Diario Sur

Las afinidades electivas del genio

‘Página de croquis...’ (1945) de Picasso.
‘Página de croquis...’ (1945) de Picasso. / Fernando González
  • ‘Junto al aura de Picasso’ vincula la obra del malagueño con la de autores con los que tuvo sintonía, como Tàpies, Julio González y Miró

Walter Benjamin recuperó un término del latín para referirse al poder de fascinación que emana de algunas obras de arte. Habló del ‘aura’. Y a partir de esa idea, el recordado profesor Juan Antonio Ramírez dio a la imprenta su libro ‘El objeto y el aura’ (Akal), donde recuerda la metáfora con la que Bertolt Brecht ilustró la sugerencia de Benjamin: «Cuando sentimos que se nos dirige una mirada, aunque sea a nuestras espaldas, la devolvemos. La expectación de que lo que miramos nos mire a nosotros procura el aura...». Y cuesta poco identificar ese poder, ese aura, con la obra de Pablo Ruiz Picasso.

Picasso como tótem cuya sombra se proyecta sobre todo el arte español del siglo XX. «Picasso apaga todo lo que tenía a su lado», resumía ayer el catedrático Eugenio Carmona, comisario de la muestra ‘Junto al aura de Picasso’ que complementa el discurso de ‘Arte recuperado (1916-1957)’, también diseñada por Carmona, para tender puentes entre las obras del malagueño atesoradas en su Casa Natal y los fondos de la Asociación Arte Contemporáneo.

El principio rector del proyecto es tan sencillo como peliagudo: las afinidades de Picasso con algunos de sus compatriotas y contemporáneos. Y el resultado en la sala de exposiciones situada en la planta baja de la Casa Natal es revelador. Deslumbrante por momentos. Ahí están las figuras enigmáticas de Óscar Domínguez en ‘Dos pájaros’ (1947) conviviendo con ‘Personaje’ y ‘Hojas’ (1949) del malagueño. O el encuentro entre la ‘Figura estilizada’ (1948) picassiana y la pieza sin título de Luis Fernández que abre el paseo.

Se cruza Picasso con Tàpies en su ‘Paisatge vermell [Paisaje rojo]’ (1953) enfrentado a ‘Página de croquis (Cabezas de niños y caballos)’ (1945) capaz de condensar buena parte del imaginario personal del malagueño.

Aunque ‘Junto al aura de Picasso’ despunta con especial brillantez en el juego de espejos sugerido entre las ‘Piedras ambulantes’ (1930) de José Moreno Villa, las ‘Tres figuras’ (1933) de Benjamín Palencia y el ‘Cazador de raíces’ (1960-62) de Alberto Sánchez con las ‘Dos mujeres desnudas’ (1946) de Picasso.

Obras sobre papel

Y otra mirada detenida en los vasos comunicantes abiertos entre los estudios de Salvador Dalí para su ‘Premonición de la Guerra Civil’, los dibujos de Julio González, la silueta dentada trazada por Joan Miró en 1930 y algunas piezas sobre papel de Picasso.

«Una buena exposición en España sobre la relación entre el arte nuevo español y Picasso está todavía por hacer», sentenciaba Carmona.

Quien se anime, aquí tiene un hermoso punto de partida.