PATIO DE BUTACAS

(DES)CUENTOS

Ayer tocaba ir al cine. Por el ofertón de 2,90 euros me tragué 'El círculo', un 'thriller' tecnológico del que uno sale con una sensación familiar. La misma que con la última película de Oliver Stone, 'Snowden'. Con el convencimiento de que la privacidad es un concepto arcaico, una mentira que nos seguimos creyendo porque nos tranquiliza y nos impide ver que, en la era de la hipercomunicación, dejamos más huellas con el ratón que un caballo en una película del oeste. Viendo a ese Tom Hanks todopoderoso a lo Steve Jobs, dan ganas de coger un martillo para machacar el móvil, cancelar las cuentas de Google, Facebook, Twitter, Whatsapp... e irse al puente de Tetuán a tirar el portátil al río como si fuera el arma de un delito. Lo malo es que nuestro Guadalmedina no lleva agua y lo deja todo al descubierto. Total, aquí estamos usando el ordenador para este artículo como si nada pasara y con el presentimiento de que alguien está leyendo esto incluso antes de que lo escriba. 'El círculo' no vale mucho -en lo cinematográfico- y su gran aspiración es que pasemos el rato y por taquilla, aunque lo que nos cuenta es para pasar un mal rato. Desde luego, por lo que valía la entrada en esta Fiesta del Cine -se prolonga hasta hoy en casi todas las pantallas de Málaga-, merece la pena. Aunque mejor pagar la butaca con dinero suelto, no vayan a saber que estamos en el cine.

La capital de la Costa del Sol también anda de rebajas. Con el Plan Decenio Málaga Cultura Innovadora 2025, aunque a diferencia de lo que nos cuenta 'El Círculo' nadie se ha enterado de la existencia de este revolucionario programa de incentivos. El Ayuntamiento ha liderado la iniciativa que ha aprobado Hacienda y en la que colaboran el Ministerio de Cultura y la Junta de Andalucía. Todos en el ajo para ofrecer unos beneficios fiscales muy provechosos a patrocinadores privados de toda España que quieran invertir en las industrias culturales malagueñas. Desde una exposición al rodaje de una película. Un premio a una ciudad que ha hecho bandera de la cultura. Aunque un año y pico después de la puesta en marcha de estos (des)cuentos solo se ha conseguido un mecenas. Y ha resultado ser de los de casa, Unicaja. Todo un récord en la época de la hipercomunicación.

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