Aleixandre, un Nobel del paraíso al olvido

Hace 40 años, el autor que bautizó Málaga como ‘Ciudad del Paraíso’ recibió el premio de la Academia Sueca. Su influyente figura literaria contrasta con su difuminado reconocimiento popular. Un congreso reivindicará en diciembre su legado

Vicente Aleixandre (segundo por la derecha), junto al cofundador de ‘Litoral’, Manuel Altolaguirre; el malagueño de adopción José Luis Cano y Carlos Bousoño, en los años cincuenta. / Efe
Francisco Griñán
FRANCISCO GRIÑÁNMálaga

«Nací a la luz, e incluso a los libros, en Málaga –otro modo de nacer–, porque allí aprendí a leer, que es el segundo nacimiento». Lo decía cada vez que le preguntaban, pero, como buen escritor, también lo dejo impreso de su puño y letra. Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-Madrid, 1984) llegó a este mundo con la España del Desastre que cerró el siglo XIX, aunque su espíritu nunca fue ese. Y ahí estaba el pequeño Vicente para darle la razón a Rilke que diagnosticó que la patria es la infancia. Y la del poeta fue esa Málaga que le enseño a leer el Quijote, a recorrer el centro cada día de camino a la escuela con su amigo Emilio Prados y a ver el mar luminoso desde las ventanas de su casa de calle Córdoba. Personaje principal de la Generación del 27 y maestro de toda la poesía que nació a la sombra de aquel movimiento despedazado por la guerra civil, Aleixandre recibía el 6 de octubre de 1977 el Premio Nobel de Literatura por una «obra de creación poética innovadora que ilustra la condición del hombre en el cosmos y en nuestra sociedad actual», argumentó el jurado. Cuarenta años después, el respeto por su obra permanece intacto, aunque su figura y su reconocimiento popular aparecen difuminados por el tiempo. Incluso en la Málaga que lo vio nacer por segunda vez y a la que regaló el poema más recordado cuando se habla de la ‘Ciudad del Paraíso’.

El mural con el poema ‘Ciudad del Paraíso’, pendiente de diseño

A finales de 2016, una iniciativa popular liderada por el director de Esirtu, Mariano Vergara, propuso situar el famoso poema de Vicente Aleixandre ‘Ciudad del Paraíso’ en un lugar estratégico de la capital. El Ayuntamiento recogió la propuesta como un reconocimiento al poeta y, a la vez, una reivindicación de la ciudad a través de sus célebres versos. En febrero, se decidió que la Travesía Pintor Nogales –entre el Museo de Málaga y la Alcazaba– sería el lugar idóneo para situar ese mural con el poema aleixandrino, que sería traducido también al inglés.

Aunque la intención era hacer coincidir la inauguración con el 40 aniversario de la concesión del Nobel al poeta el próximo 6 de octubre, el concejal de Urbanismo, Francisco Pomares, explica que aún se esta elaborando el diseño definitivo del mural. Además, se tiene que iniciar un trámite administrativo ya que el proyecto se encuentra en el centro histórico y tendrá que ser aprobado por la Comisión Provincial de Cultura. 

«Cada ciudad tiene su poeta o escritor: Praga con Kafka, Soria con Machado y Málaga tiene a Aleixandre», asegura el artista y director de la revista ‘Litoral’, Lorenzo Saval, que mantuvo una amplia correspondencia con el autor de ‘La destrucción o el amor’ (Premio Nacional de Literatura 1934) y ‘En un vasto dominio’ (1962). Precisamente la imprenta SUR y la revista de la Generación del 27 publicaba en su época fundacional –en 1928– el primer libro de poesía del propio Vicente Aleixandre, ‘Ámbito’, lo que marcaría para siempre su trayectoria. Aquello fue después de su (re)encuentro con Emilio Prados, su compañero del colegio y codirector –junto a Manuel Altolaguirre– de ‘Litoral’. «Aleixandre abandonó Málaga en 1909 por problemas de salud de su padre y se instalaron en Madrid y no volvió precisamente hasta casi dos décadas después gracias a ‘Litoral’», señala Emilio Calderón, autor de la biografía sobre el poeta ‘La memoria de un hombre está en sus besos’, que recuerda el «emotivo» (re)descubrimiento de los antiguos compañeros que se identificaron después de cruzarse varias cartas.

Ciudad Adoptiva

Aunque no pudo viajar hasta Estocolmo a recoger el premio por motivos de salud, Aleixandre envió un discurso en el que reconocía que había dado tumbos hasta que la poesía lo encontró. «Mi espíritu inquieto me llevó a ejercer contradictorias profesiones. Fui profesor de Derecho Mercantil, empleado en una empresa ferroviaria, periodista financiero. Desde joven esta inquietud de que hablo me exaltaba a un placer: la lectura, y, en seguida, la escritura», se autorretrató. Tras la guerra civil y con la mutilación de la Generación del 27 todavía reciente, Aleixandre publica ‘Sombra del Paraíso’ (1944), en el que tomó forma «el recuerdo de Málaga como el paraíso de la infancia que estará presente toda su vida», recuerda el biógrafo, que destaca el carácter «rompedor» de aquel poemario frente a lo que dictaba la oficialidad literaria de posguerra. Una obra que, para la poeta y catedrática de la Universidad Complutense, Fanny Rubio, consagra su ciudad adoptiva como la «más destacada en la imaginería de Aleixandre».

