Adiós a Antonio Garrido, un grande de la cultura

Muere a los 63 años el profesor, académico y parlamentario malagueño dos meses después de sufrir una hemorragia cerebral

Adiós a Antonio Garrido, un grande de la cultura
FRANCIS SILVA
Antonio M. Romero
ANTONIO M. ROMERO

Las aulas en las que divulgó su saber; los auditorios desde los que pregonó con la única ayuda de su prodigiosa memoria las esencias cofrades y taurinas; las páginas de los periódicos como SUR donde escribió sus críticas literarias; y los salones de sesiones donde demostró que la política también puede ser un arte refinado se vistieron ayer de luto por el fallecimiento de Antonio Garrido Moraga, un referente de la cultura en Málaga; ciudad que le vio nacer hace 63 años y donde deja un hueco difícil de ocupar.

El profesor universitario, académico y parlamentario andaluz por el PP murió sobre las siete de la tarde de ayer en el hospital El Ángel de la capital a consecuencia de una embolia pulmonar, según confirmaron fuentes consultadas. Garrido Moraga se recuperaba en dicho centro sanitario de una grave hemorragia cerebral que sufrió el pasado 8 de noviembre. En los últimos días, según estas fuentes, se encontraba muy desanimado por no apreciar una mejoría evidente y al ser consciente de que no podía leer, escribir y hablar, sus tres grandes pasiones. Deja viuda, Sonia Hurtado, y dos hijas, Laura y Mencía. Su fallecimiento provocó un profundo pesar en el mundo político, cofrade y cultural malagueño.

El también director gerente de la Fundación María Zambrano de Vélez-Málaga, miembro de la Academia de Bellas Artes de San Telmo e integrante del Patronato de la Fundación Unicaja atesoró las virtudes de ser una persona lúcida, tolerante, brillante, culta, apasionada en todo lo que acometía, rigurosa, poseedor de un saber enciclopédico, vitalista, generoso, humilde, estupendo conversador y un gran orador con una extraordinaria capacidad comunicativa. Tuvo un perfil muy polifacético ya que a lo largo de su trayectoria profesional dejó constancia de sus conocimientos en disciplinas tan variadas como la política, el arte, la pintura, las cofradías, la literatura, los toros, la copla o el flamenco.

Antonio Garrido Moraga nació el 17 de agosto de 1954. Doctor en Filología Hispánica, fue maestro de escuela –su primer destino docente, según recordaba, fue Canillas de Aceituno– y llegó a ser catedrático de Lengua y Literatura, donde se especializó en retórica y teoría literata y ensayista. La universidad era su vida y desde ella contribuyó a la creación de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Además, fue ponente en universidades europeas y norteamericanas.

Saltó de las aulas a la política en 1995 cuando Celia Villalobos lo llamó para que formara parte de las listas del PP al Ayuntamiento de la capital como independiente –era uno de los tres que no eran afiliados que iban en aquella candidatura, los otros dos eran Francisco de la Torre y Gonzalo Gutiérrez de Pablos–; poco después se afilió a los populares.

Con Villalobos como alcaldesa, Garrido Moraga ocupó la concejalía de Cultura, Educación y Turismo. Áreas en las que desarrolló una gestión, reconocida incluso por sus adversarios políticos, en la que sentó las bases del esplendor cultural del que hoy goza Málaga. Entre los hitos de su labor se encuentra la creación del Festival de Cine Español de Málaga, el Museo Municipal, el desarrollo de la Casa Natal de Picasso y el Teatro Cervantes –fue el encargado de abrir este espacio a la ciudad–, la mejora de la red de bibliotecas o la potenciación del turismo de cruceros.

En la política municipal estuvo cinco años. Hasta que en septiembre de 2000 fue nombrado por el Gobierno como director del Instituto Cervantes en Nueva York. Un puesto desde el que contribuyó al desarrollo del español en Estados Unidos y donde se encargó de la apertura de la nueva sede de este centro en un rehabilitado edificio del siglo XIX en pleno Manhattan. En el año 2004, tras su periplo americano, volvió a España y desde entonces fue parlamentario andaluz por Málaga, centrando su trabajo en los asuntos relacionados con la cultura.

Cofrade y prensa

Antonio Garrido Moraga fue un reconocido cofrade en Málaga y fuera de su provincia. Vinculado a la Archicofradía del Paso y la Esperanza –donde ocupó diversos cargos en las juntas de gobierno y fue durante años jefe de procesión–, era hermano de la Cofradía del Valle de Sevilla, participó en el movimiento de renovación cofrade de finales de los setenta en la capital y destacó como pregonero, donde solía hacer las exaltaciones sin papeles, sólo con un pequeño guión. En su haber tiene el haber popularizado los términos Señor de Málaga y Divina Prisionera del Romero para referirse a Jesús Cautivo y la Virgen de la Esperanza, respectivamente. Fue el pregonero de la Semana Santa de Málaga de 1987, del pregón del 75º. aniversario de la Agrupación de Cofradías en 1996 y del pregón de la Semana Santa de Málaga en Madrid en 1999. También pregonó la Semana Santa de Antequera, Ronda, Archidona, Fuengirola y Alhaurín de la Torre y Vélez-Málaga y la coronación canónica del Carmen de Málaga.

Fuera del ámbito cofrade, fue el pregonero de la Feria de Málaga de 2003 y de la feria taurina de la capital de 2017. Fue este su último pregón y en el cual este aficionado, declarado admirador de Antonio Ordóñez, Curro Romero y José Tomás, exigió respeto para la tauromaquia, «sustancia en la cultura hispánica».

Autor de numerosos libros, estudios y artículos en medios de comunicación, Garrido Moraga era colaborador habitual de SUR y de su suplemento cofrade ‘Pasión del Sur’, del que fue uno de sus impulsores. En el periódico era crítico literario desde hace años y autor de la sección ‘Hablar y vivir’.

Hoy, la ciudad despedirá a las 18.00 horas con una misa funeral en Parcemasa a Antonio Garrido Moraga, un amante y divulgador de la cultura, un nazareno verde, un hombre que cuando hablaba, Málaga aprendía.

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