PATIO DE BUTACAS

TANTO, TANTO RUIDO

Que un cine de los de antes siga funcionando hoy día es noticia. Tanto que incluso se merezca la foto de primera página. SUR abría el pasado domingo con los coletazos del ciberataque global que ha resultado ser tan contemporáneo como la eterna juventud del Cine San Francisco, una sala con una única pantalla que resiste las leyes de la era digital y de los multicines gracias al empeño de la familia Farfán. Una saga cinéfila más perenne que el &lsquoFast & Furious 8&rsquo que estrenó esta misma sala de Alhaurín el Grande hace unas semanas. Están a punto de cumplir medio siglo de películas con la intención de que sus vecinos sigan encontrando allí la última novedad de cartelera. Proyectan una cinta cada fin de semana. O dos, haciendo malabares con los horarios. Pero los fotogramas no faltan. Y público con ganas, tampoco. Larga vida a esta sala que ha cambiado el guión de &lsquoCinema Paradiso&rsquo.

El San Francisco nació siguiendo el modelo arquitectónico del cine más célebre de la Málaga de los 70, el Astoria. Ese mismo del que ahora solo queda un esqueleto varado en la plaza de la Merced. Un espacio municipal que se compró a precio de &lsquoboom&rsquo inmobiliario en plena crisis y con el que el Ayuntamiento no sabía muy bien que hacer. Hasta que un concurso de ideas hizo honor a su objetivo con el proyecto ganador: un diseño arquitectónico de José Seguí, un proyecto teatral con el sello de Antonio Banderas y la inversión de Starlite. Ahora tocaba pasar a otro concurso, el de ejecución, y todo se ha torcido desde que el alcalde, Francisco de la Torre, dio la impresión de que más que una nueva selección pública se iba a adjudicar con un dedazo, pese a que la idea seleccionada ni pedía ni necesitaba esta &lsquoayuda&rsquo. Con la consiguiente bronca política. Y las opiniones desaforadas a favor y en contra en redes sociales. Mucho, mucho ruido; tanto, tanto ruido, que cantaba Sabina. A lo que Banderas ha decidido que abandona. Pero el ruido sigue. De hecho, ya solo queda el ruido.

Lo mejor es que, en su carta, el actor mantiene su proyecto de un teatro-escuela en Málaga. Aunque sine die y sine sitio. Y lo peor, que el modesto Cine San Francisco tiene más vida que su modelo, el Astoria.

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