Diario Sur

Jia Aili: el apocalipsis en Tierra Santa

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Las escenas apocalípticas marcan la pauta. / Fernando González

  • El artista chino reúne su trabajo en el CAC Málaga y se felicita por exponer su obra en la ciudad natal de Picasso

Delante de las pinturas de Jia Aili, de sus paisajes desolados bajo un cielo de rayos y nubes negras; de las naves varadas en el suelo y los androides de ojos huecos; delante de las construcciones siderales y el inmenso vacío de los astronautas, el espectador que haya visto algunas películas o se haya asomado a algunos libros podría evocar a Philip K. Dirk, J. G. Ballard y Thomas Pynchon, sin olvidar a Stanley Kubrick, David Lynch e incluso cierto Andrei Tarkovsky en pantalla grande. Y sin embargo, cuando se le pregunta al artista chino por sus principales influencias, dice que 'Cien años de soledad', la novela del colombiano Gabriel García Márquez convertida en emblema del realismo mágico.

Y la respuesta produce casi la misma extrañeza que las escenas de sus obras. Y sucede lo mismo en ambos casos: a la incredulidad le sigue la identificación. Incluso, una leve sonrisa. Porque Jia Aili presenta escenas apocalípticas surcadas por personajes solitarios en medio de un páramo desolador y hermoso. Una distopía que parece a punto de estallar en cada telediario.

Jia Aili presenta sus paisajes del fin del mundo en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (CAC Málaga). Y sus primeras palabras también movían a la sonrisa cómplice. «Para todos los artistas, sobre todo los pintores y los escultores, poder exponer en Málaga es un gran honor, porque es donde nació Picasso y es como la Tierra Santa de todos los artistas», concedía Aili (Dandong, Lianoning, 1979) en la presentación de la muestra que reúne hasta el 18 de junio una selección de su obra.

«Esta exposición engloba obras de los últimos diez años. Hace diez años estaba dando clases en la universidad, pero decidí ser un artista libre y desde entonces me he mantenido en esa actividad», ofrecía Aili. Pero, ¿cómo se puede ser libre en el gigante asiático, sometido a un régimen político poco amigo del libre albedrío. Aili respondía con la alusión a su propio trabajo: «Creo que soy totalmente libre, no represento a ningún colectivo ni a ningún grupo de personas. Lo que hago es lo que siento, mi creación es personal y creo que esa es la única forma de poder crear con autenticidad».

«Las obras representan una visión personal de lo que es China y de lo que es un arista libre (.) No puedo decir que mi obra es la mejor hoy en China, pero creo que es la más sincera y espero que le pueda gustar al público de Málaga en esta tierra santa de los artistas», apostillaba Aili, el tercer artista chino que presenta su trabajo en el CAC Málaga tras las exposiciones dedicadas a Yan Pei-Ming y Ai Wei Wei.

Una senda recordada ayer por el director del espacio de titularidad municipal, Fernando Francés, quien además establecía vasos comunicantes entre los tres autores: «Jia Aili nos conecta con Yan Pei-Ming y Ai Wei Wei a través de la preocupación por las consecuencias de la política y de la situación de su país como referente del capitalismo dentro del comunismo».

Francés destacó además que la selección de 28 pinturas reunida en el CAC Málaga procede «de más de 50 colecciones internacionales y de más de 30 ciudades de todo el mundo». Una notable labor logística para mostrar al «máximo representante de la nuevas generaciones de artistas chinos», según Francés.

Una mirada pesimista

A la hora de presentar la obra de Jia Aili, Francés echó mano de «principios recurrentes» en la obra del artista chino «como la conexión con la pintura figurativa tradicional y el desarraigo de la realidad cotidiana que se vive en China». Elementos combinados con el «pesimismo frente a los avances tecnológicos que nos pueden llevar a la destrucción no sólo física, sino también moral manifestadas en sus continuas referencias a la bomba atómica», como detalló Francés.

La soledad de personajes («como representante de la primera generación de la política del hijo único», acotó Francés) que parecen perdidos se combina con unos «paisajes apocalípticos» que inciden en la impresión de extrañamiento y desarraigo. Constantes que Francés vinculó al lugar de procedencia de Jia Aili: una región fronteriza entre China, Corea y Japón, sacudida de manera reincidente por las luchas territoriales en esa zona del globo.

Y surge aquí, como si se cerrara un círculo, dos de las pautas que ha mantenido el CAC Málaga a lo largo y ancho de su programación: la reivindicación de la pintura en la escena del arte contemporáneo y la noción de frontera. También, con otros mundos.