De la actriz cazatalentada al explorador amalariado: Ava Gardner y Vasco de Gama

Ava Gardner. /R. C.
Ava Gardner. / R. C.
Albas y ocasos

Tal día como hoy nacía Ava Gardner, que simultanearía los rodajes fílmicos con amores festejados con champán y desamores ahogados en bourbon, y moría Vasco de Gama, que Índico arriba o abajo, según se mire, había establecido con las Indias la lucrativa Ruta de las Especias

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Ava Gardner, que simultanearía los rodajes fílmicos con amores festejados con champán y desamores ahogados en bourbon, y moría Vasco de Gama, que Índico arriba o abajo, según se mire, había establecido con las Indias la lucrativa Ruta de las Especias.

Ava Gardner (del 24-12-1922 al 25-1-1990)

El veinticuatro de diciembre de 1922 nacía en un pueblo de Carolina del Norte “el animal más bello del mundo”, por esas fechas aún sólo conocido como Ava Lavinia Gardner, quien tras crecer en un ambiente rústico y paupérrimo, fue localizada y, valgan todas las redundancias, cazada por un cazatalentos de la Metro-Goldwin-Mayer, quien la lanzó al estrellato profesional cuyos rodajes fílmicos fue simultaneando con amores festejados con champán y desamores ahogados en bourbon: hoy actúo en Forajidos y voy esquivando el acoso de Howard Hugues, aunque no las joyas que me va lanzando como anzuelos y que atesoro como se merecen; mañana protagonizo Venus Era Mujer y me caso con Mickey Rooney, si bien tengo que descasarme un año después ya que el cuello me duele horrores por tener que inclinarme en demasía cada vez que quiero besarle; pasado atravieso Las Nieves Del Kilimanjaro y me uno maritalmente al músico Artie Shaw aunque como se le da mejor tocar el saxofón y el clarinete que mi cuerpo de guitarra, lo envío a freír corcheas y me consuelo con Frank Sinatra, y mientras nos vamos cornamentando mutua y alegremente me marcho a España a vivir sendos amores taurinos con Mario Cabré y Luis Miguel Dominguín y erro y yerro al rechazar películas como Dulce Pájaro de Juventud o El Graduado, y habida cuenta que el fisco español me persigue insistentemente y más insistentemente aún me persigue Howard Hugues, cuya enésima propuesta de matrimonio rechazo a la vez que me voy embolsando sus regalos joyísticos, me marcho a Londres a envejecer dignamente ebria por esos pubs británicos aunque una neumonía que pasaba por la city me alcanzó a la no demasiado provecta edad de sesenta y siete años y me inmunodeprimió hasta dejarme los pulmones más esputados que los bancos de niebla de su graciosa majestad. La Noche de la Iguana, como quien dice.

Vasco de Gama (del 4-7-1467 al 24-12-1524)

Trescientos noventa y ocho años antes del nacimiento norcarolino de Ava Gardner, moría en la ciudad hindú de Cochin el conde de Vidigueira, más conocido por su nombre plebeyo de Vasco de Gama. Siguiendo la estela de sus antecesores navegantes portugueses que ya habían establecido que la ruta a las Indias era factible, allá que se fue el senhor de Gama – alta-, Océano Índico arriba o abajo, según se mire, para establecer una lucrativa Ruta de las Especias y, aprovechando su paso naval por la costa keniata, saquear a destajo todos los barcos mercantes árabes desarmados que se fue encontrando de camino a Mombasa; ciudad esta última en la que fue recibido a flecha limpia por los autóctonos cabreados como consecuencia de los antecedentes rapiñadores de los portugueses, quienes salieron escopetados hacia Calicut, donde anduvieron regateando los acuerdos de compraventa con el gobernador local, el cual alternaba los deslomes de hilaridad con los bostezos de hastío al serles traducidas las ofertas con las que pretendían los extranjeros con saudade llevarse sus especias y sus minerales. Ya cerrado el trato para satisfacción de ambas partes, el monzón lanzó a los foráneos de regreso a Portugal, donde tras escuchar unos cuantos fados y comerse un bacalhau y un par de coelhos – de los mamíferos orejudos, no de los ancestros del insufrible escritor –, reorganizó Vasco su flota de veinte navío de guerra y se fue a incordiar un poco por el África Oriental, donde se entretuvo abordando un barco que regresaba de La Meca con importantes mercaderes árabes, a los que primero robó a conciencia y por último convirtió en pinchitos morunos ensartados en su correspondiente mástil. La parca sorprendió al explorador pirómano ya aristocratizado en el primer conde luso sin sangre azul y a la sazón gobernador y segundo virrey de las Indias portuguesas, y lo desaristocratizó, desgobernó y desvirreynó en la víspera de la Navidad y en asimétricas picaduras del mosquito Anopheles, que pese a su nombre aparentemente inocuo lo amalarió a pertinaces dardos de paludismo pagano. Bom dia.

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