El absurdo de la burguesía

Fernando Tejero, sobresaliente en la función. :: a. cabrera/
Fernando Tejero, sobresaliente en la función. :: a. cabrera

'La cantante calva', que abrió el Festival anoche, capta la esencia del texto original con un gran Fernando Tejero

IVÁN GELIBTER MÁLAGA.

Un diálogo sobre la comida. Más que un diálogo, una disertación llevada al absurdo, probablemente fruto del aburrimiento entre una clase burguesa -da igual cuándo- de qué tipo de agua beben sus hijos. Así comenzaba anoche Adriana Ozores sus primeras frases del montaje de 'La cantante calva', obra que inauguró el 35 Festival de Teatro de Málaga en un Cervantea prácticamente lleno.

Junto a ella, Joaquín Climent leía atentamente su periódico sin hacerle mucho caso, hasta que Carmen Ruiz y Fernando Tejero (que marcó la diferencia entre todos ellos) se introducían en la casa de los primeros para compartir sus frivolidades. De ahí esa escena entre el segundo de los matrimonios (quizá demasiado extensa) en la que la incomunicación de ambos les impide incluso saber que aquel con el que hablaban era precisamente su cónyuge.

El propio Fernando Tejero, en una entrevista en estas mismas líneas, matizaba la sensación que tuvo ayer el espectador al ver el montaje de Luis Luque. «Es una función que va más por la comedia que por el drama. En realidad es una tragicomedia», señalaba. A su juicio, en París, que llevan representándola desde hace eso, 70 años, se hace más de una óptica del drama. «Aquí pondera más la comedia; el drama está por debajo, y creo por tanto que es una apuesta de Luis. Cada uno hará su propio viaje dentro de una función que es compleja. Pero independientemente de esta versión, es una obra que debería ver todo el mundo al que le guste el teatro», explicaba.

Efectivamente, las risas predonimaron durante todo el pase, aunque quizá algunas más justificadas que otras. Pero, al fin y al cabo, se trata de una obra que nació a partir de las sentencias reveladoras de un manual para aprender inglés «y que revelan nuestro automatismo colectivo, una obra que a través de sus sinsentidos es un fiel reflejo de las sociedades modernas y muestran el absurdo de nuestras acciones que llenan nuestro día a día. Una obra de amplia visión de futuro. Leyendo a Ionesco descubres la mirada extrañada de un niño, un niño que mira a su alrededor y que no entiende la forma de ser y de estar vivos», señalaban desde la dirección.

Llegados al final, los cuatro personajes entran en una dinámica imposible de seguir. Quizá se trata del momento más auténtico; la situación que mejor describe el objetivo del autor. «Se ha dicho que el teatro de Ionesco, el teatro del absurdo, podía suponer, en cierto modo, un teatro de advertencia social (así se llegó a catalogar a algunas de sus obras) creo que esa etiqueta queda obsoleta y que habría que reemplazarla por otra etiqueta que transformara la advertencia en condena», insisten desde la dirección. Quizá sea este momento el momento de la historia idóneo para rescatar a 'La cantante'. En Málaga, por suerte, ya la hemos escuchado.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos