con lo que queda por llegar.

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