Diario Sur

Memoria visual de un viajero invisible

José María Luna, Ignacio Jáuregui y Pablo Aranda, ayer en la Económica.
José María Luna, Ignacio Jáuregui y Pablo Aranda, ayer en la Económica. / Paula Hérvele
  • Ignacio Jáuregui comenta algunas de sus fotografías vinculadas con la fe en diversos países en una charla organizada por el Aula de Cultura de SUR

Un aforismo descreído sentencia que viajar es ir en busca de las ganas de volver a casa. No parece que sea el caso del arquitecto Ignacio Jáuregui (Málaga, 1967), cuyo pasaporte debe recordar bastante a un álbum de cromos con sellos impresos en medio mundo. De sus periplos por el globo habló ayer en la charla ‘Rituales’, organizada por el Aula de Cultura de SUR en colaboración de la Obra Social La Caixa y acogida por la Sociedad Económica de Amigos del País.

Arquitecto de formación, viajero por vocación y compulsivo consumidor cultural, Jáuregui trufó sus recuerdos y anécdotas con imágenes tomadas en estos viajes. Instantáneas que parecen redundar en su afán por ser una suerte de observador y paseante inadvertido para el resto. Al fin y al cabo, su blog y su perfil en redes sociales están bautizados como ‘Flâneur invisible’ (paseante invisible).

«Ahora que se viaja más que nunca, pero que se ve menos que nunca, Nacho pasea, toma notas… En ese sentido es el ‘flâneur’ francés», reivindicó José María Luna, director de la agencia municipal que gestiona la Casa Natal de Picasso y las filiales del Pompidou y del Museo de Arte Ruso de San Petersburgo, entidad con la que colabora Jáuregui en la actualidad.

«Uno se da cuenta después de muchos años viajando de que hay unas pautas en los viajes y, en mi caso, una de esas pautas sería una búsqueda de algo que podríamos llamar rituales», deslizó Jáuregui, que reflexionó sobre su interés por las manifestaciones de la fe en distintas confesiones repartidas por el mundo, pese a definirse a sí mismo como «un ateo, escéptico, individualista».

Jáuregui brindaba una conferencia visual que desembocará en un libro, como ya hiciera en el volumen ‘50 ensayos de secesión’ que recopiló sus artículos en SUR. La charla siguió el orden que el autor quiere dar a su futura publicación y así las fotografías de Jáuregui comenzaron su periplo por el budismo en Tailandia, siguieron por los cantos en Birmania y orillaron en los coloridos atuendos de Senegal.

Del cristianismo ofreció imágenes de procesiones en Palermo, Florencia, Nápoles, pero hizo una parada especial en Lalibela (en el norte de Etiopía) y sus iglesias talladas en piedra, su procesión del arca de la alianza y sus desfiles festivos.

El crisol de Jerusalén

Turno para Benarés y los ritos funerarios hindúes en el río Ganges; para Jerusalén y su Muro de las Lamentaciones judío a escasa distancia de la mezquita musulmana y del Santo Sepulcro cristiano. Porque ha dado para mucho esa visita: «En el último viaje que he hecho, en Israel, viendo el Museo del Holocausto, vi una entrevista con un superviviente del gueto de Varsovia que relataba cómo celebraban del ‘shabat’ y cómo, pese a todo lo que estaban sufriendo, para ellos era la felicidad absoluta».

Luego los templos mayas de Guatemala justo antes de que lleguen los cruceristas. Una arquitectura imponente, el silencio, un grupo de indios prende una hoguera, un rito en la intimidad. Aunque allí hay un observador discreto, un paseante que saca su cámara y su cuaderno. Mudo. Casi invisible.

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