Antonio Carmona no pierde la sonrisa

Antonio Carmona, durante su concierto de anoche en Málaga. :: f. t./
Antonio Carmona, durante su concierto de anoche en Málaga. :: f. t.

El cantante granadino actúa en la sala Paris 15 en un concierto de la gira con la que ha vuelto a los escenarios

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Málaga. Antonio Carmona reúne carisma y talento a partes iguales (sus años de éxito le avalan). El eterno líder de Ketama ha sabido mantener al público 'flamenquito' y conquistar a nuevos seguidores tras la disolución de la mítica banda, y anoche lo demostró en la sala París 15 con un concierto doblemente emotivo. El espectáculo formó parte del regreso del artista a los escenarios tras una enfermedad de extrema gravedad que lo mantuvo postrado durante semanas. El granadino defendió anoche algunos de sus temas en solitario, muchos de ellos de su último disco, 'Obras son amores', grabado en 2017. En la fiesta se colaron además muchos clásicos de su etapa anterior como su versión de 'Azul', de Antonio Vega, o 'Para que tú no llores' (un tema con el que se emocionó y dejó escapar alguna lágrima).

«A cada uno le toca vivir lo que le toca, yo estoy muy contento de estar aquí y le doy gracias a Dios». El episodio médico que apartó al músico de los escenarios estuvo muy presente en la actuación, en algunas de sus conversaciones y en la ayuda que los coristas le prestaron en varias subidas al inicio de la noche. Carmona, sin embargo, derrochó simpatía con los malagueños que acudieron a la cita (la París 15 no se llenó, pero los asistentes lo dieron todo y más) y recordó que la Costa del Sol ha sido su casa durante mucho tiempo: «Como lo cantaba Manzanita, Málaga la gitana». Sobre el escenario se mezclaron sonidos acústicos y eléctricos, dando paso la esencia de Carmona, única y propia, fruto de los años de evolución en los estudios y en los directos. Le acompañó una banda sobresaliente, que alcanzó todos los matices posibles de la música del granadino: flamenco suave manchado de salsa y ritmos latinos a veces, otras potencia con tintes 'rock'. Dos guitarristas flamencos, uno eléctrico, bajista, teclista, percusionista y batería. La mayoría de ellos le acompañaron a los coros, al igual que una última componente de la formación, encargada de la segunda voz.

Sonidos puros

También hubo tiempo para los sonidos puros. El sobrino del artista, Juan Carmona, dejó la guitarra española (que tocó durante todo el concierto, además de cantar), para sentarse al cajón y protagonizar un duelo de percusión con el batería de la banda. A la mitad del concierto, Carmona cogió una guitarra y demostró que no todo es cante y sonidos limpios. A trío y con alevosía dio un respiro al resto de los músicos para tocar y bailar, convirtiendo el escenario en un tablao.

«Ay Dios mío, Dios mío... estos son los frutos que vamos dejando por el mundo», dijo tras volver al escenario e interpretar una balada con su hija, Marina Carmona, «un genio». Se percibía en la actitud de los músicos que esta gira, que lleva el mismo nombre del último álbum 'Obras son amores', es una celebración, la de poder seguir cantando pese a las adversidades. Todos los componentes de la banda se mostraron especialmente cariñosos con su líder, que se volvió a emocionar varias veces a lo largo del espectáculo. La vida es una fiesta, como reza el tema más popular de Ketama, 'No estamos lokos', con el que Carmona encaró el final de la velada, bajando del escenario para cantar entre el público, con «mi Málaga bonita».

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