AMOR ANFIBIO

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Anoche se entregaron en Londres los BAFTA, que reconocen lo mejor del año en el cine no necesariamente británico. Ésta y no la entrega de los Globos de Oro es la verdadera víspera de los Oscar, que se otorgarán justo dentro de quince días. Y al fin, poco a poco, llegan a las carteleras malagueñas los títulos que este 2018 pugnan por llevarse casi todo en estas ceremonias de reconocimientos cinéfilos. Las quinielas daban ayer como favorito a Guillermo del Toro. Estrenada el viernes pasado, 'La forma del agua' es una historia de amor fantástica por partida doble: porque le sucede a una pareja inesperada en un entorno hostil y porque incluye elementos poco verosímiles.

Como ocurre con otras nominaciones de este año, hemos tenido que buscar de qué nos sonaba su protagonista, Sally Hawkins: fue la hermana de Cate Blanchett en 'Blue Jasmine'. Una actriz con cara de persona normal a la que la película de Del Toro enfrenta a una situación extraordinaria, que encara con la fortaleza de quien no tiene nada que perder. Una inocente huérfana entregada a una pasión chocante, casi animalista, pero que con sus arrebatadores primeros planos (a veces parece una 'Amelie' entradita en años) impone su destino a las hojas de un calendario fatal.

La película no es cursi, aunque puede que el argumento les asuste si se lo destripan. El gran empaque de su bella producción y los guiños irónicos la salvan de parecer más marciana, pero tanto artificio sólo intenta llevarnos a los fondos marinos de la soledad. Su halo de irrealidad es la principal diferencia frente a otras historias humanas también aclamadas este año (como la punzante 'Tres anuncios en las afueras', o la delicadeza ochentera y bálsamo de otras guerras de 'Call me by your name'). Pero en 'La forma del agua' también se toca tierra y vale la pena: además de por su historia central, por ese retrato de secundarios perdedores a los que les cuesta respirar en un mundo poco líquido. Como ese vecino pintor casi desahuciado; como ese cine inhóspito y hundido frente a una incipiente televisión.

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