El congreso

Título:
‘La poesía de Vicente Aleixandre: 40 años después del Nobel’, organizado por ACE bajo la propuesta de la relectura y reivindicación de una de las poesías «más vibrantes y emotivas del siglo XX»
Directores:
Francisco Morales Lomas y Francisco García Velasco.
Fecha:
En Málaga, del 11 al 15 de diciembre.

Con la dictadura, la casa madrileña del poeta en calle Velintonia se convirtió en refugio y centro de peregrinación de autores de todas las edades y procedencia, desde Pablo Neruda a José Hierro. Todos reconocían la autoridad del que, al final de su vida, sería reconocido con el premio Nobel. «Fue el único autor del 27 que lo recibió y fue un reconocimiento a su trayectoria y con él, a toda una generación», destaca el director del Centro del 27, José Antonio Mesa Toré. De hecho, el propio Aleixandre convocó en su discurso de aceptación a toda su quinta poética: Federico García Lorca, Rafael Alberti, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Dámaso Alonso, Gerardo Diego y Luis Cernuda.

Vicente Aleixandre con su perro Sirio, en el jardín de su casa, Velintonia. / Efe

Tres décadas después de su muerte, la casa de Velintonia es precisamente el símbolo del olvido aleixandrino. «Ninguna institución se hace cargo de ella pese a lo que representa, algo que sería inadmisible en otros países», se lamenta Emilio Calderón que también hace el paralelismo con Málaga y la casa de Pedregalejo en la que pasó sus veranos y en la que descubrió la luz del mar tan presente en su obra. «Me da mucha lástima no haber podido encontrar ese lugar de veraneo del que hablaba en sus escritos, ni que la ciudad guarde memoria de su paso por allí», reconoce el escritor y biógrafo que considera que la capital «no ha sabido aprovechar su relación con el poeta», uno de los cinco premios Nobel con los que cuenta nuestro país.

Firmados uno a uno

En ese olvido, Lorenzo Saval da alguna clave y recuerda la operación fallida por parte de la Diputación de Málaga de adquirir y difundir la biblioteca del poeta. «Como ha pasado en parte con Alberti, los herederos frenan a veces estos rescates, lo que también frena el recuerdo de estos autores», reconoce el director de ‘Litoral’, que rescata la colaboración entusiasta del propio Vicente Aleixandre con el número monográfico sobre su obra que publicó la revista en 1980 y que el poeta firmó personalmente ejemplar tras ejemplar para facilitar la financiación de la tirada. Un joya hoy agotada.

Dictado sobre el Quijote que se incluyó en el examen preparatorio del pequeño Vicente Aleixandre en el Instituto Gaona. El propio poeta firma el escrito el 1 de junio de 1908. / archivo IES Nuestra señora de la victoria Málaga

El director del Centro del 27 señala la contradicción que supone el «olvido público» del creador de ‘Sombra del Paraíso’, frente a su consideración literaria. «Cuando sondeas a los poetas, es un escritor que sigue interesando», sostiene Mesa Toré que recuerda una encuesta entre jóvenes escritores que, al hablar de sus referencias, citaban repetidamente tres nombres: Lorca, Cernuda y Aleixandre. «Vicente fue el que mantuvo más viva la línea del surrealismo y las vanguardias siguen siendo fundamentales para las generaciones jóvenes», admite el responsable de guardar la huella de la Generación del 27.

Placa en el número 6 de calle Córdoba que recuerda que allí vivió el hijo adoptivo de Málaga Vicente Aleixandre. / F. J. Acevedo

De la misma opinión es el escritor José Sarria, que constata que Málaga «no le ha devuelto todavía el cariño que Aleixandre se merece». Por ello, desde la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) no han querido dejar pasar la ocasión de reivindicar su figura y su obra con un congreso que patrocina el Ministerio de Cultura y que se celebrará en la capital malagueña del 11 al 15 de diciembre próximos, coincidiendo con la efeméride de la entrega en Estocolmo del premio de la Academia Sueca. ‘La poesía de Vicente Aleixandre: 40 años después del Nobel’ es el título de este encuentro en el que se han volcado la Diputación de Málaga, el Ayuntamiento de la capital, la Consejería de Cultura y la Universidad, y cuyo programa fusionará el ámbito académico con la divulgación de un autor al que no se le ha hecho justicia.

Un programa que además dejará constancia de la actualidad del poeta con un volumen crítico de una treintena de autores que coordina el profesor Francisco Morales Lomas. «Este congreso se podría haber celebrado en Madrid, donde vivió la mayor parte de su vida, o en Sevilla, donde nació, pero ninguna como Málaga representaba para Aleixandre una relación afectiva tan fuerte», apostilla Sarria sobre l a ciudad en la que en diciembre volverá a nacer. Una vez más.

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