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Enrique Vila-Matas acaba de publicar 'Mac y su contratiempo' (Seix-Barral). :: sur
Enrique Vila-Matas acaba de publicar 'Mac y su contratiempo' (Seix-Barral). :: sur

«La mayoría de los libros más vendidos en España dejan mucho que desear»

  • El autor Enrique Vila-Matas presentará el martes en Málaga su nuevo libro y charlará con José Antonio Garriga Vela en el Aula de Cultura de SUR

Ha dado a la imprenta una de las obras más originales, personales y premiadas de la narrativa en español de las últimas décadas. Libros como juegos de espejos entre la realidad y la ficción, entre la novela y el ensayo. Ahora, Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) dice regresar a los territorios más cercanos a la invención, aunque conviene andar atento entre las páginas de 'Mac y su contratiempo' (Seix-Barral), la novela que le traerá a Málaga el martes (20.30 horas, Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia) para una charla con el escritor José Antonio Garriga Vela, organizada por el Aula de Cultura de SUR, con la colaboración de la Obra Social La Caixa.

-Al final parece Bob Dylan va a recibir el Nobel de Literatura. ¿Ha sido una decepción para usted?

-¿Pero no va a la ceremonia, no? Eso fue cuando cantó Patti Smith, ¿no?

-Sí, pero han comunicado que recibirá el premio en una ceremonia íntima.

-Es que tiene que dar un discurso, creo. Si no, no le pagan. Claro que él cobra mucho más en cualquier actuación nocturna en cualquier lugar del mundo que lo que paga el Nobel por la misma sesión. Lo digo porque puede ser una explicación de que no estuviera claro que fuera a ir.

-El músico sobrevolaba su libro 'Aire de Dylan' y lo ha identificado como el paradigma del artista moderno por la imposibilidad de clasificar su trabajo. En su caso, ni géneros ni estilos sirven para meter en vereda su obra. ¿Cuánto rigor exige esa aparente libertad?

-Hay un lema que tenía Leonardo Da Vinci en el que ayer estuve pensando: 'Ostinato rigore', rigor obstinado. Es una fórmula de trabajo, la única que conozco, en principio: un obstinado rigor en el trabajo. En cuanto a Dylan, es el modelo de artista que me interesa por su osadía a la hora buscar siempre fórmulas nuevas y no quedarse atrancado en lo que ya había conseguido. Lo mismo me pasa con la literatura que trata de arriesgar y de buscar nuevas fórmulas a través de libros que ofrezcan variedades alrededor de una obra que, por otra parte, es muy coherente y no cambia, pese a los cambios que haya en cada libro.

-Justo esa idea de repetición está muy presente en 'Mac y su contratiempo'.

-Te habrás fijado que no se ha hablado mucho de este tema, de la repetición, al menos en la narrativa española. De alguna manera, la gente al principio entendía que yo me repetía y tenía que decir 'No, no, al contrario, en este libro es donde menos me repito'. Todos nos repetimos en la vida, muchísimo, cada día nos repetimos en cosas que hemos hecho y que hemos dicho antes. Pero en el tema de la repetición parte de la idea de que no hay progreso ni cambio en la literatura, sólo hay repetición, porque nunca existió la originalidad, no la podemos alcanzar ni saber en qué consistió. Más bien todo es circulación en el arte, todo es transmisión y repetición de ideas ajenas. Todo eso para decir que el libro es el más original de los que he escrito, pero al mismo tiempo niega la originalidad.

-En su nuevo libro escribe sobre alguien que dice que escribe. ¿Estamos ante una parodia de esa metaliteratura con la que han intentado identificar su obra?

-Bueno... Metaliteratura creo que la hay por completo en este libro. Me he quejado cuando se dice de forma despectiva, porque es una tontería. 'El Quijote' no puede ser más metaliteratura, por lo tanto, si se dice no despectivamente, sino como clasificación, me parece aceptable. Pero no me dedico a hacer una cosa u otra, sino que me dedico a hacer una novela, que es esta. No pretendo ser metaliterario, sino contar una historia y plantear una serie de cuestiones, como en qué cosiste el arte de contar, que es una pregunta que puede parecer banal, pero que aún no hemos sabido resolver. Es un estudio sobre el arte de la ficción y el arte de contar, básicamente.

-¿Y por qué escribe?

-No hay ningún escritor que acabe explicándolo bien. Como todo en la vida, son circunstancias que van llevando a un lugar. Las circunstancias nos van llevando a un sitio que no esperábamos y vamos a parar a trabajos o a lugares que no habíamos previsto. No hay un día en que tú dices 'Voy a ser escritor'. Al principio lo haces porque necesitas hacerlo. Terminado este libro, en el que en una de las últimas páginas hablaba de recuperar lo más familiar a través de un cuaderno que Mac había escrito cuando tenía cinco años, resultó que seis meses después de entregar el libro para publicarlo, en casa de mis padres encontré algo que no recordaba: un cuento que había escrito cuando tenía cinco años. Por lo tanto, empecé a escribir cuentos muchísimo antes de lo que yo pensaba, porque creía que había empezado a los doce. O sea que, terminada la novela y entregada para publicarla, descubrí que había escrito una página en la que contaba lo que luego me ha pasado en la vida real, que tiene mucho que ver con el mismo libro, porque en 'Mac...' el personaje lee la novela del vecino, la modifica y luego sin darse cuenta empieza a vivirla, como si hubiera entrado en la novela sin darse cuenta. Esto es bastante cervantino.

-Eso recuerda a otro libro suyo, 'París no se acaba nunca', cuando ponía en boca de André Gide la idea de que un artista no debía contar su vida como la había vivido, sino vivirla como iba a contarla.

