Philippe Starck: «Estar en un museo es un gran honor, pero estar en el cuarto de baño de la gente es la verdadera meta»

El Centre Pompidou Málaga estrenará la exposición 'Starck, dibujos secretos'.
El Centre Pompidou Málaga estrenará la exposición 'Starck, dibujos secretos'. / AFP
  • El mediático creador francés inaugurará este miércoles una exposición sobre su obra en el Centre Pompidou Málaga

Sostiene su página web que tiene 10.000 creaciones «completadas o aún por venir». Algunas de ellas forman parte del paisaje cotidiano de millones de hogares y de los manuales de diseño de todo el mundo. Philippe Starck (París, 1949) ha logrado que un exprimidor ingrese en la colección del MoMA y ha estampado su firma en bicicletas, sillas, mesas, restaurantes y yates de lujo hasta convertir su sello en una marca planetaria. El mediático diseñador francés responde al cuestionario remitido por SUR con motivo de la exposición que el Centre Pompidou Málaga le dedica a partir de mañana.

–¿Qué podrán ver quienes visiten la muestra en el Centre Pompidou Málaga?

–Los visitantes, a través de esta exposición, pueden entender que cualquiera puede ser creativo. ‘4.000 dibujos secretos’ muestra ideas, pero antes que eso muestra el trabajo, el proceso de trabajo. Estos dibujos son interesantes, porque muestran que cualquier idea puede ser expresada en unos pocos bocetos hechos en una página. Eso significa que la creatividad es anterior a cualquier otra cosa durante toda una vida de curiosidad, generosidad, visión y rigor. Y después de treinta años, de diez años, de cinco años, nunca menos, de ‘cocina’, el boceto surge como la impresión de la idea final. Estos esbozos demuestran claramente que no existe un proceso estético o cultural: sólo una estructura lógica y funcional, fuera de cualquier tendencia, con un solo objetivo que es dar el servicio correcto con el mínimo de materialidad. Estos dibujos demostrarán también que el humor, uno de los síntomas más hermosos de inteligencia humana, está siempre presente, incluso en la relación con tu equipo, que ofrece una permanente situación surrealista, es también una relación humana que está en el centro del proyecto.

–Con casi cuatro décadas de trayectoria, ¿cómo ha cambiado su manera de afrontar el diseño de un objeto?

–Cuatro décadas de experiencia no han cambiado absolutamente nada. Sigo usando el mismo papel, el mismo lápiz, nunca el ordenador. Mis obsesiones son siempre la misma: nuestra evolución. Sólo te vuelves más riguroso porque quieres y porque puedes ser más riguroso. Cuando eres joven, tu deber es trabajar para existir, para sobrevivir; cuando eres menos joven, tu deber es olvidarte de ti mismo y servir a tu comunidad.

–¿Qué papel juega la belleza en este proceso?

–La belleza no me interesa porque la belleza no existe. La belleza es una opinión personal que puede cambiar con el tiempo, con el clima o con el estado de ánimo. La belleza no es un parámetro lo bastante fuerte como para construir algo sobre él. La belleza puede ser bella hoy y fea mañana y bella otra vez mañana. No es serio. Sólo la búsqueda de la armonía es útil y eterna. Espero que podamos entender que delante de un cuadro deberíamos sustituir el ‘Oh, Dios mío, qué hermoso’ por ‘Qué perfecta armonía’.

–Ha reivindicado que un objeto diseñado por usted debe «prestar un servicio» tanto funcional como emocional. ¿Es uno más importante que otro?

–Si tienes el honor y la suerte de ser visitado por algo que puede ser una buena idea, tienes que seguir ese proceso con rigor. Primero tienes que preguntarte si ese proyecto es necesario y si merece existir. Tienes que preguntarte si antes del producto hay una visión y un concepto. Si es así, tienes que intentar dar ese servicio sin hacer algo material, si no puedes, tienes que hacerlo con menos materialidad y con la materialidad correcta que significan algunos parámetros como la ecología, la economía, la política y la sexualidad. Si tienes éxito, tendrás un producto creativo y honesto que puede ser bueno para vivir con él.

–Su obra se ha exhibido en museos de todo el mundo y al mismo tiempo forma parte de millones de hogares. ¿Dónde prefiere verla?

–Estar en un museo es un gran honor y un agradecimiento global a una comunidad global. Es algo abstracto. Estar en el cuarto de baño de la gente es la verdadera meta, el resultado real de tu trabajo y el reconocimiento más personal. Nunca aprecio que la gente me diga que lo que hago es hermoso, eso no tiene sentido. Me siento profundamente conmovido cuando la gente se cruza conmigo por la calle y sólo dice ‘Gracias’ y, a veces, ‘Gracias por lo que haces por nosotros’.

–¿Qué se le pasa por la cabeza cuando encuentra una imitación de una obra suya?

–Me siento triste por la sociedad y a veces por la civilización. Copiar o repetir es una pérdida de tiempo, un desperdicio de energía y una prueba de pereza y de avidez. Todo el mundo tiene el deber de trabajar y de participar en la hermosa historia de nuestra evolución. Alguien que copia no forma parte de eso e incluso realiza una regresión de la creatividad que es una vergüenza y una negación de nuestro ADN como creadores.

–Una de sus residencias está en España. ¿Qué le aporta Formentera?

–El gusto definitivo, incluso la vocación, por lo mínimo. Llegué a Formentera cuando tenía 16 años. No había coches, ni motocicletas, 10 bicicletas, ni electricidad ni agua corriente ni barcos de pesca ni nada de comer. Vivía en la playa con medio euro al día y recuerdo que un día para un cumpleaños quise comprar cinco dulces muy pequeños en una panadería y el hombre me dijo que comprar cinco era demasiado y que tenía que dejar algunos dulces para otra gente. Formentera es una lección permanente sobre la elegancia de lo mínimo.

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