Diario Sur

Starck, marca registrada

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Phillipe Starck, en la inauguración de la muestra. / Fernando González

  • El Centre Pompidou Málaga se asoma al proceso creativo del diseñador

Despliega Phillipe Starck un encanto natural arrebatador. Una simpatía relajada que da ganas de invitarle a una caña. Y así, en apenas unos segundos hace que se pase el mosqueo por su retraso de casi media hora en el inicio de la presentación de la muestra que le dedica desde hoy en Centre Pompidou Málaga, la única que ha 'concedido' el diseñador galo desde la que ofreció el Pompidou parisino hace ya 14 años.

El proyecto ofrece 30 objetos diseñados por Starck a lo largo de su carrera y los envuelve en más de 4.000 bocetos que dan cuenta de su proceso creativo. Aunque la primera pista viene en el muro inaugural, pintado de negro, con el apellido del diseñador coronado con la letra erre metida en un círculo. Starck, marca registrada. Hasta la sala de exposiciones temporales de la franquicia malagueña huele a 'Peau', el perfume lanzado por el diseño que impregna, en el sentido literal de la expresión, al visitante al montaje que permanecerá en cartel hasta el próximo 17 de septiembre.

y además

En ese ambiente van pasando el célebre exprimidor 'Juicy salif' (1988) creado para la firma Alessi; las sillas 'Louis Ghost' (2000) y 'La marie' (1996) para la marca Kartell; las sandalias para Ipanema o los auriculares 'Zik' de cuero marte en color verde comercializados por Parrot. Artículos ofrecidos “sin jerarquías” para plasmar “la singularidad de cada creación”, en palabras de la comisaria, Marie-Ange Brayer, quien detalló que la colección del Centre Pompidou de París cuenta con 300 objetos diseñados por Starck.

Pero el autor se afanaba en quitarse importancia. Ataviado con unas deportivas, unos pantalones de colorido psicodélico, una sudadera con capucha y una americana oscura, Starck lanzaba: “Van a entrar en el cerebro de alguien que trabaja y que busca soluciones, a veces útiles, a veces inútiles, pero siempre interesantes”, anunciaba esta mañana Starck, que vino, vio y venció en una fugaz visita a Málaga. Casi un visto y no visto zalamero, justificado por el mismo Starck en sus palabras iniciales: “Mi mujer y yo somos gente que huye. Aún no nos busca a la policía, pero huimos de la ciudad, de la sociedad, de los eventos... pero de lo que más huimos es de las exposiciones. Las exposiciones para mí parecen ser un homenaje y no me gusta que se admire algo o a alguien”.

“Crear no es complicado. No es complicado lo que van a ver. Van a reconocer algunos productos que han sido concebidos en un solo folio con un lápiz, nunca con el ordenador, no se necesita más”, apostillaba Starck antes de reivindicar el proyecto de Málaga como “una exposición para los niños, para que comprendan que con un pequeño papel, con un lápiz y con obstinación... al final ocurre la magia”.

Magia como la que parece hacer Starck con su exquisito don de gentes, su cercanía cómplice. Como cuando se excusa nada más llegar a Málaga por no hablar el idioma: “Tengo una casa en Formentera desde hace 50 años y ese no es tiempo suficiente para aprender a hablar bien español”. Y cuesta no devolverle la sonrisa.

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