-En este caso, las dos cosas. Porque Mac se da cuenta de que en la novela que escribió el vecino hace 30 años está aquello que al salir a la calle empieza a vivir. Es la parte más difícil de escribir del libro, para que fuera más redondo, matemático, como me dijo una señora en un coloquio en Madrid. Digo matemático, porque aparentemente hay una gran improvisación pero nada es improvisación en el libro. Es el libro en el que más calculado está todo, más ajustado para buscar unos efectos muy concretos.

-Mac parte del hecho físico de escribir para ir viendo qué quiere contar. No parece que haya sido su caso.

-Aun así, empecé a escribir sin saber muy bien qué tema iba a tratar y lo fui descubriendo a medida que iba escribiendo. Una de las circunstancias más elevadas que tiene la escritura es esa. Tú, por ejemplo, escribes un cuento y tienes dos planos: el secreto y el que está en la superficie, lo que cuentas y la historia que está debajo. Hay un momento en el que el plano visible se junta con el plano secreto y ese momento es la clave del cuento y para que eso aflore, has de escribir y encuentras de repente algo que no sabías, que nadie ha escrito antes en realidad. Eso es nuevo y significa la expansión de la conciencia de la literatura, que es lo que intento lograr en mi escritura: expandir la conciencia de lo literario.

La novela y 'Mad men'

-Ha comentado que 'Mac...' representa su regreso a zonas más cercanas a la ficción y que ese impulso le llegó viendo 'Mad men'. ¿Qué percibió en la serie que le llevó a tomar ese camino?

-Estaba viendo la serie y, en definitiva, la historia que me contaba en sí me daba igual, en cambio me gustaba mucho la fuerza que tenía en sí misma no tanto un episodio, como una sola secuencia. Estudiaba que cada secuencia por sí sola tenía validez, sería como libro de cuentos que es una novela también, pero en la que cada cuento vale por sí mismo y esa es la fuerza que tiene este libro, que también es un ensayo sobre la repetición y sobre la diferencia y un diario, por cierto, que no quiere ser novela, pero la novela trata de imponerse sobre el diario de Mac.

-Ante las series de televisión, Internet, las redes sociales... ¿qué lugar le queda a la novela?

-Siempre se va cambiando y al mismo tiempo nada cambia en realidad. A la hora de contar una historia, siempre vale la manera de contarla y de tratar al lector. Eso no va cambiando. Sí que hay una evolución, pero el hecho de que haya tanta competencia para la novela actualmente no significa que no tenga un lugar. A mí me parece fascinante el que tiene. Y es suficiente para mí. Pocos lectores o muchos, pero sería un drama que se perdiera este mundo, porque en la escritura se puede decir todo, mejor que en otros medios y en otros lugares. Y es uno de los grandes aciertos de la humanidad, haber inventado la escritura. Hoy en día está en un segundo plano, o en un quinto plano, pero es un arte que soy de los que trata de conservarlo.

-¿Cree que la novela tiene algo que aprender de las series de televisión?

-No aprendí, sino que observaba como construía esas secuencias, para mantener el interés en lo que estaba pasando en ese mismo momento, no de la historia en general. ¿Aprender de las series? No sé. Creo que es una tontería eso que se dijo sobre que Shakespeare hoy escribiría series. Eso es no saber cómo escribía Shakespeare. Él escribía poesía y teatro y seguiría escribiendo algo parecido. Hubo un mito de las series que acabó también. Se han cargado la gracia que tenían algunas series importantes. Lo único que pasa es que las series han mejorado el cine industrial. Las series sí han sido el lugar donde se ha refugiado la calidad literaria, porque no se puede esperar que el cine de Hollywood ofrezca esas propuestas. También pasa en el mundo industrial de la literatura. La mayoría de los libros más vendidos en España dejan mucho que desear, no tienen nada que ver con la literatura. Sin embargo, también viene muy bien que sea así, porque queda un refugio para otro tipo de literatura, de la que mantiene la tradición de lo que fue siempre la literatura, que permanece porque hay una serie de escritores trabajando en su conservación.

-Y en esa labor, ¿qué papel juega el azar? Ha contado que una de las frases más rotundas de las primeras páginas del libro ('Escribir es dejar de ser escritor') fue fruto de un equívoco de un traductor.

-Tradujo mal, pero tradujo la idea, que era lo importante.

-Entonces el azar sí que está presente en el proceso creativo.

-Muchísimo. En una falta ortográfica, por ejemplo. A mí me ha pasado siempre, desde que empecé a escribir. Te equivocas en una letra, cuando tenía la máquina Olivetti, pones una palabra y te sale una palabra distinta y esa palabra distinta va a una idea mejor en la frase y eso llevaba el libro hasta otro lado. Sí que interviene el azar, claro, aunque no soy un escritor del azar como Paul Auster, por ejemplo. Yo no voy por ahí. Soy constructor de maquinarias que lleven a historias que quiero contar.

-La frase anterior también alude a las intensas agendas de algunos escritores. ¿La vida social es enemiga de la creación?

-Es que... A ver. Hay mucha gente que piensa que es escritor porque publica libros y no tiene nada que ver. Por poner un ejemplo, es algo que decía Pepe Bergamín. Decía 'Una cosa es el toreo y otra ser torero. El toreo está al alcance de todo el mundo. Puedes practicar el toreo y se aprende. Otra cosa es ser torero. Eso está reservado sólo a los dioses'. Más o menos eso es lo que decía Bergamín. Hay algunos que se llaman toreros, pero realmente no lo son en el sentido sagrado del término.

-Eso recuerda a lo que dicen que dijo Belmonte cuando le preguntaron una vez por qué se arrimaba tanto al toro y respondió: 'Porque me olvido de que tengo cuerpo'.

-Por ahí va, sí. Es algo muy sutil, pero es así.