Los Álamos Beach o el secreto de la felicidad

El escenario tiene forma de dragón / Gracia de los Ríos

La playa y la electrónica resultan una combinación irresistible, casi hipnótica, para miles de asistentes al festival

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

«Aquí todo el mundo está feliz». No hay mejor frase para resumir la vocación hedonista de Los Álamos Beach Festival. La pronuncia Sergio, un veinteañero que ha venido desde Granada junto a siete amigos. Curan la herida dulce de la resaca en la playa, antes de regresar al camping y prepararse para la gran noche. Los conciertos comenzaron pronto ayer, a las siete de la tarde, pero la actuación de Martin Garrix, cabeza de cartel, el niño prodigio de la electrónica, estaba prevista a las cuatro y media de la mañana. Casi doce horas de programación, aunque en los festivales, por paradójico que parezca, la música a menudo sea lo de menos; el desenfreno y el ajetreo paralelos a las actuaciones forman parte de su esencia, un reclamo que atraerá a Torremolinos durante cuatro días a cerca de 60.000 devotos, según las expectativas de la organización.

Las cifras

60.000 personas prevé la organización que acudan al festival durante sus cuatro días de duración, 10.000 más que el año pasado.

150.000 metros tiene la zona de acampada, que cuenta con carpas de sombra, aseos, un espacio de ocio y hasta un supermercado.

65 euros cuesta el abono general, 80 euros si se adquiere el derecho a acampada.

40.000 lúmenes tiene cada uno de los seis proyectores del escenario, cuya decoración está inspirada en el mítico Tomorrowland.

Los Álamos celebra hasta mañana su tercera edición, la más ambiciosa. Sus ‘festivaleros’ son, probablemente, los más jóvenes de la ruta de citas musicales trazada cada verano en España. Tienen entre dieciocho y veinticinco años, pies de acero y predilección por acudir en grupo, mejor cuanto más numeroso. Tiendas de campaña de todos los colores y formas dibujan el horizonte del festival, que en su zona de camping, con más de 150.000 metros cuadrados, ofrece carpas, aseos, un espacio de ocio y hasta un supermercado que hace el agosto con la venta de bocadillos y preservativos. «Quieren ligar pero no aumentar la familia», detallan los organizadores. Los conciertos terminan esta noche, pero el camping permanecerá habilitado un día más «para que se recuperen». Porque vienen a darlo todo.

La cita aúna en su edición más ambiciosa a djs como Martin Garrix y un ajetreo paralelo que atrae al público más joven de la ruta musical del verano

La playa y la música electrónica resultan una combinación irresistible, casi hipnótica, para los asistentes. El escenario principal tiene forma de dragón, símbolo del festival, con pantallas en vez de ojos. De su boca salen chispas, un espectáculo de fuego frío de hasta diez metros que contribuye al delirio colectivo. Seis proyectores de 40.000 lúmenes han hecho falta para que el atrezzo sea percibido como parte de la experiencia, no como un mero escenario. «Podríamos haber montado un festival ‘low-cost’, pero hemos venido para quedarnos y queríamos distinguirnos. La inversión ha sido potente», reconoce Luis Roca, uno de los organizadores. La decoración está inspirada en Tomorrowland, el santuario de la música electrónica.

Los conciertos comenzaron ayer a las siete de la tarde. / G. R.

El abono para acceder al festival durante los tres días tiene un precio de 65 euros, 80 euros en caso de añadir el derecho de acampada, mientras que la entrada por día cuesta 50 euros. Todo está diseñado para que no sea un festival de paso, sino una cita que exige ser vivida durante todo el fin de semana. «Lo mejor es el ambiente del camping», zanja Johanna, que ha perdido de vista a sus amigas: «Habían quedado con unos chicos de Tinder». La popular aplicación, que permite conocer gente mediante geolocalización, genera un alud de contactos en Los Álamos estos días. Las doce barras del recinto se convierten en los principales puntos de encuentro. Allí la cerveza «sigue siendo la bebida ‘festivalera’ por excelencia, aunque sean más jóvenes», seguida de cerca por el ron y los energizantes.

Sonido y limpieza

El festival ha alcanzado un acuerdo con el Ayuntamiento de Torremolinos para abonar una tasa extra de limpieza. En cuanto al sonido, otra de las críticas vecinales más frecuentes en las ediciones anteriores, desde la organización aseguran que la ingeniería aplicada este año permite que los decibelios más altos proyecten su campo de acción sobre la pista de baile y disminuyan su impacto hasta un 60 por ciento fuera de ese entorno. Tras la actuación de Martin Garrix anoche, catapultado a la fama mundial tras lanzar su single ‘Animals’ hace casi un lustro, hoy será el turno de Nervo, el dúo australiano formado por las gemelas Miriam y Olivia; el DJ, cantante y productor israelí Borgore, y el productor inglés Chris Knight, más conocido como Kryder, entre otros artistas. El español Uner y el suizo Andrea Oliva, dos de las figuras con mayor presencia en las noches ibicencas, pasarán por el segundo escenario.

El camping se prolongará hasta mañana. / G. R.

Algunos de los asistentes son tan jóvenes que llegan acompañados de sus padres. El festival ofrece la posibilidad de reservar zonas exclusivas para un mínimo de cuatro personas, con un servicio personalizado que incluye sofá y mesa, lejos de la pista principal y su ritmo imbatible: «Así los chicos pueden estar bailando tranquilamente mientras los padres toman algo y disfrutan del ambiente, aunque también es una opción muy utilizada por público algo mayor que la media, entre los treinta y los cuarenta años». Para los más jóvenes, en muchos casos estudiantes, el festival se convierte en una cita económica a la que resulta posible acudir gastando no más de 200 euros durante sus cuatro jornadas, entre el abono con derecho a acampada, las bebidas y la comida, por lo general rápida y barata. No parece un precio muy alto para tanta felicidad.

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