María Cárdenas: «Abordar la locura permite entrar en otros caminos, en un teatro más ebrio»

Cárdenas, ganadora de un Max, analiza la fina línea que separa la locura de la razón en 'Síndrhomo'./SUR
Cárdenas, ganadora de un Max, analiza la fina línea que separa la locura de la razón en 'Síndrhomo'. / SUR

La autora argentina sorprende con una obra de tono poético sobre el síndrome de Diógenes y la «apatía social»

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

María Cárdenas conoce los mecanismos que activan el instinto de supervivencia. La autora argentina, afincada en Valencia y ganadora de un Max, construye en 'Síndrhomo', programada hoy en el Teatro Echegaray, una tragicomedia sobre la resistencia donde aborda el síndrome de Diógenes y la fina línea que separa la cordura de la razón.

-¿Qué significa 'síndrhomo'?

-Es una palabra que inventé. Une «síndrome» y «homo». Me daba juego para representar la bipolaridad que hay en la obra entre la locura y la razón.

«El cáncer es algo con lo que convivo y el teatro ha sido sanador. Quiero mantener esa filosofía»

-La obra es un canto a la resistencia. ¿Cómo construyó esa idea?

-Me interesaba plasmar la resistencia de los locos a que intenten meterlos en una jaula y la resistencia de los cuerdos, que piensan que hay que seguir siempre los caminos trazados por la sociedad. En la obra chocan esos titanes y eso se transforma, aunque no quiero desvelar el final. También necesitaba contar qué ocurría en El Cabanyal (barrio de Valencia), donde el Gobierno valenciano derruyó muchas casas para construir una avenida, echando a la gente. Visitando esas viviendas demolidas se me ocurrió la idea de crear un personaje con síndrome de Diógenes que lucha contra esta plaga de apatía social.

-¿Por qué eligió el síndrome de Diógenes y no otra enfermedad?

-Me gusta trabajar los personajes. El síndrome de Diógenes suele aparecer por la soledad o la pérdida de algún ser querido. Eso me fue dando las pautas para crear los universos que componen la obra, donde aparecen una madre que ya no está, una hermana y un travesti que hace de nexo entre la locura y la cordura, aunque después de ver la obra no sabemos quién está loco y quién está cuerdo. El síndrome también me dio la posibilidad de utilizar la poesía, porque abordar el terreno de la locura permite entrar en otros caminos, en un teatro más ebrio.

-¿Tuvo alguna referencia poética mientras escribía la obra? El argumento recuerda a 'Extracción de la piedra de la locura', de Pizarnik.

-Cuando digo que el texto es poético lo hago modestamente, por favor (risas). Pizarnik, Bukowsi... Me gustan esos poetas, sobre todo por su parte oscura, pero no busqué referentes. Todo fue saliendo de forma natural.

-¿El teatro llegó tarde a su vida o fue usted quien se retrasó?

-En Argentina se suele decir: «No pasa nada, el tango te espera». En mi caso fue el teatro. Estuve mucho tiempo trabajando como creativa publicitaria. Hice un taller con Paco Zarzoso y me inyectó el veneno del teatro.

-La Teta Calva, su productora, nace de un momento complicado. ¿Cómo influyó en su escritura?

-El cáncer es algo con lo que convivo. He tenido dos y hay posibilidades de que tenga alguno más, no se sabe. El primero fue el gran golpe. Ahí empecé a escribir un blog que se llamaba 'La teta calva', de ahí el nombre. Mi marido y yo decidimos montar la compañía porque había llegado la crisis y necesitábamos generarnos nuestro propio trabajo. Yo había dejado la publicidad; teniendo cáncer, calva, flaca... Digamos que no tenía muchas posibilidades con los clientes (risas). Mi marido me propuso usar el nombre del blog y me encantó la idea, porque así se transformaba en algo positivo. Para mí el teatro ha sido sanador, y quiero mantener el nombre como filosofía de vida; hay que hacer las cosas ahora porque mañana nunca se sabe qué puede pasar.

-¿Qué supuso el Premio Max?

-La primera sorpresa fue la candidatura. No lo esperaba. Me había preparado un discurso pero ni lo imprimí (risas). Me dio confianza y alegría.

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