PATIO DE BUTACAS

BURBUJA

Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades museísticas. Nadie lo diría después de que hace unos días patentáramos el sello &lsquoMálaga, ciudad de museos&rsquo para presumir de que nuestra calle Larios del arte tiene las mejores marcas: Picasso, Thyssen, Pompidou, CAC, Ruso, Málaga... Un escaparate y unas colecciones con las que es difícil competir y que han situado la ciudad en un plano cultural difícil de pensar hace un par de décadas. Pero la ansiedad de nuevo mecenas también nos pudo y las pinacotecas dieron paso a museos de todo tipo con proyectos mal enfocados y peor digeridos. La actual comisión sobre el fiasco de Art Natura nos ha recordado que allí se enterraron varios millones de dinero municipal. El coqueto Museo Automovilístico parece que ha encontrado la estabilidad después de varios años derrapando. Y estamos a unos días de que se cumpla el plazo de la estocada dada por la Diputación para que el Centro de Arte de la Tauromaquia se vaya del edificio de la plaza del Siglo con los trastos a otra parte. No todo vale. Y la museítis de nuestras administraciones nos ha llevado a una burbuja cultural que nos ha acabado estallando.

La revista &lsquoLitoral&rsquo celebraba el pasado lunes sus 90 años y nos recordaba que, antes de los museos, Málaga fue la ciudad de la poesía. Y la literatura. Una devoción por las letras que La Noche de los Libros de La Térmica se ha encargado de convertir en un necesario éxito de público. Con una propuesta rompedora y atractiva que permite llevarte un libro a casa con descuento; escuchar a Eskarnia cantar por Gloria Fuertes; acompañar al autor revelación del año, Fernando Aramburu, o presenciar como Michel Houellebecq saca el estilete en directo para diseccionar la sociedad. Todo un espectáculo. Aunque la gran acogida lleva implícita su amenaza. La tercera edición de Málaga 451 casi duplicó sus asistentes hasta llegar el pasado viernes a los 9.000 lectores. El mal tiempo deshizo los planes originales, obligó a un cambio de escenario y una reducción de aforo, lo que provocó más colas de las esperadas. Pero aún así, este feliz evento corre el riesgo de caer fagocitado por una demanda desorbitada. Como la tumultuosa e incómoda Noche en Blanco. Otra burbuja que habría que pinchar.

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