Diario Sur

La esencia del arte, en frasco pequeño

La obra de Enrique Brinkmann, ‘Olor’, y al fondo, ‘Sardinas’, de Hannah Collins.
La obra de Enrique Brinkmann, ‘Olor’, y al fondo, ‘Sardinas’, de Hannah Collins. / Paula Hérvele
  • El perfumista Ernesto Ventós crea frangancias que acompañan la exhibición de su colección que incluye piezas de Ibarrola, Jasch, Madoz, Fontela y Brinkmann

  • ‘Olor de Málaga’ descubre el perfume de la ciudad a través de artistas contemporáneos

Hace más de medio siglo, una productora norteamericana rodó en Málaga la primera cinta con olores de la historia del cine. Se tituló ‘Esencia de misterio’ y la proyección se mezclaba con aromas a vino moscatel o biznagas. Aquel experimento olfativo se puede revivir desde ayer en las salas de La Coracha con la exposición ‘Olor de Málaga’, que traslada ese mismo concepto al arte a través del perfumista y mecenas catalán Ernesto Ventós. En su colección privada se encuentran obras de Agustín Ibarrola, Alex Jasch, Duane Michals, Chema Madoz o Enrique Brinkmann, que están presentes en la muestra inaugurada ayer, cuyas piezas se han seleccionado a partir de los olores que sugieren la Málaga romana, la ciudad industrial del XIX y la simbología popular. Así, las obras se pueden contemplar a la vez que se huelen las esencias creadas por Ventós para este montaje.

«El objetivo es traducir la memoria olfativa de la ciudad al arte contemporáneo», señaló ayer la comisaria de la exposición, Cristina Agàpito, que ha seleccionado las 55 obras exhibidas en ‘Olor de Málaga’, que se convierten en un homenaje olfativo a la ciudad al destapar las esencias en frasco pequeño que acompañan a las piezas. El garum romano, el hierro de los altos hornos decimonónicos, las desaparecidas fábricas textiles, los ingenios de caña de azúcar o el rastro de Tabacalera son algunas de las fragancias que el perfumista y mecenas ha (re)creado para esta exposición, que también muestra la esencia de Málaga a través de los trabajos de Alberto Corazón, Joan Hernández Pijuán o Hugo Fontela, entre otros.

Una variedad de artistas que también transita en la diversidad de los materiales, desde el clásico óleo a la contemporánea fotografía, pasando por esculturas, móviles, instalaciones y vídeo. La muestra se detiene en símbolos reconocibles de Málaga, como los espetos, cuya esencia se destapa con olores ahumados, cresólicos, coníferos y de pescado, mientras observamos la obra ‘Sardinas’, una fotografía en blanco y negro con la firma de Hannah Collins. Muy cerca revive el aroma del desaparecido Cenachero, con una fragancia a peces, a mar y a algas, que llevan a la obra del malagueño Enrique Brinkmann ‘Olor’, con esa inconfundible malla metálica tan característica de su autor y que bien podrían representar esas redes que acaban llevando el copo a las fotos de Collins.

Todas las piezas de la colección tienen la impronta de su coleccionista, que es la última generación de la centenaria empresa de perfumes Ventós. Autor incansable de nuevas fragancias, Ernesto Ventós reveló ayer que ha desarrollado una hipersensibilidad olfativa a partir de su discapacidad auditiva y, por ello, contempla la mezcla de olores para nuevas fragancias como un proceso similar a la creación artística. Dos conceptos que desde hace casi 40 años ha unido a la hora de seleccionar su colección de arte contemporáneo, en la que no predomina el sentido de la vista, sino las percepciones olfativas que le sugieren las obras.

«No es tanto el olor físico de la pintura o la escultura, sino que la adquisición depende de la conexión de la pieza con la memoria olfativa del propio coleccionista», señaló la comisaria de la exposición, que destacó que fue el poeta Joan Brossa el que bautizó estos fondos como colección olorVISUAL. En este sentido, Ernesto Ventós mostró además su especial interés por la difusión del sentido del olfato en el arte, por lo que la exposición cuenta también con un programa pedagógico dirigido a niños y familias para enseñar a traducir imágenes en olores. Y viceversa.

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