Adolf Loos, el Duchamp de la arquitectura

Mobiliario y objetos de uno de los interiores vieneses recreados en la exposición de Adolf Loos. En el círculo, el arquitecto. ::  E. Naranjo / EFE/
Mobiliario y objetos de uno de los interiores vieneses recreados en la exposición de Adolf Loos. En el círculo, el arquitecto. :: E. Naranjo / EFE

La osada revolución 'interior' del genial arquitecto y diseñador vienés se despliega en CaixaForum Madrid

MIGUEL LORENCI MADRID.

Escritorio 'Friedman'. Taburete 'Stool'. Silla 'Stössler'. Tocador 'Löwenbach'. Armario 'Turnowsky'. Mesa 'Karlsbad'. Perchero 'Capus'... No. Ni repasamos el catálogo ni recorremos los pasillos de esa multinacional del mueble barato en la que está pensando. Son los nombres de nobilísimos muebles diseñados hace un siglo por un revolucionario genio de la arquitectura y el interiorismo: Adolf Loos (Brno, Moravia 1870 - Viena, 1933), quien de veras convirtió los hogares de la burguesía vienesa en una república independiente. Loos renovó y blindó su intimidad, creó un nuevo concepto de confort y de disfrute liberando los espacios de pompa y ornato. Una osada revolución 'interior' que CaixaForum Madrid revisa en la mayor exposición sobre el genio vienés.

«Loos es el Marcel Duchamp de la arquitectura» para Pilar Parcerisas, comisaria de la seductora muestra sobre una figura clave para la modernidad y para quien «construir, habitar y usar» fueron un todo. Un Loos que con su feroz conferencia 'Ornamento y delito' «hizo tabla rasa», rebelándose contra Otto Wagner y sus coetáneos de la Secesión y la Werkstätte vienesas.

Frente a quienes querían convertir la vida en arte, tomando como modelos elementos abstractos de la naturaleza, propone Loos una economía constructiva que anticipa el minimalismo y la cultura práctica. «Se enfrentó a los interiores burgueses, repletos de inútiles objetos decorativos, y propuso crear nuevos espacios que protegiesen la intimidad del individuo del exterior, a fin de resolver la escisión entre el ser individual y el social», resume Parcerisas, crítica de arte, historiadora y ensayista.

Organizada por la Obra Social La Caixa y el Museo del Diseño de Barcelona, es una muestra definitiva sobre «uno de los padres de la modernidad arquitectónica», según Pilar Vélez, directora del museo catalán. Repasa el legado de Loos mediante 218 piezas entre dibujos, planos, fotografías y maquetas. Pero, sobre todo, a través de 120 muebles y objetos decorativos. Hay más de 50 sillas, sillones y taburetes; 13 lámparas; 21 mesas, escritorios y tocadores, armarios y librerías y objetos de menor tamaño, como relojes, vasos, decantadores, espejos y perchas, entre muchos otros. Todos concebidos o seleccionados por Loos entre 1899 y 1931.

Se centra en los interiores de casas privadas de Loos -con alcobas «femeninas» y bibliotecas y despachos «masculinos»-, aunque incluye un espacio dedicado a los exteriores -a sus fachadas también «masculinas»- y a proyectos no realizados. Ofrece así una visión completa de la obra del vienés con diseños utópicos como el legendario rascacielos-lámpara con forma de columna dórica de mármol negro que soñó para el Chicago Tribune en 1922, el piramidal Ayuntamiento para México DF que imaginó en 1923 o la casa parisina que diseñó en 1927 para la bailarina Josephine Baker, con piscina interior de inspiración romana y fachada alistonada en blanco y negro en una evocación de las catedrales renacentistas.

«La casa tiene que gustar a todos, contrariamente a la obra de arte, que no tiene que complacer a nadie. La obra de arte es un asunto privado del artista. La casa no lo es», era una de las máximas de este revolucionario creador, para quien «el concepto es tan importante o más que la realización». «Utiliza muebles ya existentes y los 'tunea', como hace Duchamp con sus 'ready-made'», explica Parcerisas. «Su huella en la arquitectura es, sin duda, pareja a la de Duchamp en el arte», asegura.

«Como Miguel Ángel y otros genios, Loos sabe que es el espectador quien completa la obra; en su caso, el usuario que vive sus espacios, de modo que en su creación hay mucho de conceptual», destaca Parcerisas. Loos, el primero en afirmar que «la modernidad será social o no será», es, para ella, «la bisagra que marca todo el siglo XX y permite preguntarnos en el siglo XXI por la esencia del arquitectura, como Duchamp hizo en el arte». Un «visionario» que redefine valores como intimidad, privacidad o confort.

«No proyecto planes, ni fachadas, ni secciones. Proyecto espacios», decía Loos, que jamás creyó en el arquitecto como un genio y sí como un creador de espacios «al servicio del cliente que ha de vivirlos y desarrollar su espíritu». Llevó su afán de «arquitectura de la verdad» hasta sus últimas consecuencias. Satisfecho de su lucha contra el ornamento, diseñó su tumba como un cubo con el epitafio «liberó a la humanidad de trabajos inútiles», que su viuda no se atrevió a grabar.

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