Picasso, un ‘souvenir’ de cuerpo presente

Eugenio Merino y Alfonso Silva colocan la escultura yacente de Picasso.
Eugenio Merino y Alfonso Silva colocan la escultura yacente de Picasso. / Fernando González
  • Eugenio Merino expone desde hoy en la Alianza Francesa de Málaga una escultura del artista muerto

  • La pieza hiperrealista quiere plantear una reflexión sobre la reducción del genio y su obra a un reclamo turístico y económico

Casi parece una manera de cerrar el círculo, entre vicioso y gozoso. La ciudad que ha encontrado una de sus principales señas de identidad en la chiripa cósmica de haber acunado a un artista convertido en icono planetario de la cultural popular recibe ahora el cuerpo de ese hijo pródigo, marchado siendo un niño para no volver jamás. Ahí está, tranquilo en su sueño eterno, Pablo Ruiz Picasso, muerto para que lo miren los turistas, para que se hagan un ‘selfie’ con su eternidad plastificada. Un nuevo ‘souvenir’ picassiano en la ciudad; ahora, de cuerpo presente.

La escultura mide lo mismo que el artista; va vestida con la característica camiseta blanca a rayas horizontales azules y cuenta incluso con mechones canosos de pelo natural. Es la gran atracción de ‘Aquí murió Picasso’, la instalación que hoy presenta en la Alianza Francesa de Málaga el artista Eugenio Merino, de la mano de Los Interventores. «La obra busca la reflexión sobre la explotación de este personaje. Pienso que la gente, aparte de encontrarse con un cuerpo, puede inscribirse en una corriente crítica que ya existe en la ciudad sobre cómo se está transformando Málaga» avanza Merino, cuyas esculturas hiperrealistas le han valido notoriedad y alguna citación judicial.

Sucedió en 2013, cuando la Fundación Francisco Franco lo demandó por su pieza ‘Always Franco’, presentada en la feria Arco de 2012 y que consistía en una escultura del dictador metida en una nevera. O aquella otra del cotizado artista Damien Hirst pegándose un tiro en la sien. «A la gente le gusta encontrar la ofensa en cualquier cosa. Hoy cualquier chiste te puede llevar ante un juez. Al fin y al cabo, el humor siempre ha sido complicado, aunque aquí no sea esa la finalidad. Con algo más ofensivo habríamos perdido el hilo de la pieza. La idea no es ofender a Picasso, sino hablar de cómo se ha explotado su imagen en la ciudad», defiende Merino.

De hecho, aquí opta Merino por una mayor contención formal: una cortina separa la ‘capilla’ en la que se ha convertido la sala de la Alianza Francesa del trasiego del recibidor y, al fondo, Picasso yacente con una lápida de mármol de Carrara. «La intención es hacer una verdadera atracción turística, integrar el folleto que hemos editado en los puntos de información turística es parte del proyecto. El turista está acostumbrado a que le digan dónde tiene que ir, así que si le dicen que aquí está Picasso muerto, aunque sea un muñeco, creo que se van a animar», sigue Merino, que no pasa por alto la paradoja de que una pieza que cuestiona la ‘espectacularización’ de Picasso se acabe convirtiendo en un espectáculo.

Contradicción y mensaje

«La contracción de toda pieza existe –mantiene Merino–, pero el mensaje también. Trabajamos en ese borde, como cuando Santiago Sierra explota a la gente para hacer una pieza sobre el capitalismo más radical. Hacer una obra sin ninguna contradicción tampoco es el sentido del trabajo de un artista. Esas contradicciones están presentes en la obra, pero creo que la manera perfecta de resolverlo es crear una atracción falsa que te haga pensar en eso».

Merino regresa a la ciudad tras protagonizar proyectos anteriores tanto con la Alianza Francesa como con Los Interventores. Justo los componentes de este estudio, Javier Hirschfeld y Alfonso Silva, abundan en las distancias que quieren marcar con las posibles polémicas. «La intención es lo que define tu obra», sentencia Silva sobre la vocación crítica y reflexiva de ‘Aquí murió Picasso’, mientras Hirschfeld abrocha: «Sería la atracción definitiva en torno a Picasso, pensar qué querría ver el turista después de su Casa Natal y del Museo Picasso. A través de ese concepto queríamos reflexionar sobre cómo la ciudad se está transformando en torno a las necesidades del turista y no de los malagueños».

Ahora, unos y otros tienen la palabra. Y las cámaras de fotos.

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