La pintura resucita en la casa del obispo

La pintura resucita en la casa del obispo
/ Antonio Javier López
  • El Episcopal reivindica el óleo sobre lienzo en una muestra promovida por el mecenas Roberto Polo y comisariada por Barbara Rose

Cuenta Barbara Rose que Paul Cézanne enfilaba la realización de un cuadro y «cuando sentía el equilibrio», lo daba por terminado. Como Antonio Machado hacía camino al andar, el impresionista iba encontrando el cuadro a medida que lo iba pintando. Un proceso muy similar al que reivindica la exposición que hoy abre sus puertas en el Palacio Episcopal, comisariada por la propia Rose, historia viva de la crítica de arte internacional.

Junto a Rose, el otro pilar sobre el que se levanta el proyecto es Roberto Polo. Artista, mecenas y marchante; patrono en The Metropolitan Museum of Art (Nueva York) y Gran Mecenas del Museo del Louvre de París, Polo no presenta aquí obras de su colección, sino que plantea una suerte de proyecto de tesis junto a Rose. Él mismo lo resumía ayer: «La pintura ha sido asesinada muchas veces durante los últimos tres siglos. Esta exposición tiene una tesis principal: que la pintura está muy fuerte de regreso».

Con esos glamourosos mimbres se presenta ‘Painting after postmodernism Belgium-USA’, que sin embargo reúne la obra de 16 artistas «al margen del mercado», por seguir la argumentación de Polo. Rose explicaba ayer que la muestra une a artistas belgas y norteamericanos porque ha estado promovida en su estreno en Bruselas por la Casa Real del país europeo. A partir de ahí, el proyecto que podrá visitarse hasta el 2 de julio (hoy de manera gratuita) en el Palacio Episcopal ofrece a través de 32 piezas «una pintura que no cita al pasado». Al fin y al cabo, como resume Rose, «las imágenes nacen del proceso de creación, son el final».

Polo y Rose coincidían ayer al señalarse de manera mutua como descubridores del «primer movimiento internacional en la pintura después del posmodernismo» que ahora cristalizaría en esta exposición, que tras ofrecer en Málaga su única escala en España viajará a distintos puntos de Asia y América.

Ese movimiento encontraría algunas de sus señas de identidad en la importancia del proceso artístico sobre el resultado, en la carga matérica y en su mayor proximidad –al menos por lo visto en el Episcopal– con los lenguajes próximos a la abstracción. «Es todo táctil, no sólo para ser experimentado por los ojos. Esta es una exposición tremendamente emocional», mantenía Rose sobre la muestra que ofrece las creaciones de Mil Ceulemans, Joris Ghenkiere, Bernard Gilbert, Marc Maet, Werner Mannaers, Xavier Noiret-Thomé, Bart Vandevijvere y Jan Vanriet. Junto a ellos, los estadounidenses Walter Darby Bannard, Karen Gunderson, Martín Kline, Melissa Kretschmer, Lois Lane, Paul Manes, Ed Moses y Larry Poons.

Crear imágenes

Tras la exposición con fondos de la Colección de la Fundación Coca-Cola, ‘Painting after postmodernism Belgium-USA’ es la segunda de las tres muestras que albergará el Palacio Episcopal en virtud del acuerdo del Obispado de Málaga (propietario del inmueble) con el Ayuntamiento de la capital, promotor de las tres exhibiciones de arte contemporáneo que pasarán hasta septiembre por la primera planta del edificio señorial de la plaza del Obispo.

«No usan la tecnología para nada. Son artistas que tienen una formación básica, pero se trata de un arte que puede mantenerse al lado de los maestros antiguos», apostillaba Rose, quien ha organizado el discurso de la exposición que hoy abre sus puertas «por intuición, siguiendo un criterio estético de relación de las obras con el espacio, con este edificio».

Diálogos a partir del color, de la luz y de la propia pintura como materia. Y Rose: «Todo va hacia el espectador». Habrá que buscar el equilibrio, al modo de Cézanne.

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