El efecto Abramovic

Exposición de Abramovic.
Exposición de Abramovic. / T. M.
  • Pocos son capaces de emocionar tanto sólo con su presencia, y eso sólo lo puede provocar alguien avezado en el mundo de las emociones

Cuando Marina Abramovic se bajó del coche y caminó desde la plaza hacia la galería mallorquina Horrach Moyà, en la que protagoniza una exposición individual hasta el 14 de septiembre, una chica de unos treinta años rompió a llorar al verla. La artista se acercó a ella y se dieron un abrazo durante algunos segundos que por la cualidad subjetiva que tiene el tiempo pudieron convertirse en una eternidad. Algo así ocurrió también en su visita a Málaga con miles de personas esperándola; desde entonces, la artista pide un guardaespaldas para cada sitio al que va. Un crítico escribió una reseña en la que aseguraba odiar a Abramovic precisamente por eso, porque le hacía llorar. Pocos son capaces de emocionar tanto sólo con su presencia, y eso sólo lo puede provocar alguien avezado en el mundo de las emociones que después de una trayectoria de 40 años ha demostrado ser capaz de casi todo, quizá también como una manera de purgar sus propios sentimientos. El pasado desencadena lo que ella es ahora; según se mire, la mayor artista de la historia de la performance, una celebridad internacional, una médium de las emociones, la gran mártir del arte contemporáneo.

No siempre ha sido así y conviene recordarlo. Por eso esta exposición, comisariada por Helena Juncosa, resulta tan importante. Allí se muestran tres piezas históricas que pertenecen a la trilogía ‘The Freeing Series’ (1975), algo así como ‘La serie de la liberación’, que corresponde al período en el que se muda definitivamente de su país y la oportunidad de la artista para despedirse de sus raíces. Las acciones tienen por lo tanto un componente político y emocional, con el instrumento de su cuerpo al límite. En ‘Freeing the Memory’, Abramovic recita durante cerca de dos horas todas las palabras que se le vienen a la cabeza, en serbocroata, inglés y holandés hasta que su lenguaje queda completamente reseteado. En ‘Freeing the Body’, baila a ritmo de un tambor sin descanso durante ocho horas hasta que se desploma en el suelo casi sin respiración. ‘Freeing the Voice’, la más reciente, muestra a la artista tumbada de espaldas, gritando hasta perder la voz. La serie completa supone un ejercicio de depuración y de desbloqueo para emprender otro viaje. El que ahora nos atañe incluye un trayecto de ser pobre de solemnidad hasta convertirse en una de los exponentes más famosos del arte contemporáneo mundial y que hace cosas como enseñar a dejar de fumar a Lady Gaga mediante el ‘Método Abramovic’.

Ha sido un viaje largo porque sus comienzos fueron en la escena ‘underground’ del lenguaje del cuerpo, la generación pionera de artistas como Bruce Nauman, Vito Acconci o Chris Burden. Ella ha logrado trascender en el tiempo y ha creado algunos de los mejores y más radicales trabajos en este género evolucionando hasta la explosión de emociones que ahora provoca a su paso. La serie que expone la Horrach Moyà forma parte de su etapa más radical y prehistórica, justo antes de trasladar su residencia a Ámsterdam y convivir con la que sería su pareja en todos los sentidos, el también artista Ulay, con el que trabajó durante más de diez años en piezas conjuntas. Su relación acabaría con una acción monumental en la que los artistas cruzan de un lado a otro la Muralla China hasta encontrarse en el centro, para despedirse y continuar su camino en solitario. Ambos artistas tuvieron su reencuentro en la histórica exposición individual de Abramovic en el MoMA y que está excelentemente registrado en ‘The Artist is Present’, el documental producido por la HBO y que es imprescindible para cualquier aficionado al arte del cuerpo o, en realidad, para todo el mudo. Pocos en la historia del arte han sido capaces de romper la barrera entre el artista y el espectador de la manera en la que ella lo ha hecho. Con esta exposición, y después de haber expuesto sólo en los últimos tres años a Lawrence Weiner, Muntean / Rosenblum, Joana Vasconcelos o Sylvie Fleury, esta galería mallorquina continúa su apuesta que no es sencilla por un arte de máximo nivel internacional.

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