Del rey apestado al escritor radiado. Alfonso XI de Castilla y H.G. Wells

Orson Welles, actor norteamericano,lee en en una emisión radiofónica la novela "La guerra de los mundos", de H. G. Wells
Albas y Ocasos

Tal día como hoy nacía Alfonso XI de Castilla, único monarca europeo en finar bubónicamente, y moría H.G. Wells, célebre por las novelas cienciaficcionadas

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Alfonso XI de Castilla, único monarca europeo en finar bubónicamente, y moría H.G. Wells, célebre por las novelas cienciaficcionadas que lo convertirían en precursor del género junto al francés Julio Verne.

Alfonso XI de Castilla. Del 13-8-1311 a 26-3-1350

El trece de agosto de 1311 nacía en Salamanca el heredero a la corona de Castilla, hijo de Fernando IV y de Constanza de Portugal, el cual a los quince años subió al trono castellano e inmediatamente se dispuso de infracto, que no de infarto, y se puso de facto a ejecutar a cualquier eventual oponente a sus derechos dinásticos, a la vez que maquinaba y marinaba el modo de reafirmar el apodo de “el justiciero” que le acababan de endilgar por el escabechamiernto masivo de aspirantes a mandar en la Castilla profunda, y se iba a guerrear por esos mundos cristianos: que si le reconquisto al meriní Abu Yusuf Yacub el Reino de Algeciras que había convertido en su taifa cuyos suelos sembró de berenjenas y alcachofas y cielos de astrolabios direccionalmente buscadores de La Meca; que si batallo contra el rey moro que me está irrigando las vegas y las hoyas granadinas e irritando las narices de nuez moscada y canela; que si me voy a sitiar Gibraltar pero en el calizo peñasco me sorprende la muerte negra, que no es un invasor de piel acharolada armado con una faca sino una pandemia de peste bubónica que primero me escalofrió a fiebres bacterianas, después me inflamó linfática y nada regiamente, y por último me remató en aún menos regios choques sépticos, con el consiguiente resultado de destacarme como el único monarca europeo en finar bubónicamente. Tras vaciarme de mis intestinos – post mortem, ya que la entrañable bacteria Yersinia pestis no se los había comido –, y enterrarlos en la capilla del Alcázar de Jerez, me embalsamaron a conciencia y me enviaron a tomar viento cálido a Sevilla y posteriormente viento aún más achicharrante a Córdoba, aunque en el sarcófago de mármol rojo se está bastante fresquito. Y es que dónde esté un buen mármol...

Herbert George Wells. Del 21-9-1866 al 13-8-1946

Seiscientos treinta y cinco años después del nacimiento salmantino de Alfonso XI, moría en Londres Herbert George Wells, más conocido como H.G. Wells y célebre por sus novelas cienciaficcionadas que lo convertirían en precursor del género junto al francés Julio Verne. Wells, que había nacido en la kentiana ciudad de Bromley, se aficionó a la literatura durante su infancia, mientras guardaba cama tras un accidente que lo dejó con una pierna fracturada y la imaginación invicta, y de la lectura a la escritura sólo medió un salto, no literal por los huesos rotos sino metafórico por lo de las ideas indemnes y, después de estudiar biología en el londinense Royal College of Science, donde pasó más hambre que el perro del afilador que se comía las chispas para comer caliente, acometió su primera novela, cuyo título original de Los Argonautas Crónicos sería posteriormente sustituido por el de La Máquina Del Tiempo. Después, a la vez que se exiliaba a La Isla Del Doctor Moreau, se convertía en El Hombre Invisible y generaba La Guerra De Los Mundos – cuya escenificación radiada por Orson Welles en plena víspera de Halloween acojonó durante cincuenta y nueve minutos a miles de americanos, ya deprimidos por la Gran Depresión y ahora además aterrorizados por la doblemente wellsiana retransmisión, que creían estar siendo alienígenamente invadidos –, fundó la Royal College of Science Association, de la que sería el primer presidente, y deambuló en membresía por la Sociedad Fabiana, cuyo nombre societario había sido elegido en referencia al Cuncactor romano Quinto Fabio Máximo y sobre cuyas bases se establecerían los precedentes del Partido Laborista Británico; abogando los fabianos por un socialismo pragmático alejado de Marx y cercano a los manifiestos gradualistas de George Bernard Shaw, que sin embargo no lograron retener a Wells entre las filas fabianas, de las que se segregó para unirse a su individualismo criticador de hipocresías victorianas varias. Desde 1970, viaja en traslación rotada desde su nominado cráter de impacto, allá por la cara oculta de la Luna. Que, dicho sea de paso, cada día es menos oculta.

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